Community: es todo tan meta

¿Recordáis cuando en los noventa uno se refería a Friends como “comedia inteligente”? Sin duda era una de las características más recurrentes a la hora de describirla o recomendarla, incluso defenderla: “Es una comedia, pero es muy inteligente”. Qué ingenuos. Han pasado diez años, y mucho ha llovido en lo que al género se refiere. Cuando uno echa la vista atrás a la década en la que el célebre clásico de NBC, Seinfeld Fraiser eran referentes del humor más fino y sofisticado, es inevitable darse cuenta de que las comedias de situación, a pesar de tener medio siglo de edad, aun estaban en pañales. La culpa la tiene el posmodernismo –y la tontería que va asociada a él. En retrospectiva y con mucha televisión ya a nuestras espaldas, esas teleseries se antojan simplistas y poco exigentes. Conservan su lugar en la historia de la televisión -y en nuestros corazones-, pero no tendrían nada que hacer ante las nuevas “sitcoms”.

El comienzo del siglo XXI nos enseñó otra manera de hacer –y ver- comedia. Se abandonaban los platós y las risas enlatadas y se abrazaba el realismo, las localizaciones y las técnicas documentales, a la vez que las tramas se serializaban y el componente metalingüístico se convertía en herramienta indispensable para la búsqueda de la carcajada. Arrested Development (2001-2003) y más tarde The Office (2004-) sembraban el germen de la nueva comedia. La FOX, y sobre todo la NBC, mimaban sus sitcoms -y dejaban el término obsoleto- mientras el resto de cadenas hacían lo propio con sus dramas. Sin embargo, la reputación de la comedia no ha logrado alcanzar en ningún momento a la que convirtió al drama en el principal representante de la Tercera Edad Dorada de la Televisión.

El activismo con el fin de revindicar una comedia es algo relativamente nuevo -de la exclusividad de la ciencia ficción ha pasado a ser un elemento de cualquier serie de culto en peligro. Mientras muchos asumen que este género siempre llevará asociado cierto menosprecio, otros están convencidos de que de vez en cuando surge un producto televisivo por el que merece la pena pelear con uñas y dientes. Como decíamos, si en los noventa Friends nos hacía sentir inteligentes y conectados con el mundo a nuestro alrededor –aunque fuera un constructo completamente falso-, una serie como Community nos incluye de lleno en su maquinaria narrativa sin descuidar en ningún momento lo más importante: la risa. ¿Comedia inteligente? Más bien comedia superdotada –y sobrada, por qué no decirlo. Es más, estamos ante uno de los frentes más importantes de la revolución de la comedia. Que te encanta Fraiser, ¿dices? Amigo, el siglo XX acabó. Actualízate.

Community plantea un enorme desafío para el espectador que sintoniza esporádicamente. A pesar de estar profundamente cimentada en la comedia de situación canónica –la más episódica, la que permite alterar el orden de los episodios sin perderse demasiado en la trama-, su elevadísimo componente autorreflexivo la convierte en una serie que debe experimentarse desde el comienzo y sin saltarse un solo episodio. La razón es simple: del momento más insignificante, del chiste más breve, del acontecimiento más trivial puede surgir un gag recurrente o una trama que se prolongue a través de los años. Este necesario compromiso se convierte pronto en placer. Y si no se trata con contención, corre el peligro de dar paso a la enfermedad, a la obsesión. Community crea monstruos. Y si no lo creéis, que Internet os lo demuestre.

Pero, ¿de qué va Community? Podríamos responder a esta pregunta claudicando ante la ambiciosa –y bendita- pretensión de su creador, Dan Harmon: Community habla de la televisión, a grandes rasgos. Y de la vida, a rasgos aún más grandes. Sin embargo, intentaré ser algo más específico por una vez en mi vida, para que sepáis de qué va la cosa realmente. Community es la historia de siete seres entrañablemente defectuosos que van a parar a un centro de formación profesional, Greendale, tras una serie de experiencias fracasadas en la vida. Representando un ecléctico abanico de edades, razas y pasados, los siete protagonistas forman un grupo de estudio para superar el primer curso de español -imprescindible la versión original. Las alianzas, relaciones y amistades que se forjan los convierten en mucho más que compañeros de estudios y les llevan a conservar el grupo mientras estudien en Greendale.

Explicitando en todo momento sus inabarcables referentes –el piloto acaba con una dedicatoria a John Hughes-, Community evoluciona muy pronto hacia un producto tan complejo como satisfactorio –en gran medida debido a esa complejidad. Quizás el referente más certero sea la época dorada de Los Simpson, que demostró que es posible narrar prodigiosamente historias elaboradas y ramificadas en veinte minutos y hacer reír a carcajadas como si no costase nada -cuando todos sabemos que escribir comedia es muy difícil. El promedio de chistes por minuto en Community es muy similar al de Los Simpson. Tanto que es muy posible perderse más de uno mientras nos recuperamos del anterior. No hay espacio para las risas enlatadas, no solo porque sea una comedia single-cam -tendencia ya habitual-, sino porque para insertarlas habría que sacrificar demasiados chistes. Por otro lado, al igual que la serie de Matt Groening, una de las mayores virtudes de Community es su envidiable manejo de la cultura popular, así como una apabullante capacidad para analizar el comportamiento social y el funcionamiento de la mente humana. ¿Recordáis ese momento de La historia interminable en el que Bastian y Atreyu se ven reflejados en el mismo espejo, el que les muestra cómo son en realidad? Pues bien, nosotros somos Bastian y en el espejo vemos Community. Sí, es así de buena. “Escribe Community y échate a dormir” debería ser una expresión popular. Por todo esto, la serie de Dan Harmon es el sueño húmedo definitivo del verdadero geek moderno –¿The Big Bang qué?

El detallismo enfermizo de la serie es una de las razones por las que sus fans responden con el mismo grado de compromiso y demencia. Cuando el pasado diciembre la NBC anunciaba que la retiraba de su parrilla por un tiempo indefinido, los seguidores de Community se echaban a las calles –virtualmente hablando- con antorchas y horcas. No quemaron nada, pero lograron que la serie obtuviera la reputación y trascendencia que llevaba pidiendo desde su primera temporada: acabó en la portada de TV Guide tras ser elegida la favorita de los fans; los internautas popularizaron el hashtag reivindicativo #sixseasonsandamovie –a partir de una referencia a The Cape por parte del personaje más meta de la historia de la televisión, Abed Nadir- y emperadores geek como Nathan Fillion apoyaban la causa expresando su deseo de participar en la serie. Tras tres meses haciendo incluso más ruido que cuando estaba en antena, Community regresa a las pantallas esta misma noche. Son muchos –entre ellos su creador y sus intérpretes- los que dan por segura una cuarta temporada, pero las audiencias serán el barómetro definitivo –aunque no definitorio- del alcance del fenómeno.

Community es una gran carta de amor a la televisión, y a los telespectadores. Es justo que respondamos a esa carta con la misma pasión enloquecida. Un episodio íntegramente rodado en animación stop-motion, una vuelta de tuerca al clásico capítulo recopilatorio –formado a base de recuerdos inéditos y nuevas perspectivas de escenas ya vistas-, un western, una parodia de Space Camp –las referencias en Community alcanzan objetos de la cultura pop hace tiempo condenados al ostracismo-, un “bottle episode” que se autodefine como tal, un homenaje a las películas de zombis o un episodio con siete realidades alternativas. Las razones para ver Community son tan numerosas como las inagotables ideas que componen sus temporadas. Pero, sin duda, las más importantes son siete: Jeff, Britta, Annie, Pierce, Shirley, Abed y Troy. Os invito a conocerlos –y por lo tanto a amarlos. O si lo preferís, podéis engancharos a Cougar Town. Como queráis, Abed approves.

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Comentarios (9)

 

  1. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Oh-Dios-Mío. ¡No lo había visto!

  2. ¡Por fin vuelve! Pensaba que este momento no llegaría

  3. pablollero dice:

    Community no necesita que se menosprecie a Friends para ser reconocida. Es criticar Casablanca para admirar Magnolia.

  4. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    @pablollero Mi intención no era, ni de lejos, menospreciar Friends. Si he escogido esa serie para la introducción es precisamente por su importancia para la comedia televisiva, y por el cariño enorme que muchos le tenemos (creo que además lo especifico en el artículo). He utilizado Friends (además de Fraiser y Seinfeld) para dar cuenta de la clara evolución que el género ha sufrido en la última década, y para ilustrar cómo antes nos conformábamos con productos más simples. Disculpa si no se ha entendido correctamente.

  5. pablollero dice:

    ‘ Como decíamos, si en los noventa Friends nos hacía sentir inteligentes y conectados con el mundo a nuestro alrededor –aunque fuera un constructo completamente falso’ o ‘Es una comedia, pero es muy inteligente”. Qué ingenuos’

    No sé, me ha parecido que la criticabas demasiado xD

    Eso sí, todo lo demás me parece fantástico, enhorabuena!

  6. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Precisamente lo de “es una comedia, pero es muy inteligente” se refiere a la injusta preconcepción de que las sitcoms no merecen el mismo respeto que los dramas. Por eso digo que en ocasiones teníamos que especificar, como si fuera algo increíble, que Friends era inteligente. No es crítica a la serie, es crítica a los prejuicios. Todo esto, sin embargo queda muy lejos, y después de toda esta década de comedias más exigentes y renovadoras, vemos Friends y nos damos cuenta de cómo han cambiado las cosas.

    Me alegro de que te haya gustado la entrada. Muchas gracias 🙂

  7. Imagen de perfil de Alicia Alicia dice:

    Estoy pensando que Community ha tenido mucha suerte. El “hiato” que tanto odiamos ha dado a los fans la oportunidad de demostrar que están ahí, que son muchos (y los más inteligentes), cuando los de otras series no han podido hacerlo hasta después de cancelada. Estoy segura de que esto supondrá una diferencia y se lo pensarán dos veces antes de dar el hachazo, no creo que cierren los ojos ante los que no tienen un aparatito en su televisor.

    Por lo demás, gracias por esta preciosa carta de amor.

  8. Rick H. dice:

    Pues yo también creo que suena en exceso pretencioso denigrar como un humor más “simple” a Friends, Seninfield o Frasier. Por favor, ya quisieran las sitcoms de ahora hacer reir de manera tan inteligente como estos clásicos. Ahora mismo, puedes encontrar gente que no entiende el humor de esas series porque les falta cultura para entenderlas.

    La famosa “evolución” de las sitcoms me arranca una sonrisa condescendiente cuando pienso en 2 Broken Girls, por ejemplo, donde decir “vagina” varias veces en un capítulo parece ser la fórmula de la risa.

    Lo cierto es que Community, la cual considera la mejor comedia hoy en día, es una excepción, no la regla, y por tanto hablar de evolución de las sitcoms es bastante decir.

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