True Blood, "I’m Alive and on Fire" (4.04)

 

Alguien me decía hace poco que en esta nueva temporada de True Blood se están cortando mucho más, que no hay tantos desnudos como antes. Espero que después de ver este episodio haya cambiado de parecer. Eric lleva tres episodios sin ponerse una camisa, y Alcide regresa -esta semana sí, el episodio pasado no cuenta- por todo lo alto, con un prolongado y agradecido plano de despelote. Una hipnotizada Sookie Stackhouse se tiene que dar la vuelta antes de que el hombre lobo se quite los vaqueros -va en plan comando, claro-, pero nosotros tenemos permiso para quedarnos a verlo. Bravo por la gratuidad de la escena. ¿Para qué esconder su naturaleza? Es más, ¿se puede usar el término ‘gratuito’ hablando de esta serie? Si es un calificativo que ya de por sí me resulta innecesario y estúpido, aplicado a True Blood pierde todo su sentido.

Otra persona me decía que en estos episodios no está pasando nada. Es posible que este cuarto capítulo haya constituido un pequeño bajón de ritmo y calidad con respecto a los anteriores. Si bien no podemos decir que en “I’m Alive and on Fire” no ha ocurrido nada, sí podemos afirmar que lo que ha ocurrido no ha sido tan interesante y, sobre todo, tan divertido como lo anterior. Además, se habría agradecido si se hubiera contado en menos tiempo. Parece que nos adentramos en un tramo de receso narrativo en el que la sensación de transición se potencia. Sin embargo, esto no es razón para que los guionistas se echen a dormir. Pam podría haber dado mucho más de sí ante Marnie; la trama de Arlene pasa de ser una chorrada divertida a una tontería suprema; las escenas que nos dan a conocer mejor a Luna y su drama familiar son perezosas y prescindibles; Tara, Lafayette y Jesús se han pasado el episodio diciendo “hay que hacer algo, no tenemos tiempo”. Más de la mitad de “I’m Alive and on Fire” transcurre sin pena ni gloria, a través de breves escenas que profundizan en algunos personajes que no nos interesan -la mencionada novia de Sam, o la de Alcide, por ejemplo. Pero sigue quedando tiempo para buenos momentos.

Uno de los aspectos más positivos del episodio -con permiso de Alcide- es que la trama de Jason, o al menos su primera parte, haya concluido al fin. La cautividad del hermano de Sookie se estaba prolongando en exceso y no daba mucho más de sí. Jason se escapa de Hotshot gracias a una de las niñas del poblado, a la que convence de que debe esperar al chico y el momento ideal para perder la virginidad. Un mensaje conservador que chirriaría sobremanera de no ser porque lo escuchamos en una escena en la que una niña está a punto de ser inseminada por un hombre atado y violado en un ambiente enormemente insalubre, con el propósito de preservar una especie de hombres-pantera. Jessica y Hoyt encuentran a un Jason moribundo en la carretera, y la vampira le hace beber sangre. Esto probablemente sea el comienzo de una muy jugosa nueva trama. Quizás deberían hacer lo mismo con el resto de historias, y darles un empujón a modo de golpe de efecto o giro que abra nuevas direcciones a seguir por los personajes. Es tal vez lo que ha ocurrido con la de Tommy, capturado por su madre y su padrastro. Todo apunta a que podría ser la trama de rapto sustituta de la de Jason, además de dejar claro que Alan Ball sigue empeñado en mostrarnos la cara más deformada y sucia de la América profunda, la de los paletos descerebrados y el salvajismo enraizado en la fe y los lazos familiares.

Actualmente, Sookie y Eric siguen siendo lo mejor de True Blood. El dúo no resulta tan hilarante como en el episodio anterior -claro que también tienen menos presencia- pero protagoniza momentos memorables que siguen sacando buen partido de su química, para hacernos reír (Sookie: “Did you just pinch my butt?) o para enternecernos (Eric: “If you kiss me, I promise to be happy”). Eso sí, al igual que Buffy pertenecía a Angel -por mucho que a los fans de Spike nos duela-, Sookie es de Bill -por mucho que a los fans de Eric nos duela. Y cuando el vampiro aparece en casa de Sookie buscando a Eric, ella no puede esconder la emoción por volver a verlo. Sin embargo, si Bill pretende recuperarla, no ayuda haber dudado de la honestidad de su ex prometida -aunque ella lo merezca-, y mucho menos haberse estado tirando a su su tatara-tatara nieta. La semana que viene, con suerte, seguiremos asistiendo al acalorado baile de Sookie entre los brazos de esos tres señores. Bill, Eric, Alcide: Paquin, cómo te estarás poniendo.

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Comentarios (4)

 

  1. Antoine Doinel dice:

    Ha sido tu crónica más petarda… y coincido con todo lo expuesto. Gratuidad es un concepto que True Blood dejó atrás hace tiempo. Creo que nos podriamos cabrear si todo se ajustase a unos canones. True Blood es el mayor exceso que se puede realizar en televisión y debemos estar (y yo creo que lo estamos) agradecidos por ello.

  2. Antoine Doinel dice:

    Este episodio me ha parecido como a ti el más flojo de lo que llevamos de temporada. Puede ser que la razón sea que haya habido menos escenas de Sookie y Eric (como bien has señalado), la desaparición (casi) completa de Jessica (aunque abriendo un nuevo arco que espero de mucho que hablar) y que la escena con Pam haya sido más floja de lo habitual (que también has destacado).

  3. Antoine Doinel dice:

    Debo decir que el final de episodio me ha asustado y cabreado mucho. Tengo mucho miedo.

  4. Salva dice:

    Muy buen análisis nene!!!

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