Jennifer Coolidge: una mujer entera

La suya es una de esas caras de sobra conocidas por el gran público, pero que solo unos pocos pueden vincular a su nombre: Jennifer Coolidge. Evolución ‘natural’ de Pamela Anderson y con una enormemente prolífica carrera interpretativa a sus (anchas) espaldas, Coolidge es una de esas actrices cuya vis cómica es incontrolablemente mayor que cualquier otro de sus registros -me viene a la mente otra grande, Catherine O’Hara-, una intérprete prácticamente imposible de imaginar en un rol dramático.

Su carrera comenzó a principios de los 90 con un papel como masajista en la comedia de situación Seinfeld. A partir de ahí, un sinfín de papeles de reparto ha ido engrosando su currículum, contribuyendo a formar una imagen de eterna secundaria. Si se ha de elegir un solo papel que sirva como epítome de su carrera es sin duda el de madre de Stifler en la ya clásica American Pie (1999) -personaje que retomará este año en la nostálgica American Reunion. La MQMF (o MILF) paradigmática, una cougar capaz de tragarte de un bocado, señora cuya feminidad es tan desbordante que acaba adquiriendo un cariz ciertamente monstruoso y esperpéntico. Así es Coolidge, una gran mujer, dos mujeres una encima de otra, una mujer de tomo y lomo.

La hemos visto en pequeños pero contundentes papeles en comedias como Fraiser, Sexo en Nueva York o Party Down. Incluso los más puristas de Friends -serie en la que también tuvo un rol episódico- la recordarán como la nueva agente de Joey en aquel abominable spin-off que seguía al aspirante a actor en su nueva etapa angelina. Una pena que el talento de Coolidge -en su papel televisivo más longevo hasta la fecha- fuera desperdiciado en una serie que pasó sin pena ni gloria -en realidad con más pena que otra cosa.

Además de sus excéntricos personajes catódicos, la actriz originaria de Boston puede presumir de ser lo mejor de varias películas en las que ha participado: la recordamos como dueña pesetera de uno de los perros a concurso en la marciana Very Important Perros (2000) o como la desternillante esteticién amiga de Reese Witherspoon en Una rubia muy legal (2001). Muy recientemente la hemos visto junto a otros cómicos tan ignorados como imprescindibles (antiguos amigos como la mencionada Catherine O’Hara o Eugene Levy) en el sketch “The Wizard of Oz Focus Group”, uno de los mejores momentos de la más reciente gala de los Oscars, en el que demuestra su experiencia en el arte de la improvisación y el género docucómico.

Desde hace unas semanas, Coolidge ha aterrizado en una de las sitcoms de mayor éxito esta temporada, 2 Broke Girls (CBS). Su personaje como vecina de Max y Caroline parece haber llegado para quedarse. Desde su primera intervención en la serie, con el episodio “And the Upstairs Neighbor” (1.14), los productores no han prescindido de ella en ningún momento. De hecho -y por suerte-, su incontestable presencia ha menguado la de los secundarios de plantilla, con la excepción de Oleg, al que ha convertido en un personaje medianamente soportable. Coolidge es sin duda un soplo de aire fresco en una serie que, por mucho que me cueste reconocerlo, ha entrado con sus últimos episodios en un receso cualitativo -qué me gusta un eufemismo bonito. Su Sophie Kachinski nos ha dado algunos de los mejores momentos de la serie en sus últimas entregas y no queremos que se marche del edificio de Williamsburg donde viven las dos chicas sin blanca. A la espera de que se recupere de este pequeño bache, Jennifer Coolidge es la responsable de que 2 Broke Girls no se haya convertido aun en una serie “horrible horrible”. No dejamos de amar a Max y Caroline, pero nuestro corazón seriéfilo tiene hueco de sobra para dar cabida a una tercera broke girl, por muy grande que sea.

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Comentarios (2)

 

  1. Imagen de perfil de Alicia Alicia dice:

    A mí Sophie no me molesta. No me hace especial gracia, pero tampoco es como Oleg o el negro… pero el “receso” empezó cuando ella llegó, no digo que esté relacionado, solo digo lo que hay.

  2. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Sí, es otra manera de verlo. Y quizás tengas razón.

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