Californication (5ª temporada): los ángeles exterminadores

Hank: Are you gonna miss the shit out of me or what?
Karen: It’s always the same thing, you know, whether you’re coming or going.
My heart skips a beat or two and then I just have to clear up the mess you leave behind.
Hank: Oh, you found a new way of calling me a charming asshole.

En mi anterior entrada hablaba de la gran mentira que mantiene a muchas series de televisión en antena durante muchos años: la ilusión de cambio. Utilizaba House para explicar esta idea, pero bien podría haber recurrido a Californication. La comedia de Showtime protagonizada por David Duchovny daba por concluida anoche su quinta temporada -quizás nadie se enteró con el regreso de series de postín como Game of Thrones o The Killing-, invitándome a seguir reflexionando sobre eso que en gran medida define a la ficción seriada de larga duración: la repetición. No importa cuántos años pasen, Hank Moody siempre vivirá en su pasado, y Californication en su piloto.

La serie lleva cinco temporadas dando vueltas en torno a la misma idea, haciendo uso de los mismos conflictos y giros argumentales para llevarnos en todos los episodios a la misma conclusión: lo mejor en la vida de Hank fue, es y será su ex mujer y su hija. La diferencia es que con Californication nunca se nos ha prometido otra cosa. O quizás lo que ocurre es que nosotros, -como a Karen le pasa con Hank- no esperamos que cambie realmente, y en el fondo la queremos por eso. El protagonista ha atravesado ya unas cuantas etapas en las que su vida parecía tomar un nuevo rumbo, pero ya no tiene sentido seguir engañándose: Hank no va a cambiar nunca. Californication tampoco. Prácticamente todos los episodios de la serie exponen una estructura básica que se repite una y otra vez, con una serie de elementos que nunca faltan: la conversación de Hank con una señorita en algún bar, la excesivamente gráfica subtrama sexual que desafía el aguante del espectador más curtido -siempre protagonizada por Charlie, o los descontrolados Marcy y Stu-  y por último, el epílogo donde el héroe -sin comillas ni cursiva- regresa a su familia y nos demuestra lo perdido que estaría -o está- sin ella.

Tras un conveniente salto en el tiempo, la quinta temporada de Californication nos ha devuelto a los personajes que conocemos, tal y como los dejamos hace un año, tal y como los conocimos hace cinco. Sus circunstancias, sin embargo, han cambiado. Hank regresa temporalmente a Los Ángeles después de haberse establecido en Nueva York; Karen se ha casado con Richard (Jason Beghe); y Becca tiene una relación ‘estable’ con un pequeño cabrón. Tanto la ex mujer como la hija de Hank han llenado el vacío que él ha dejado en sus vidas con dos personas en apariencia cortadas por el mismo patrón que el protagonista -¿quién está más jodida de las dos?. Y sin embargo, a lo largo de estos doce episodios, todos continúan insistiendo en que Hank es una persona egoísta y descontrolada que genera caos allá por donde pasa. A pesar de ello, Moody prolonga constantemente su estancia en LA para acudir al rescate de su familia en varias ocasiones. Eso es, Hank no es un héroe, es un súper héroe. La escena final de “Hell Ain’t a Bad Place to Be” lleva uno de los temas principales de la temporada -intentar salir, pero no poder o no querer- a las últimas consecuencias. Hank quiere dejar de ser el Hank que todos conocen, y justo cuando parece que lo ha conseguido se tuercen las cosas. Como giro argumental, su encontronazo con la ex loca de Nueva York es algo enervante. Como conclusión de la temporada, funciona.

Gracias a la secuencia onírica que abre el último episodio de la temporada, comprobamos que hasta el propio Moody llega a considerarse único responsable de las desgracias de su familia -no nos extraña teniendo en cuenta sus tendencias autodestructivas. Pero si nos paramos a observar nos damos cuenta de que son las personas a su alrededor las que buscan y crean el conflicto. Él trata por todos los medios de hacer el bien, aunque el azar no esté de su parte -se lo dice a su proyecto de yerno, claramente hablando de sí mismo: “You’re just misunderstood”. Él está muy cuerdo; ellos: todos locos. Si los demás culpan a Hank de la mierda que les ocurre es bien porque están cómodos en sus papeles de víctimas y mártires y deciden ignorar al verdadero Hank o porque están realmente ciegos. Quiero pensar que es lo primero, porque estoy seguro de que ellos saben lo que nosotros sabemos: Hank es un buen tipo, honesto y honrado, una persona que quiere lo mejor para su familia, un hombre con una capacidad para el perdón y un aguante más grande que el de todos los demás juntos. Pero por Dios, si Hank es un santo.

Y esa es quizás la clave que explica por qué, a pesar de contarnos siempre lo mismo y de la misma manera, regresamos a Californication –además del hecho importante de que es difícil encontrar un solo episodio de la serie que nos aburra. Resulta que, después de todo, no necesitamos que estos personajes evolucionen hasta convertirse en personas totalmente distintas. Esta no es esa serie. En este caso nos resignamos a la repetición -al menos yo lo hago, quizás sea algo personal-, porque obtenemos solidez y coherencia en un protagonista que aguanta estoicamente el peso de una serie generalmente muy irregular -todos los laureles para Duchovny. Y, sobre todo, porque es en esa conclusión a la que llegamos en cada episodio donde se asienta el discurso de la serie. Puede que el hábito o el cariño tengan mucho que ver, pero si Californication aguanta el tipo, y el estiramiento, es porque hace bien una cosa: hablarnos siempre de un amor que trasciende cualquier tipo de catástrofe.

“Life’s so much interesting when you’re around”

Etiquetas: , ,

Comentarios (4)

 

  1. Alicia dice:

    Y con temporada y media vista, ya sé lo que me espera en lo anterior. Es un consuelo!

    Karen llorando: “It’s such a fucking relief!” <3

  2. fon_lost dice:

    Sólo puedo añadir una cosa a lo perfectamente explicado en la entrada: Hank y Karen. Karen y Hank. Ellos son Californication. Y sí, Marcy y Runkle. Runkle y Marcy (que con tanta “blowjob” de por medio, estos dos tienen que volver).

  3. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Estoy de acuerdo, Hank y Karen son la serie. Pero Marcy y Runkle son muy necesarios, en ellos también esta la esencia de Californication, aunque sea en realidad solo la esencia del “fornication”.

  4. La escena de la ex loca me dejó un poco fría, me pareció un momento de culebrón total. En esta temporada he echado de menos más conflicto interno de Hank, aquí parecía que se metía en líos uno y otra vez pero no le llegaban a afectar personalmente. Salvo lo del novio de Becca he visto poca emoción en Hank, cosa que no me pasaba en las anteriores temporadas.

    La mirada de Duchovny cuando le detenían y Karen se enteraba de lo de Mia, vale tres Emmy y un Globo de oro por lo menos.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas