La era Friends

[El 22 de septiembre de 1994 se emitía en Estados Unidos el primer episodio de Friends, “The One Where Monica Gets a Roommate”. Hoy, 22 de septiembre de 2014, marca el 20º aniversario de esta fecha tan importante para la historia de la televisión. Hace dos décadas que se inició La era Friends, y para celebrarlo, recupero este homenaje en forma de texto a la serie. Happy Friends’ 20th!]

Últimamente, ya sea para hablar de evolución del género o para hallar el origen de algunas de las más recientes comedias televisivas, me ha sido imposible evitar un referente imprescindible: Friends. La sitcom, emitida con fulgurante éxito desde 1994 a 2004 en NBC, transciende fácilmente la categoría de clásico. Es una de las piedras de toque más reconocidas y uno de los productos más universales y traducidos -porque es uno de los más traducibles- de la televisión norteamericana. Pero sobre todo, Friends es uno de los elementos indispensables a la hora de entender el comportamiento social de toda una generación. La serie creada por David Crane y Marta Kauffman partía de una premisa tan simple y genérica que desde los despachos de Warner Bros nadie se esperaba el fenómeno social y cultural en el que se acabó convirtiendo: seis amigos veinteañeros que comparten sueños, aspiraciones y ‘dolores de crecer’ en la Nueva York saneada de Rudolph Giuliani. Se llegaron a considerar títulos como Across the Hall, Insomnia Cafe o Six of One -este último estuvo a punto de salir adelante-, pero finalmente se optó por el simplista pero premonitorio Friends –originalmente Friends Like Us. Esa sencilla palabra adquiría así, durante los primeros años de emisión de la serie, un nuevo significado cultural que a día de hoy aún conserva.

Según los innumerables textos escritos al respecto, el apabullante éxito de Friends en todo el mundo se debía a la universalidad de sus situaciones y a lo enormemente fácil que era identificarse con sus seis protagonistas, interpretados por seis jóvenes actores que suponían uno de los mayores aciertos de casting que se recuerdan. Sin embargo, más que la identificación, lo que Friends logró fue potenciar la ensoñación de millones de ‘extranjeros’, que deseaban -deseábamos- con todas sus fuerzas verse reflejados en Monica, Chandler, Rachel, Phoebe, Ross y Joey -un episodio de la británica Skins refleja esta idea con acierto y mucha gracia. En este sentido, Friends nos imprimió a fuego el sueño de Nueva York, nos hizo buscar -casi obsesivamente- el ‘factor Friends‘ en nuestras aburridas vidas. De repente, en nuestros planes de futuro era imprescindible compartir piso, y a poder ser, tener como vecinos de enfrente a nuestros mejores amigos. Como ocurría con Los Simpson, otro producto al que la etiqueta de ‘clásico’ le queda pequeña, cualquier situación cotidiana tenía su referente en Friends. Y era tanto porque Friends hablaba de nosotros como porque nosotros nos empeñábamos en que así fuera.

Algo que benefició indudablemente al éxito de la serie fue la complicidad y el compañerismo entre los seis actores que interpretaban a los protagonistas. Exceptuando los -débiles- rumores de rivalidad entre Jennifer Aniston y Courteney Cox, Friends se mantuvo ajena a polémicas fuera de plató durante su década en antena. Desde un primer momento, los seis actores idearon un pacto para cubrirse las espaldas mientras durase la serie. Ninguno podía cobrar más que los otros, y los acuerdos se firmaban entre los seis. Allá por la sexta temporada de la serie, las batallas por los contratos adquirieron más repercusión mediática, y los seis actores empezaban a cobrar un millón de dólares por episodio. A pesar del desgaste progresivo -y lógico- a medida que la serie sumaba temporadas -de hecho, la serie empezaba su declive en la sexta temporada, tras la primera gran negociación-, el oro verde acababa convenciendo a todos para que pospusieran sus sueños de celuloide -o sus jubilaciones anticipadas. Por mucho que el dinero estuviese a punto de empañar la relación de la serie con su entregada audiencia, Friends continuó satisfaciendo a un público que se negaba a despedirse de sus amigos catódicos.

La serie sufrió importantes transformaciones a lo largo de sus años de emisión. Sus primeras temporadas -aún en ‘los segundos 80’ que fue la primera mitad de los 90- se adscribían a la categoría de ‘sitcom inteligente’ que habían cultivado comedias precedentes y contemporáneas como CheersFraiser o Loco por ti -con la que incluso Friends mantenía una trama-crossover que involucraba a las hermanas Buffay-, pero añadían un componente fresco y cosmopolita -de pega, por supuesto-, que la situaba rápidamente como precursora de un subgénero ya de sobra arraigado: la comedia sobre amigos en la gran ciudad. A medida que los años pasaban, el humor blanco de Friends iba incorporando más dosis de sexo, a la vez que involucraba sentimentalmente a sus protagonistas. Para muchos, la serie desvirtuaba así su esencia, llevando incluso a hablar de Couples como un título más apropiado. Pero nada de esto acabó cuajando, porque Friends seguía haciéndonos reír a carcajadas, y porque al final, se nos siguió hablando hasta el último momento de una amistad sin fisuras que se anteponía al amor romántico. Monica y Chandler se convertían en pareja, haciendo entrar a la serie en terreno pantanoso -ya teníamos una pareja en la serie y no necesitábamos otra-, sin embargo, la pareja nos explicaba al final de la sexta temporada cuál era la fuerza que bombeaba el amor que sentían el uno por el otro: Monica y Chandler -Mondler- eran, ante todo, mejores amigos.

¿Cuándo saltó Friends el tiburón? Pues sería muy fácil identificar ese momento con la infame trama en la que Monica cree que Chandler se excita con los documentales de tiburones -¿chiste obvio o caída libre sin paracaídas? Sin embargo, muchos coinciden en señalar el declive de Friends cuando la serie no fue capaz de mantener la delicada armonía entre amor y amistad de la que hablábamos, y se le ocurrió emparejar a Rachel y Joey. No duró muchos episodios -la respuesta negativa de la audiencia obligó a los productores a dar fin a esa relación- pero fue suficiente para que nos diéramos cuenta de que la serie se estaba agotando. Las temporadas octava y novena transcurrieron dando palos de ciego y, aunque nuestra adicción nos decía que era preferible tener más Friends –aunque fuera de menor calidad- que dejarlos marchar, el “fin de una era” había llegado tres o cuatro años antes del verdadero final de la serie.

Sin embargo, Friends recuperó gran parte del lustre para su décima entrega. Dejando atrás los errores de anteriores temporadas, la serie exploraba relaciones que sí nos apetecían, como la de Phoebe con Mike (Paul Rudd), y hacía evolucionar la de Chandler y Monica hacia terrenos más dramáticos -la esterilidad de Monica-, dando como resultado una temporada tremendamente agridulce -al fin y al cabo, sabíamos que era la última-, y sorprendentemente satisfactoria -menos mal. Mientras esto ocurría, Ross y Rachel seguían con su tira y afloja que ya duraba siete años: se separaron al final de la tercera temporada, y desde entonces Friends jugó a acercarlos y distanciarlos, reservándose el final feliz para el último episodio. Esto fue en cierto modo lo que aguó la conclusión de la serie, que giró en torno a la gran pregunta “¿volverán Ross y Rachel?” -aún sabiendo cuál era la respuesta. Por suerte, la escena final de Friends no tenía que ver con la pareja, sino con la amistad de los seis protagonistas. Friends nos golpeaba a todos sin piedad con la imagen de un piso vacío y seis amigos que dejaban sobre la repisa la llave de una puerta que en realidad nunca habían necesitado, porque siempre había estado abierta para ellos. Esas seis llaves nos indicaban que había llegado el momento de volver a la realidad de nuestras vidas. Para muchos, aceptar el final de Friends fue tan duro como asumir que una etapa vital concluía y se nos obligaba a entrar en otra.

Las interminables reposiciones de la serie nos devuelven constantemente a la señorita Cherendler Bong, el numerito de Nochevieja de Ross y Monica, el “estábamos tomándonos un descanso”, los tazones de café de litro y medio del Central Perk, al vecino macizo que se convirtió en el vecino gordo desnudo de la noche a la mañana, y tantísimos otros instantes que ingresaron en la cultura popular y se han convertido en chistes recurrentes para toda una generación. Seguimos teniendo a nuestra disposición esos modelos de comportamiento que hace unos años nos ayudaban a definirnos -yo era una mezcla entre Chandler y Monica, ¿y vosotros?-, aunque ya haga tiempo que no los necesitemos. A día de hoy, se sigue -erróneamente- buscando sustituta de algo que no acepta reemplazos, sino solo sucedáneos. En los últimos años nos hemos encontrado con productos que recurren a Friends para construir la base de sus discursos, reconociendo la serie como influencia explícitamente –Community-, o de manera indirecta –Girls, Don’t Trust the B—- in Apartment 23. Otras series, como Happy Endings o Cómo conocí a vuestra madre han trasladado con mayor o menor acierto -y de manera más literal- la premisa de Friends a un modo de hacer televisión más contemporáneo. Sin embargo, ha quedado demostrado con creces que no es posible traducir el fenómeno a la televisión actual. Porque ellos no saben que sabemos que saben que lo sabemos: Friends es intocable.

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Comentarios (13)

 

  1. Patricia Scully dice:

    Te quiero.

    Nada más que decir, gracias.

  2. javierpmar dice:

    Me dio más pena el último episodio de Friends que lo nuestro.

  3. Antara dice:

    Me han dado ganas de llorar. Eso por lo de Friends. Por tu forma de escribir estoy cada vez más encantada. 🙂

  4. Neus dice:

    Me ha encantado el texto! Tanto que he llorado y todo recordando el final de Friends, con el cual lloro cada vez que lo veo.
    te comparto en facebook y twiter, que mis amigos adictos a Friends también puedan leerlo.

  5. fran dice:

    muy buen artículo!!! una gran serie que sigue siendo indispensable día a día

  6. konine dice:

    Olvidas a SEINFELD ??? Hablar de Friends como la iniciadora o precursora de sitcoms sin olvidar esta entre otras que no has mencionado.

    Por cierto, friends es un pastel, pastelazo y aburrido, con determinados momentos de autentico humor

  7. Virginia Gilmore dice:

    Que gran verdad el final del artículo!! Compartido queda 🙂

  8. fon_lost dice:

    AMOR de entrada y AMOR de serie. Poco más que añadir. 🙂

  9. Rick H. dice:

    Las tres grandes series de los 90 fueron Seinfeld, Frasier y Friends. Especialmente las dos primeras que para mí son soberbias, con un humor fino y que apela al ingenio en lugar de la vulgaridad para arrancarnos sonrisas y carcajadas.

  10. Rick H. dice:

    Me olvidaba de otra buena serie de los 90: “Mad about you”, creo que la olvidé porque esta serie me encantaba cuando la vi por primera vez pero luego ya no cuando la vi en las reposiciones y ahora me pregunto qué le veía. Algo muy diferente a lo que me pasa con las otras tres.

    Como dato curioso, Mad about you tuvo crossovers tanto en Seinfeld como en Friends.

  11. bertoff dice:

    Yo siempre he sido el rarito que ninca ha visto FRIENDS a pesar dr haber presenciado miles de tardes con mis amigos en plan “y os avordáis de cuando Joey hizo tal..?”etc… mientras yo ponía mi mejor cara de poker…

  12. DiegMaister dice:

    Bravo, Me he emocioado!
    Yo crecí viendo esta serie, con las canciones de Phoebe, o emulando el “Numerito”.
    Sólo te ha faltado terminar con un: ¡Oh dios mioooo!

  13. lolitadekubrick dice:

    Amén. Yo te soy una mezcla de Mónica y chandler (por eso creo que adoro a esa pareja juntos son yo). aderezada con un toque de Phoebe quizás. 😉

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