El viento en los sauces: Mad Men, “Signal 30” (5.05)

Es raro, pero en “Signal 30” los protagonistas absolutos son los hombres. Hombres infelices, hombres desubicados, hombres derrotados. Pete Campbell se crió en Manhattan -donde no se necesita el carnet de conducir-, pero no sabe cómo ser un hombre de ciudad. Y por mucho que se esfuerce, tampoco sabe cómo ser un hombre de campo. Pete tiene miedo de no ser capaz de llenar los zapatos del hombre que cree que debe ser. Esos zapatos que tan bien le quedan a Don Draper. El grifo del fregadero gotea, y Pete adopta su papel de hombre de la casa, saca su caja de herramientas, estudia la situación e intenta arreglarlo. Al día siguiente, el grifo estalla y el agua sale a presión. Don, que por fin ha aceptado la invitación a cenar de los Campbell, se quita la camisa y arregla el desagüe sin apenas pestañear. A continuación, las mujeres que asisten a la cena aplauden la hazaña. Es un anuncio de Coca Cola Light. Y por mucho que sea uno de esos hombres que “aparentan ser menos fuertes de lo que en realidad son”, Pete nunca podría protagonizar un anuncio de Coca Cola Light.

En la oficina, Pete sigue tratando a Roger con la mayor de las condescendencias -“te invito a la cena, no a la boda”-, pero Roger mantiene la calma. Se ha retirado de la competición para adoptar el papel de sabio y mentor en SCDP. Pete se queda solo, consigo mismo. No es que alguna vez haya tenido a alguien de su parte -en SCDP todos darían lo que fuera por darle un buen puñetazo-, pero ahora ni siquiera él mismo sabe si está de su parte. En casa, Pete es un auténtico Stepford Husband. Fuera de ella, se está perdiendo en los callejones de Manhattan que tan bien conoce Don Draper. En el burdel, Pete revela -como si hiciera falta- la verdadera fuerza que le mueve. Su fantasía va mucho más allá de la de ‘simplemente’ ser Don Draper. Él quiere ser el rey de SCDP. El rey de la ciudad. En las anteriores temporadas de Mad Men, la pregunta principal era “¿Quién es Don Draper?” Con Don supuestamente feliz, cabe preguntarse “¿Quién es Pete Campbell?”

Si Don invita a Pete a una cena en casa, Pete dirá que sí sin ni siquiera mirar la agenda. Para que Don acepte una invitación hecha hace años, es la persuasión de Trudy Campbell -la misma que está convenciendo a Pete de que debe ser un hombre que no quiere ser-, la que arrastra a Don y Megan a pasar una velada en el campo. Uno de los temas que surgen durante la cena es la masacre en Texas, una semana después de los macabros acontecimientos en Chicago que recoge “Mystery Date”. Weiner continúa explorando la inestabilidad de una sociedad que a medida que se libera de sus cadenas, se hace esclava del terror. El miedo que caracteriza a la sociedad actual -miedo al vecino, miedo a lo exógeno- parece tener su origen, según Weiner, en la década de los 60. De hecho, el miedo se convierte en elemento indispensable del aprendizaje -“Signal 30” es el título de un vídeo de tráfico que muestra horribles accidentes para advertir al futuro conductor. Sin embargo, Don Draper no siente ese miedo. Megan Draper tampoco. Ahí radica quizá la principal diferencia entre el campo y la ciudad. Trudy Campbell reacciona ante la masacre de Texas con el deseo de guardar un arma en casa. Don y Megan le restan importancia. Como a todo lo que no son ellos mismos: ninguno se acuerda del nombre de la mujer de Ken, por ejemplo. Su despreocupación es casual, es moderna, es urbanita. Sirve de distracción de lo que son en realidad. Tienen la clase que otros buscan, y para los Draper eso es algo natural.

Sin embargo, Don sigue escondiendo su miedo debajo de la cama. En teoría, es un hombre nuevo. Pero su recién estrenada estabilidad es demasiado frágil. Por un lado está Megan, a quien volvemos a ver sentada en el asiento de Don, encerrada en el despacho de su marido en SCDP -después nos vuelve a recordar que ese es el futuro que desea para ella. Don le dice a un Pete -abatido, irascible y confuso después de su experiencia en el burdel- que si hubiera conocido a Megan antes, no habría cometido los mismos errores que con Betty. Don deposita toda su estabilidad en Megan, sin dejar de sentir miedo de sí mismo. Y sin saber que apoyarse de esa manera en su mujer es cruzar el alambre sin red de seguridad. Don quiere una segunda oportunidad para ser el maniquí perfectamente vestido que su mujer puede colocar en su escaparate suburbano. Quiere un hijo con Megan. Pero ella le dice que eso es “imposible”. ¿Queremos ver a un Don con el corazón roto? Puede ser interesante. Aunque probablemente sea más bien insoportable. Y ese miedo a la recaída, por muy velado que sea, es el otro elemento que nos muestra la extrema fragilidad de este hombre de anuncio. En la cena, Cynthia Cosgrove se equivoca al decir el nombre del asesino de Texas: “Charles Whitmore”. Don se apresura a corregirle: “Whitman”. Don era, y -como su miedo nos indica- quizás sigue siendo, Dick Whitman. Su reacción es instintiva. Que nadie se confunda, Whitman es un monstruo -aunque Megan se encargue de humanizarlo-, y Don quiere convencernos de que ya no es ese monstruo. Aunque él no esté tan seguro.

“Signal 30” insiste continuamente en el descontento de estos hombres de ciudad. Cynthia y Ken regresan a Queens, donde él vive el caso opuesto a sus dos colegas: es su trabajo lo que le obliga a ser quien no quiere ser, y su mujer la que le inspira a ser quien es en realidad: Ben Hargrove. Lane Pryce quiere ser neoyorquino, pero su esposa se empeña en recordarle que es un inmigrante. También quiere ser un ad man, pero todo el mundo a su alrededor desconfía de sus capacidades. Pete no tiene nada. Y Don dice “voy a cerrar los ojos, y cuando los abra, quiero ver rascacielos”. Es en la ciudad donde estos hombres pueden ser ellos, el lugar donde aprender que los accidentes de tráfico o los locos homicidas no son razón suficiente para refugiarse en el campo. Y lo es porque la ciudad es el mejor escondite para ellos.

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Comentarios (2)

 

  1. Alicia dice:

    Jamás habría imaginado una review del episodio sin tocar la pelea 🙂

    Pete está en uno de sus momentos más bajos. No voy a decir que ha tocado fondo porque estoy segura de que todavía puede caer mucho más, pero hasta ahora no había estado en una situación peor, y se nota demasiado lo que es, sí, pero a nosotros nunca ha intentado engañarnos. Pete siempre ha querido ser lo que no es, básicamente quiere ser Don porque es su ejemplo, pero quiere ser un típico hombre americano, que trabaja en la ciudad, vive en el campo, es el hombre de su casa y tiene éxito en el trabajo. Y él nunca lo ha sido, pero lo que he admirado siempre de él es que no ha parado de intentarlo (a veces lloriqueando, pero siempre lo ha intentado). Trudy es inevitablemente igual, ambos quieren una vida que no les es fácil conseguir y que no les sale naturalmente.
    Pete incluso está incómodo cada vez que consigue algo de esta vida que no es natural en él, como la casa en el campo, pero es la meta que se ha propuesto y prefiere vivir una vida de trabajo e incomodidades que relajarse y vivir como le sale naturalmente, que no es como él se había imaginado. Sigo admirándole a pesar de todo.

  2. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    Roger (John Slattery) también adopta el papel de director en este capítulo. Y me pregunto si tendrá algo que ver con el novatísimo montaje, que parece hecho por un niño con ganas de hacer transiciones “guapas”. Me chirrió bastante.

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