Scandal: Shonda Rhimes juega a ser Sorkin

La creadora de Anatomía de Grey es una de las productoras televisivas más obstinadas e incansables del medio. Tras su longevo éxito en ABC, Shonda ha creado un spin-off de su serie estrella (Private Practice), ha impulsado un Anatomía de Grey en el espacio (Defying Gravity) y ha producido un Anatomía de Grey en la jungla (Off the Map). La clonación se ha convertido así en la principal herramienta y seña de identidad de Rhimes, que ahora nos trae una serie sobre abogados: Scandal. A primera vista, la autora parece haber pulido su estilo -manque nos pese, hay uno, y además muy definido-, aspirando con esta nueva serie a abandonar la etiqueta de fabricadora de placeres culpables. Para lograrlo, “Sweet Baby”, el piloto de Scandal, comienza adentrándose en territorio Sorkin. Mal empezamos. Rhimes triplica la media de palabras por segundo en los diálogos y persigue a sus protagonistas asumiendo que todo lo que sale por esas elocuentes boquitas nos va a interesar. Sin embargo, Shonda no es Sorkin. Es más, Shonda ni siquiera es Amy Sherman-Palladino. Los diálogos en Scandal no son buenos, solo son rápidos.

A pesar de esos diez primeros minutos en los que Rhimes se crece y se considera capaz de crear algo que impacte y perdure, nos acabamos adentrando irremediablemente en terreno Grey’s. No nos engañan las transiciones epilépticas, ni los planos y encuadres aberrantes -recursos de principiante-, Scandal es la cuarta Anatomía de Grey de la autora. Lo confirma un personaje, Huck (Guillermo Díaz), dándonos la clave de la serie, y de toda la obra de Rhimes: “We all have a story. Everyone in this office needs fixing”. La idea es sencilla: los personajes están demasiado ocupados solucionando las vidas de los demás como para ponerse a solucionar las suyas. Sí, tal y como suena, la idea está muy gastada.

Estamos en Washington, como lo edificios emblemáticos de la ciudad hechos con cartulina nos indican. Scandal se ambienta en una oficina de abogados que “no es un bufete”, una casa de locos capitaneada por Olivia Pope (Kerry Washington), la mujer a la que llamar para solucionar los problemas más imposibles. La súper-abogada tiene a su servicio un puñado de esclavos a los que ha lavado el cerebro -la palabra clave es “gladiadores en traje”, perdonad si me río muy fuerte. No deja de resultar gracioso que estos personajes no paren de hablar en ningún momento, cuando todos tienen la lengua atascada en el culo de la protagonista. Como era de esperar, Rhimes se empeña desde el primer momento en caracterizar fuertemente a todos sus personajes, reforzando la coralidad de la serie a pesar de la omnipresente Olivia. La productora firma un guión ambicioso que comienza como proyecto de cambio y acaba sucumbiendo a los vicios de siempre.

Relacionando directamente a la protagonista con las altas esferas de poder, Scandal nos lleva al Despacho Oval de la Casa Blanca, en el que descubrimos que Olivia está liada con el presidente de los Estados Unidos -un Bill Clinton redux que besa a su amante junto a la ventana del despacho. Pero la ambición de Shonda no se detiene ahí. Uno de los dos casos del piloto involucra a un héroe de guerra norteamericano acusado de homicidio. La coartada que lo exculpa es un vídeo en el que aparece besándose con otro hombre. La grandilocuencia de Rhimes alcanza nuevos límites (de ridículo). No solo se atreve a convertir la Casa Blanca en escenario de su danielsteelismo, sino que se enorgullece de abanderar un anquilosado discurso pro-gay que no estaría de más si la autora no lo manejase como si estuviera transgrediendo, rompiendo todos los moldes de la televisión. Shonda, adáptate o muere.

Estos gladiadores en traje llegan justo en el momento en el que menos los necesitamos. Cargados de razones, altivos y seguros de sí mismos, con un lema anti-House “lo más importante es decir la verdad”, y un instinto sobrenatural. Dispuestos a comerse el mundo, aunque la audiencia no esté muy interesada en verlo. Bueno, ¿dónde está Patty Hewes para que les dé una patada en el culo a todos?

Etiquetas: ,

Comentarios (3)

 

  1. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    Hace aguas por tantos sitios que no sé por dónde empezar. Que la Chonda se dedique a sus médicos, que es lo único que le ha salido bien hasta ahora.

  2. Alx dice:

    En Difying Gravity Shonda Rhimes no tuvo nada que ver (aunque lo pareciese). Por lo demás, completamente de acuerdo, ese hablar rápido para hacernos creer que es una buena serie y ella paseándose por el despacho oval como si fuese el salón de su casa.

  3. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    El creador de ‘Defying Gravity’ es uno de los productores ejecutivos de ‘Grey’s’, y según he leído, este se reunió con Shonda para trazar las líneas generales de la serie, así que aunque no esté en los créditos, Rhimes sí que tuvo que ver con la serie. Como tú bien dices, es evidente su influencia. Yo había leído eso y automáticamente atribuí la responsabilidad de la serie a la Rhimes, pero ya lo he modificado para ser fiel a la realidad. Gracias 🙂

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas