¿Quién me mandaría ver… Up All Night?

Qué mejor ocasión para inaugurar sección del blog que la nueva “”””comedia”””” de NBC protagonizada por Christina Applegate y Will Arnett. “¿Quién me mandaría ver…?” recogerá aquellas series que abandono o que termino sin llegar a saber exactamente por qué las he aguantado más allá del piloto. Aún tengo que decidir si dar una segunda oportunidad a Up All Night, pero teniendo en cuenta el elevadísimo número de pilotos de esta temporada, dudo mucho que este tremendo fail merezca veinte minutos de mi tiempo a la semana.

Extraño híbrido entre 30 Rock y Modern Family, Up All Night descarrila en todos los objetivos que se propone. Técnicamente resulta muy deficiente (la cámara en mano se vuelve en tu contra si no la sabes mover, y no ayuda tampoco que delegues la labor de montaje a un mandril). Por otro lado, Arnett y Applegate no logran convertirse en sus personajes en ningún momento. La cuestión de la química entre ambos está de más cuando ninguno de los dos, por separado, consigue desenvolverse con un mínimo de naturalidad en un hábitat que parece resultarles hostil (lo que hace todo mucho más triste, teniendo en cuenta que la serie está hecha a su medida). Ambos parecen dos cómicos de segunda intentando desesperadamente ser hip (¿parecen o lo son?). Dolorosas escenas como la del karaoke evidencian la fallida empresa de convertir a los actores en algo que no son. Resulta especialmente triste observar el (enésimo) intento desesperado de Kelly Bundy y Gob Bluth por hacerse un hueco en una escena que claramente no los necesita . Sin embargo, la culpa no es suya del todo. Poco pueden hacer con el famélico trabajo de guión con el que cuentan. No hay más que ver la (extremadamente alargada e insoportable) escena en la que sus personajes discuten sobre quién duerme menos. Suicidio cómico. Juraría haber oído grillos durante el diálogo.

Up All Night tiene cobijo en la casa de hitos como Saturday Night Live o 30 Rock, la NBC (donde vive la comedia norteamericana’), haciendo la clara promesa de intentar vivir de los saldos de ambas. Una de las cómicas de SNL, Maya Rudolph tiene un papel destacado dentro de este desastre, pero al fin y al cabo no es más que la tuerta en el país de los ciegos. No hay nada en Up All Night que indique que puede ocurrirle lo mismo que a otras series de la cadena. Tanto la de Tina Fey como la de Amy Poehler (Parks and Recreation) comenzaron desorientadas y acabaron convirtiéndose en referencias del género y abonadas a los Emmy. Applegate nos cae muy bien, y probablemente a los ejecutivos de NBC también, pero ni ella ni el desubicado Arnett son capaces de aguantar los endebles cimientos de una comedia sin un ápice de gracia.

 

2 Broke Girls: cupcakes con mucha sal gorda

¿Quién está de acuerdo en rebautizar la nueva sitcom de CBS como 2 Broke Girls, 1 Cup? No sería del todo desatinado, ¿verdad? Al fin y al cabo, el humor de la serie no dista mucho de lo que contribuyó a que aquel infame vídeo (que juro que no he visto ni veré jamás) hiciera reír y vomitar a medio mundo. Así es, 2 Broke Girls no esconde sus intenciones, y los apenas dos minutos que transcurren antes de la cabecera sirven para poner las cosas en su sitio y evitar así las críticas más obvias. A nadie debe extrañar que Michael Patrick King esté detrás del proyecto. El responsable de Sexo en Nueva York lleva unos años dando palos de ciego. Sin embargo, desde que su éxito para HBO pasase de placer culpable ‘no tan culpable’ a tortura china, el productor, director y guionista ha consolidado su estilo a base del humor más burdo y la escatología más infantil. Si bien en las películas de Sexo en Nueva York King no logra hallar el equilibrio entre humanismo, semen y cacas, en 2 Broke Girls esta mezcla funciona (extrañamente) a las mil maravillas.

La completa ausencia de contención y corrección política es sorprendente (es como si Bush nunca hubiera existido). 2 Broke Girls condensa felizmente en un minuto y cuarenta segundos la nada desdeñable cifra de tres chistes guarros (de distintos tonos de verde): un comentario sobre las omnipresentes y omnipotentes tetas de Kat Dennings (‘I loved Kat before it was trendy’), otro sobre vaginas quedándose secas (!!), y por último, el que es probablemente el chiste de naturaleza sexual más usado, gastado y trillado de la historia: el “she’s coming” y su guarro doble sentido. Pero por supuesto, esto es solo el aperitivo. A lo largo de los veinte minutos que dura el episodio también hay referencias a manchas de semen y olor a sopa de almeja. Por no hablar de los denigrantes estereotipos raciales y los chistes pasadísimos de rosca, como el de la adicta al crack a la que se le caen los dientes o el brutal comentario sobre Stephen Hawkings, que hacen que la serie entre en territorio South Park constantemente. También podemos encontrar en 2 Broke Girls ese imprescindible culto al cuerpo masculino que King tanto practica. Las tres escenas en las que aparece el modelo Noah Mills están escritas para enseñarnos esa parte del cuerpo que “vuelve tontas a las chicas listas” (¡los oblícuos! nosotros sí sabemos cómo se llama, Max). Señoras y señores, ¡esto es televisión de autor!
Si 2 Broke Girls es un festival escatológico gratuito y desfasado, ¿por qué nos ha gustado tanto? La respuesta es sencilla (aunque tiene varias partes): en primer lugar, el carisma de Kat Dennings es innegable (“Estoy muerta por dentro”). La exhuberante actriz se encuentra muy cómoda en el papel de la descreída Max (apostamos a que la personalidad de Dennings construye en gran medida la de su personaje) y su química con Beth Behrs es obvia. Por otro lado, el promedio de chistes buenos (aunque en este caso ‘bueno’ no se pueda sustituir por ‘inteligente’) es muy favorable. Por último, la franqueza del producto nos conmueve. Lo que ves es lo que hay. Sin que lo pidamos, 2 Broke Girls nos devuelve el (des)encanto de la Nueva York de cartón piedra de las comedias de situación noventeras, y lo hace en un momento en el género se encuentra en pleno proceso de transformación e hibridación con los formatos dramáticos y docudramáticos. Hace unos meses mirábamos con recelo cómo las parrillas televisivas de la nueva temporada se llenaban de comedias que parecían guardadas en un cajón desde hace quince años y augurábamos un fracaso estrepitoso para todas ellas. Las astronómicas audiencias del piloto de 2 Broke Girls (obviamente impulsadas por las de Dos hombres y medio) nos obligan a replantearnos muchas cosas. Quizás después de todo este sea el año en el que las risas enlatadas reconquisten la televisión norteamericana. Invirtiendo la frase estrella de Max: Get attached. Estas chicas no se van a ir a ninguna parte todavía.