Antología Mad Men: “Far Away Places” (5.06)

En su excelente artículo “Did The Sopranos do more harm than good?: HBO and the decline of the episode“, Ryan McGee expone las diferencias entre ‘episodio’ y ‘entrega’ (instalment –no usamos la palabra ‘capítulo’ porque, a pesar de ser apropiada, se usa como sinónimo de ‘episodio’ en el ámbito televisivo) para explicar el modelo narrativo representativo de la quality television que HBO ha impuesto durante la última década, y por qué esto ha viciado la mirada del espectador. Reservando para otro momento mi opinión al respecto, me quedaré con su definición de ambos términos: “Un episodio funciona por sí mismo como unidad de entretenimiento, ya que posee un flujo narrativo que puede disfrutarse independientemente. Una ‘entrega’ está al servicio de la trama general de una temporada, y no está interesada en lograr nada concreto mientras dura”.

HBO ha hecho de las ‘entregas’ la norma en sus dramas actuales. Juego de tronos o True Blood -ambas basadas en sagas literarias- presentan esa estructura novelesca que facilita la entrega semanal de capítulos de un libro a un espectador que no obtendrá una visión completa hasta que acabe la temporada. Esto provocará que muchos capítulos dejen al espectador con la sensación de no haber avanzado, de haber asistido a 50 minutos de transición que, por muy imprescindibles que sean para la historia general, fallan como producto televisivo de periodicidad semanal. La cadena AMC toma el modelo por ‘entregas’ y lo fusiona convenientemente con contenidos altamente episódicos. Sus prestigiosos dramas Breaking Bad y Mad Men se pueden disfrutar semana a semana como textos relativamente cerrados, de los que se pueden sacar conclusiones -que probablemente cambiarán más adelante, por supuesto- y extraer motivos concretos. A su vez, estos ‘episodios’ siempre funcionarán como piezas imprescindibles de un macro-relato que se irá desgranando a lo largo de las semanas.

En Mad Men hay una innegable influencia de la literatura, pero es un producto mucho más -tradicionalmente- televisivo de lo que parece a primera vista. En ella no observamos la suspensión del relato que lastra a Juego de tronos, desapareciendo así la sensación de estar viendo una historia cortada en trozos de manera casi arbitraria. Sobre todo en sus dos últimas temporadas, Matthew Weiner construye para cada episodio historias susceptibles de análisis como piezas conclusivas, que a su vez adquirirán sentido más completo una vez recibidas todas las entregas. La primera mitad de la presente temporada no solo ha explotado el modelo de episodio centrado en uno o dos personajes -no es algo nuevo en Mad Men, pero se está recurriendo más a él este año-, sino que ha llevado un paso más allá el carácter puramente episódico de la serie. El ejemplo más claro es el capítulo de esta semana.

“Far Away Places” se divide en tres partes, tres historias simultáneas protagonizadas por Peggy Olson, Roger Sterling y Don Draper. Dejando a un lado la fragmentación habitual que ocasionan las tramas entrelazadas, este episodio nos conduce sin interrupciones a lo largo de tres breves incursiones en las mentes de estos personajes. Las historias de Roger y Don tienen lugar lejos de la oficina, mientras que la de Peggy se centra inevitablemente en la crisis existencial que le provoca su trayectoria en SCDP. Al igual que Pete en el episodio anterior, Peggy tiene problemas ajustándose al papel que se ha empeñado en adoptar. Su indiscreción en el cine puede verse como un acto liberador, pero es todo lo contrario: Peggy también huye de su vida por la senda de Don Draper. Una conversación con Ginsberg -de espaldas a ella, reflejado en una ventana-, un ser mucho más extraño que ella, le devuelve a casa. “I always need you”, le dice a su novio después de darse cuenta de que ella no es de Marte.

Por otro lado, Roger y su mujer, Jane, acuden a una cena con unos amigos de ella. La velada se transforma en un viaje psicotrópico -toman LSD en grupo- hacia lo más profundo de la mente de Roger, que llega a la conclusión de que ya es hora de poner fin a lo que no funciona desde hace más tiempo del que recuerda: su matrimonio. Por último, Don lleva a Megan a pasar un día en Howard Johnsons -famosa cadena de restaurantes y hoteles en auge en los 60-, a pesar de la reticencia de ella, que prefiere quedarse en SCDP para asistir a una importante presentación. No es justo que a él se le permita gustarle su trabajo y a ella no. Una brutal discusión entre ambos desvela de nuevo las motivaciones de los personajes: Megan no quiere ser ama de casa -ese restaurante familiar es para ella “una parada en el camino hacia un destino final”-, ni “la mujer del jefe”. Don necesita una nueva Betty.

Los paralelismos entre las tres historias no son solo formales -el reflejo de Michael y Roger; Don y Megan/Roger y Jane tumbados en el suelo. “Far Away Places” nos habla de tres personajes que, frente a las verdades que están provocando su desdicha, deciden mirar directamente o apartar la cara. Mientras Peggy y Roger han asumido el cambio necesario -“I have an announcement to make! It’s going to be a beautiful day!” exclama un liberado Roger a la mañana siguiente-, Don aún no ha decidido si hacer algo con respecto a Megan -ya sea en el trabajo o en casa- o seguir con la farsa.

“Far Away Places” confirma la idea de que estamos ante una temporada de Mad Men en la que las rupturas se están convirtiendo en lo normal. La temporada comenzaba con un número musical, y en estas seis semanas hemos asistido a una alucinación en la que Don se convertía en un personaje de Bret Easton Ellis -hay una réplica de aquel momento en este episodio, con un enloquecido Don persiguiendo a Megan por el apartamento- y a una pelea a puñetazos entre Pete y Lane. “Far Away Places” sigue explorando este terreno en cada uno de sus tres segmentos, incorporando momentos de suma violencia -sexual, visual, física- en un relato cuya intensidad se había buscado hasta ahora por otros medios. De esta manera, la serie está generando, más que nunca, el clásico ‘debate del día siguiente’ que caracterizó a la ficción televisiva hace una década. Mad Men deja de ser “la gran novela americana” para convertirse esta semana en un libro de relatos cortos que sigue explorando la acertada hibridación de ‘episodio’ y ‘entrega’ a la que nos tiene acostumbrados la serie. Y es así como Mad Men pasa a ser un producto esencialmente televisivo.

 

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