House: la gran mentira

Dr. House is obviously brilliant.
But Dr. House is also a fiasco (8.11)

Todo el mundo miente. Y si lo pensáis, las series también. La ilusión de cambio es la gran mentira de las series de televisión. La mayoría de las ficciones televisivas más longevas recurren a transformaciones en sus tramas y renovaciones de reparto para ofrecer al espectador algo nuevo por lo que merezca la pena volver, sin perder de vista lo que llevó a la serie hacia el éxito. Sin embargo, rara vez estos cambios surgen de la necesidad de reinvención, sino que más bien están provocados por agentes externos al relato -sobre todo la marcha de actores o el desgaste de los guionistas. En la que es ya su octava -y última- temporada, House se confirma -por enésima vez- como la serie más mentirosa -de hecho, para recordárnoslo, el “everybody lies” se entona en todos los episodios más recientes. Disfrazada de regreso a los orígenes, esta nueva tanda no es más que la prueba definitiva del desgaste de una fórmula que funcionó de maravilla durante un par de años.

Las primeras temporadas de House supusieron una pequeña revolución en la ficción televisiva. La gran habilidad con la que los guiones integraban un interesantísimo desarrollo de personajes en sus tramas puramente procedimentales convertía la serie de FOX en un nuevo modelo a seguir. No obstante, el paso del tiempo supuso el agotamiento del espectador ante unos trucos narrativos que ya no engañaban a nadie. Tanto al seriéfilo empedernido como al espectador más ocasional les gusta regresar a lo conocido, pero se aburren si no hay nada más. Es en la correcta combinación de ambos elementos donde se encuentra la esencia de la fidelidad al producto serial. House acabó asumiendo que si quería conservar su reputación, debía cambiar, a la vez que su protagonista comprendía que si no quería perder a las únicas personas que tenía, él también debía cambiar. Con la cuarta temporada de la serie ingresábamos en una etapa de experimentación que podemos considerar concluida al final de la sexta. La séptima temporada sí supuso el verdadero regreso a lo conocido, la repetición sin cortapisas, con los cambios necesarios -la relación entre House y Cuddy-, y episodios realmente especiales -“The Dig”, 7.18- para mantener el interés.

Si House inauguraba sexta temporada con su protagonista en el manicomio, inicia la octava haciendo el mismo episodio, pero en la cárcel. Ambos capítulos -homenajes cinematográficos gastadísimos- ponen en evidencia a la serie. Estos absurdos arranques de temporada no son más que estrategias cuasi-publicitarias para conservar al espectador más reticente. ¿Qué ocurre tras estos ‘cambios’ en la vida del protagonista? Que todo sigue igual, por supuesto. Gregory House no puede dejar de ser como es. Su serie tampoco. A su regreso al hospital, el doctor Holmes House -en libertad condicional- descubre que todo ha cambiado: Cuddy se ha marchado, Foreman es el nuevo director, y Chase, Taub y Thirteen han dejado sus trabajos. La nueva empresa de House es restaurar el orden natural de las cosas, y así devolver al espectador gradualmente la serie que siempre conoció. Tarda unos cuatro episodios en completar su misión. Mientras esto ocurre, la serie desciende a nuevas cotas de aburrimiento y desinterés. El comienzo de la temporada confirma -de nuevo- que House no es nadie si no tiene a quien estudiar y manipular. Sin gente a la que hacer bullying, Gregory House no es más que un viejo aburrido. Dos nuevos personajes -la Dra.Park y la Dra. Adams- son el germen del ‘nuevo’ equipo de House, que se completa con el regreso de Taub y Chase. Lo nuevo y lo viejo se fusionan para resultar en algo más viejo aún.

La octava temporada de House es, por ahora, la más básica de todas. Y no, no es un cumplido. Estamos viendo el mismo episodio una y otra vez. De acuerdo, esta puede ser la sensación general que uno tiene al ver House, no importa qué temporada -y de hecho, puede que sea la primera cláusula del contrato de la serie con el espectador. Pero estos episodios nos están devolviendo la fórmula más conocida de la serie -ya sabéis, vals de diagnósticos y errores + epifanía-, sin esfuerzo alguno por buscar una mínima variación. Catorce capítulos en los que al caso de la semana se le diagnostica cáncer y vomita sangre. Casos idénticos a los de otras temporadas, episodios calcados y diálogos que se reciclan de una semana para otra. Eso, y el espejismo que supone “Nobody’s Fault” (8.11), narrado a través de flashbacks y con un acontecimiento importante, pero al fin y al cabo otro episodio formulaico exactamente igual a los anteriores. Teniendo todo esto en cuenta, House puede considerarse un éxito como tesis sobre lo imposible de alcanzar el verdadero cambio. Pero a causa del estiramiento de sus tramas, su discurso se diluye, se desorienta y pierde trascendencia. Todos sabemos que el final definitivo de una serie es la oportunidad idónea para introducir el cambio total. En los últimos episodios que hemos podido ver, House recibe dos visitas: la de su mujer -por la que empieza a sentir algo- y la de su madre. Esto abre nuevas vías hacia una conclusión definitiva que conecte pasado, presente y futuro del protagonista para dejarlo marchar en paz. Y sin embargo, nada de esto cambia el hecho de que a House le sobran tres temporadas.

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Comentarios (3)

 

  1. Lola dice:

    Cierto, le sobran tres temporadas, sobre todo las que reflejan ese bodrio infame del Huddy. House debió terminar el día en que le ingresaron en el psiquiatrico. Ese era un final digno y muy acorde con el personaje, dejando una puerta abierta a la imaginación y el deseo de cada espectador, bien sea para creer en su recuperación o en el declive total del personaje.

  2. Rick H. dice:

    Uno debe tener el sentido común de acabar algo, por bueno que sea, en el momento justo. A House ese momento se le fue hace varias temporadas. Un final feliz al lado de Cuddy era una alternativa, otro con el tipo destrozado en el manicomnio era otra posibilidad como bien dice Lola. Pero dejaron ir estas posibilidades y ahora mismo salga lo que salga será decepcionante. Una lástima, alargaron las cosas únicamente por dinero… hubieran aprendido de Seinfield que ninguna cifra logró convencerlo de acabar la serie en el momento justo. Lástima.

  3. David Sancho dice:

    Totalmente de acuerdo, yo también he escrito lo mismo sobre House varias veces. Lo único interesante es el inicio y final de temporada, el resto es paja muy bien envuelta.

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