¿Puede Catherine Tate salvar The Office?

Sí, lo reconozco. El título de esta entrada peca de sensacionalismo. La comedia de NBC lleva varias temporadas dando palos de ciego, y en concreto desde la marcha de Steve Carell, le cuesta horrores levantar cabeza. Pero sería injusto declararla hundida oficialmente -sobre todo cuando la NBC se empeña en mantenerla a flote. Al referirnos a The Office es fácil recurrir un lugar común bastante trillado: las horas bajas de esta serie son las altas de la mayoría de las comedias actuales. Sin embargo, todos sabemos que esto no es suficiente. Donde antes había carcajadas, ahora hay golpes de aire y sonrisas incómodas. Donde antes disfrutábamos con las miserias y sociopatías de los personajes, ahora simplemente fruncimos el ceño. Últimamente, los episodios de The Office son 20 minutos de horas bajas. Y ni un minuto de lucidez por episodio sirve para seguir alargando algo que debió terminar hace varios años.

La NBC es consciente de todo eso, pero se niega a dejar marchar su comedia con más audiencia. Y el caso es que el buque hace aguas por todos los lados, y las pérdidas se suceden una tras otra a un ritmo vertiginoso. A pesar de que Ed Helms y Jon Krasinski volverán para la novena temporada, hemos perdido a James Spader -nunca nos acostumbramos a su Robert California, así que no importa mucho-, a Mindy Kaling -que prepara un piloto para la FOX-, a Paul Lieberstein -Toby sin Michael no es nada-, y por supuesto a Rainn Wilson, que junto a Lieberstein se muda al desastre anunciado que es el spin-off de Dwight Schrute. No se sabe nada del resto del reparto, pero ya poco importa. Es desolador ser testigos del progresivo deterioro y pérdida de dignidad de una de las mejores telecomedias de los últimos tiempos, por culpa de una cadena que no atraviesa por su mejor momento en lo que respecta a índices de audiencia: sus otras comedias luchan por sobrevivir, y sus dramas se cancelan de dos en dos.

Ahora bien, desde hace un par de años, siempre que escribo acerca de The Office, no puedo evitar la dicotomía total. The Office es una sombra de lo que fue, pero me sigue gustando. The Office ya no sabe sacar provecho de sus personajes, pero yo los sigo queriendo. Ver The Office se ha convertido en algo parcialmente triste, y aun así sigo viendo cada episodio con ilusión y predisposición. No sé qué será. ¿Cariño, hábito, tesonería? Quizás la clave, después de todo, siga residiendo en los personajes. Hay varios empleados de la oficina que hacen que merezca volver a ella semana tras semana. Ed Helms sigue desprendiendo encanto como Andy Bernard -tan desbordado en su nuevo puesto, tan feliz temporalmente como recepcionista- y Erin (Ellie Kemper) funciona como contrapunto perfecto -convirtiendo a Andy en el personaje más cercano, con el que más fácil resulta identificarse, en definitiva, y aunque parezca mentira, el más normal. El episodio “Get the Girl” (8.19) nos devolvió el interés en la extraña pareja. Que estos dos se hayan convertido en el motor de The Office es resultado de una evolución natural. Pero seguimos necesitando algo nuevo.

Y ahí es donde entra la popular actriz británica Catherine Tate –The Catherine Tate Show, Doctor Who. Conocimos a su personaje, Nellie Bertram, en el último episodio de la temporada pasada, pero ha regresado para una tanda de episodios, en principio sustituyendo a James Spader como representante de los altos mandos de Sabre -aunque su intención sea realmente la de ocupar el despacho de Andy. En “Get the Girl” damos la bienvenida a la oficina a este encantador y excesivo personaje, haciendo que el episodio sirva como campo de pruebas. ¿Nos gusta Nellie en Scranton? Mi respuesta es un rotundo sí. Desde el momento en el que el personaje da rienda suelta a su excentricidad -se autocontrata como supervisora y reparte aumentos a los empleados- se convierte en candidata perfecta para sustituir, no a California ni a Bernard, sino al mismísimo Michael Scott. Esperamos que tanto Tate como los responsables de The Office se den cuenta de las posibilidades de convertir a Nellie Bertram en personaje fijo. No tienen nada que perder, ¿no?

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Comentarios (3)

 

  1. Isart Armengol dice:

    Tienes toda la razón con esta serie y comparto exactamente tus sensaciones con lo de seguir con ella a pesar de todos sus contras, pero difiero absolutamente en el último párrafo.

    El personaje de Nellie no me gusta, creo que debió quedarse allí y no venir a Scranton e incorporarse con el grupo. No sé, yo no la veo la nueva Michael Scott ni de coña, ni que se acerque, es excéntrica, excesiva y cargada de prejuicios al igual que Michael, pero no me convence.

    De todos modos en The Office ya no se trata de encontrar un substituto de nadie, además a mí Andy me convence dentro de lo que hay …se trata de acabar de una vez, sin más.

    Para mí hay dos momentos en los que la serie podría haber terminado por todo lo alto:

    1. La boda de Jim y Pam en las Niagara Falls.

    2. La despedida de Michael Scott, evidente… ahí lloré y habría sido un cierre de traca.

    El que se vayan yendo personajes no ayuda en nada, Dwight es uno de los grandes, no concibo The Office sin él, se va mucha esencia de ese humor.

  2. Juan Naranjo dice:

    “The Office es una sombra de lo que fue, pero me sigue gustando”. Amén, hermana.

  3. Monica dice:

    Yo coincido que Nellie es lo mejor de esta temporada sin duda… pero no se si merece la pena seguir alargando la serie…

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