The Big C: mi vida con Cathy

Hace tiempo que los 40 dejaron de ser la etapa crepuscular en la carrera de una actriz de Hollywood, para convertirse en la oportunidad de protagonizar una serie en Showtime. Desde el primer momento en el que nos adentramos en The Big C (en España Con C mayúscula), asumimos que estamos ante El Show de Laura Linney. Nancy Botwin, Jackie Peyton, Tara Gregson y ahora Cathy Jamison son las cuatro mujeres ‘de mediana edad’ que integran esa nueva corriente de comedia en Showtime, centrada principalmente en hablarnos de la familia tradicional desde el prisma ‘deformado’ de la cadena. Al igual que United States of Tara, The Big C nos cuenta la historia de una mujer enferma y de cómo su enfermedad afecta a su entorno y transforma las relaciones con su familia. Cathy Jamison es todo un personaje-en-bandeja para Laura Linney. La actriz hace lo que sabe, y lo hace bien, aunque con un personaje como este, que se ajusta a ella como un guante, es difícil distinguir dónde comienza y acaba el verdadero talento.

Como hiciera A dos metros bajo tierra hace una década, The Big C toma la muerte como pretexto para hablarnos de la vida. La muerte y la enfermedad sirven para construir un relato en su mayor parte luminoso y buenrollista, que dosifica hábilmente los momentos dramáticos. Con todo, la serie no deja de tener ese tufo aire a producción indie cinematográfica que bien podría estar perpetrada por una Rose Troche o un Rodrigo García -recordemos que ambos trabajaron en A dos metros bajo tierra. El sundancismo de finales de los 90 nos condujo hacia el corazón de los barrios residenciales norteamericanos y nos invitó a atravesar las vallas blancas y los céspedes perfectos, para convertir lo disfuncional en el nuevo ‘normal’. The Big C continúa claramente esta tradición, asentada en la ficción televisiva desde principios de los 90, y que Showtime ha convertido en marca de la casa.

A Cathy Jamison le acaban de diagnosticar un cáncer terminal. Mientras que la familia de Tara Gregson lleva toda la vida lidiando con la enfermedad de su mujer -trastorno de múltiple personalidad-, la de Cathy no tiene ni idea de lo que le ocurre. La primera temporada de The Big C recoge la fase inicial en la relación de la protagonista con su enfermedad. Y no es hasta los últimos episodios cuando la serie despega realmente. En concreto, es la pertinente bofetada que Marlene (Phyllis Sommerville) propina a Cathy -“Alguien me la tenía que dar”, dice ella- lo que impulsa el verdadero comienzo de la serie. Hasta ese momento, habíamos sido testigos de la progresiva pérdida de control de una persona que decide vivir al límite tras descubrir que le queda poco tiempo. Cathy explora sus posibilidades, y las lleva a las últimas consecuencias. Se despide así de la meticulosa mujer que ha llegado a resentir, y empieza a conocerse a sí misma. Mientras, el elenco de secundarios no hace más que orbitar a su alrededor sin función ni propósito. En la recta final de la temporada, Cathy deja de vivir por ella, y comienza a hacerlo por su familia. Al asumir que no está preparada para dejarlos aún, los secundarios cobran un nuevo sentido. Es entonces cuando The Big C recompensa al espectador que ha aguantado subtramas completamente olvidables durante un buen puñado de episodios. En el precioso final de temporada los lazos familiares se estrechan, asistimos a las reacciones ante la enfermedad de Cathy y empezamos a conocer de verdad a los personajes. Esto sí es La familia Showtime.

Pero entonces da comienzo la segunda temporada, y ¿qué ocurre? Que todo lo que se ha conseguido con los episodios anteriores se tira a la basura, y se opta por explorar y explotar esas tramas secundarias que no nos han importado en ningún momento y que no hacen más que desviar constantemente el relato hacia lo intrascendental. Da igual que algunas de estas historias se acaben relacionando con la enfermedad de Cathy, o que sirvan para ilustrar esa idea secundaria en la que insiste la serie -“todo el mundo está enfermo, nadie es normal”-, la mayor parte de la temporada puede considerarse el más puro e innecesario relleno.

It’s not the wine, it’s the people that you’re drinking it with (Lee)

Mientras la protagonista recibe tratamiento, el espectador tiene que aguantar el despertar sexual de su hijo -una prostituta dominatrix, ¿en serio?-, las diatribas a lo Andy Botwin de su hermano Sean -un fantasma en el ático, ¿en serio?-, y la insustancial relación de este con la ex mejor amiga de Cathy, Rebecca (Cynthia Nixon). Por si esto fuera poco, los personajes temporales se multiplican -yo creía que Parker Posey jamás haría algo que no me gustase, y me equivocaba-, generando sub-subtramas que desvirtúan enormemente la historia principal. Además de esto, las dosis de sexo como alivio cómico aumentan considerablemente, sumiendo la serie en un espantoso ridículo en varias ocasiones -ladillas en familia, ¡¿en serio?! The Big C se convierte así en Weeds, sin ser consciente de que solo Weeds puede ser Weeds. Al final, de una temporada de 13 episodios, lo realmente salvable puede reducirse a apenas una hora en total.

Y esa hora está formada prácticamente por todas las escenas que Cathy comparte con Lee -magnífico Hugh Dancy-, otro enfermo de cáncer que la acompaña en su viaje hacia el auto conocimiento, cubriendo el nicho que su familia no puede ocupar. Gracias a Lee, Cathy da la mano a la muerte y deja de tenerle miedo. Sin embargo, la ironía insiste en golpear a la protagonista, que tiene que ver cómo todos se marchan antes que ella. Alargar la vida de Cathy, y por tanto, estirar la serie, hace que esta corra peligro de perderse irremediablemente en su discurso. Sí, quizás The Big C habría tenido más sentido como una película de Sundance.

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Comentarios (2)

 

  1. Satineify dice:

    La idea de la serie de Laura Linney me encantó al principio, pero el entusiasmo se me pasó pronto.Estoy de acuerdo en la parte sobre aspectos negativos, que no voy a repetir porque me encanta como lo has hecho tú 😉 y que fueron los que me hicieron abandonar casi al final de la temporada. En estos días me he estado planteando retomarla y darle una oportunidad a la season2. Después de leer tu crítica, me lo pensaré muy mucho, creo que no me aportaría nada más y ver por ver, es tontería…:D

  2. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    Estoy de acuerdo pero no veo yo muy claro que estuviera bien como película de Sundance, creo que se quedaría a medias igualmente.

    Lo más positivo que saco yo después de terminar esta segunda temporada es que (a pesar de las tramas secundarias) no ha ido desapareciendo el tema principal. Era la serie perfecta para que se olvidaran gradualmente de sus orígenes y terminara convirtiéndose en “las locas aventuras de Cathy y su rarita familia”.

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