Pan Am: 43 minutos de primera clase

La televisión se empeña en mirar atrás, en concreto a una década de cambio social y esplendor económico, los sesenta. Si Mad Men (AMC) y más recientemente The Playboy Club (NBC) nos ofrecen una perspectiva más amarga y subversiva de las transformaciones que experimentan las grandes ciudades norteamericanas en esta época, Pan Am (ABC) nos muestra la cara más amable y optimista de los sesenta. La primera década del siglo XXI ha estado caracterizada por un empeño regresivo que nos devuelve a tiempos pasados mejores, a lugares que nos resultan familiares pero que no están a nuestro alcance, y que nos rescatan de esta (aquella) nuestra sociedad caracterizada por el miedo exógeno, la precaución extrema y el enclaustramiento cibernético. Han pasado diez años desde los atentados del 11-S y es ahora cuando la televisión estadounidense comienza a asomar realmente la cabeza después de esconderse con el rabo entre las piernas. De esta manera, la ABC estrena por todo lo alto una serie sobre la pionera aerolínea internacional Pan Am. Atrás queda ya el tratado sobre el terror que construyó Perdidos a lo largo de seis años y que definió en gran medida el tono de la ficción televisiva de los últimos años. Es hora de recuperar el rumbo, y volver a soñar con el cielo.

El piloto de Pan Am (el episodio, no el personaje) funciona ejemplarmente como presentación de la historia y reclamo para la audiencia a la vez que constituye una pieza autoconclusiva que condensa ideas y conceptos magistralmente. De una suma elegancia visual (las texturas digitales no juegan en contra del diseño de producción, aunque chirríen los cromas y la ambientación sea muy sintética), y un magnífico pulso narrativo, Pan Am despega sin apenas turbulencias. La ABC suele tirar la casa por la ventana con algunos de sus pilotos, siendo esto indicativo de la confianza depositada en algunas de sus series. Visto lo visto, Pan Am es sin duda una de las grandes esperanzas de la cadena, y así lo demuestra el mimo con el que se ha tratado al proyecto. La serie logra escapar de la alargada sobra de Mad Men gracias a sus aires de superproducción y a su ritmo institucional. Complaciente, accesible y para todos los públicos, Pan Am es el resultado más evidente de la influencia recíproca del cine y la televisión, y sobre todo de las convergencias entre ambos medios. Sin embargo, todo esto se irá al traste si la serie cuenta con las eternas temporadas a las que nos tiene acostumbrados la cadena que la emite. De no explotar las buenas ideas del piloto y confiar en las relaciones entre trabajadores de la compañía, la serie corre el riesgo de convertirse en Anatomía de Grey en el aire. Confiemos en que los guionistas se mantengan fieles a la excelente premisa de la serie, y hagan caso de las palabras que el piloto (ahora sí, el personaje) dedica a su co-piloto cuando este habla de ese nuevo tipo de mujer, el que “tiene el impulso de volar”: “No intentes bajarlas a la tierra”.

Algo que no ha cambiado con respecto a la etapa televisiva inmediatamente anterior (la que inauguraban Lost y Mujeres desesperadas) es el uso del flashback como una de las herramientas narrativas imprescindibles. En el caso de Pan Am, los flashbacks son breves, ubicuos y acertados. Sirven exclusivamente para presentar a los personajes principales y dar trasfondo a algunas de las tramas que se desarrollarán en profundidad en próximos episodios. Sin embargo antes de recurrir a esta técnica, el piloto nos hace entrever las dinámicas y relaciones entre personajes, así como nos presenta atisbos de personalidad, motivaciones y puntos débiles en los protagonistas. De ahí quizás que muchos espectadores se quejen de que el piloto “desvele” demasiado, acusando a la serie de recurrir en exceso a la mencionada técnica, además de resolver tramas y dar conclusión demasiado pronto. Para mí, esto no hace más que evidenciar lo mal acostumbrados que nos tiene la nueva ficción televisiva, la que nos da cuestiones como hilo argumental y nos obliga a buscar sentido en las respuestas y la resolución de los enigmas. Pan Am no es una serie de misterio, por lo tanto no debe alarmar que revele los pasados de los protagonistas en su piloto. Es más, debemos tomarlo como un síntoma de cambio y una oportunidad para disfrutar de una serie como solíamos hacerlo hace una década. Efectivamente, es otra forma de nostalgia, pero una menos tramposa y confeccionada.

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