Finale Week: Prólogo (Lost)

Ha pasado una semana desde que Perdidos nos despojó a todos de la capacidad de hablar de otra cosa que no fuera el polémico final de la serie. Una semana en la que han quedado muy claras las posturas que han dividido a sus fans. En los últimos artículos que he leído se tiende a simplificar el asunto con una clara dualidad: la perspectiva de los que veían la serie por los misterios y la historia de la isla y la de los que la veían por los personajes. Según la mayoría de críticos, bloggers y fans, si formas parte del primer grupo, el final de la serie te pareció una estafa con toda seguridad. Si por el contrario formas parte del segundo, el último episodio te habrá dejado más que satisfecho. Lo cierto es que esta idea no parece muy equivocada a tenor de las reacciones generales de los fans. Sin embargo, una semana después, y tras un segundo visionado, mantengo mi postura -incluyendo nuevos matices- con respecto a “The End“, y por ello me resulta imposible identificarme con ninguno de los dos grupos.

Se podría decir que yo veía Perdidos principalmente por los personajes -incluso se podría decir que la veía solo por Jack-, pero también por la absorbente historia de la que eran protagonistas, por los continuos juegos propuestos por los guionistas, por el placer de disfrutar de unos guiones ejemplares y la pura diversión que -salvo excepciones- esta serie me ofrecía semana a semana. Y por qué no, debo admitir que veía y disfrutaba la serie porque es sencillamente una de las más importantes -o la que más- de la década, la que más repercusión mediática ha tenido -sobre todo en Internet-, la que ha modificado completamente la manera de construir las series a lo largo de las temporadas y los hábitos en la audiencia. Perdidos es mucho más que una serie de éxito. Es un hito mediático, la piedra de toque de la Tercera Edad Dorada de la televisión. Es por ello que lo que yo básicamente demandaba del final era que despidiera la serie de la misma manera que había transcurrido: con inteligencia y audacia. Por desgracia, como ya sabéis, lo que me encontré fue un final desinspirado y torpe. Estoy harto de tener que leer que a los que no nos gustó el final es porque a) no lo entendimos b) veíamos la serie por el motivo equivocado. En mi caso, ninguna de las opciones es acertada.

Pero sería injusto continuar con la crítica negativa del episodio -sobre todo porque estaría repitiendo review-, por lo que debo reconocer que con el segundo visionado del episodio -con minutos ‘perdidos’ incluidos y en la intimidad más adecuada- “The End” revela un par de aciertos y una nueva perspectiva con respecto a la secuencia final que me acerca peligrosamente al grupo de “personas que veían la serie por los personajes y por eso les gustó el final”. Pero no nos alarmemos innecesariamente. “The End” me sigue pareciendo un fracaso en toda regla.

Lo mejor de “The End” son sus secuencias inicial y final. Los primeros minutos del episodio nos muestran a los principales personajes en las dos realidades. Un hábil montaje de planos breves llenos de emoción contenida, miradas repletas de palabras ahogadas y paz necesaria, una elocuente manera de presentarnos el desenlace de nuestros personajes después de seis años de grandilocuencia y complejidad narrativa. Todo acompañado de una variación de la pieza musical más reconocible de la serie. Precioso. Lo que viene a continuación es… nada. Eso es, una nada muy grande que ya analicé aquí. Para mí, el episodio vuelve a transcurrir entre la indiferencia más desapasionada, la indignación ante la falta de calidad y el enfado por la ausencia de esfuerzo alguno por parte de los guionistas. Al menos hasta que llegamos con Jack a la iglesia y nos encontramos con su padre. Es entonces cuando el episodio toma un cariz que en un primer visionado no logré apreciar. Las palabras de Christian Shephard clausuran la historia de estos personajes que tras vivir las experiencias que definirían sus vidas, se reunen en un lugar creado por ellos más allá de la muerte. He sido capaz de restar importancia a la simplona idea de los conceptos religiosos del purgatorio y el cielo como desenlace narrativo -de la sexta temporada, no de la serie, atención- y disfrutar de lo que pretende transmitir al fin y al cabo: la importancia que estos personajes han ejercido mutuamente en sus vidas -aunque nadie se cree lo de Sayid y Shannon. No es que no entendiese el final a la primera -estar en ese ‘saco’ con la señorita de gafas de Cuatro sería tan horrible-, sino que el impacto provocado por el momento de inflexión que nos llevó al desenlace me impidió ser capaz de sentir cualquier emoción que no fuera indignación. Debo reconocer que la segunda vez que vi a los personajes reunirse en la iglesia, sentí una congoja absoluta.

Si hace unos años nos hubieran dicho que la conclusión de Perdidos hablaría de la importancia que tienen las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y cómo algunas permanecerán con nosotros para siempre, nos habríamos reído de ellos y le habríamos dicho “perdona, ¿y entonces qué tiene que ver el oso polar con todo eso?” Pero así es. Lo que en un principio me hizo montar en cólera ahora me parece una bonita idea, a pesar de su aleatoriedad. Y sin embargo, esto supone solo un pequeño consuelo. Al final, “The End” no me ofreció lo que yo quería. Me he quejado incesantemente de las continuas exigencias de los espectadores a los guionistas, y no me he dado cuenta de que yo les demandaba algo que ha resultado ser mucho más difícil de dar de lo que parecía: calidad.

Con esta entrada inauguro la Finale Week. Como imaginaréis, a lo largo de estos días comentaré los finales de temporada de las series que sigo al día, porque aunque parezca mentira, hay otras series que merecen algo de atención estos días. En concreto, hay un final de temporada que eclipsa por completo al final de Perdidos, uno que a pesar de no haber desatado tantos comentarios por mi parte, resuena con más fuerza que Lost en mi cabeza. Para saberlo, visitad ‘El Fuerte’ a menudo esta semana. Gracias por leer 🙂

Perdidos, "The End" (6.17-18)

Tengo que tragarme tantas palabras, que si lo hago, estallaré tan fuertemente que nos veremos todos pronto en misa. La esperanza por disfrutar un gran episodio final de Perdidos era infinita. Algunos me llamaban iluso -creo que yo el primero-, pero yo sabía, en el fondo, que no era fe ciega, no era ilusión, era una certeza fundada en mi valoración de la serie a lo largo de las temporadas y en el extraordinario trabajo de los guionistas según mi parecer. Estaba seguro de que el final de Perdidos iba a ser, como mínimo, un buen episodio, y como máximo, una montaña rusa de emociones. Al final, ni una cosa ni la otra. Más bien un mojón muy, muy grande y oloroso que entró a formar parte de la historia de la televisión seis años antes de rodarse y que está dando que hablar tanto o más de lo que esperábamos -después de que el ojo de Jack se cerrase, un minuto han tardado en aparecer los fotomontajes, los chistes, los grupos de Facebook.

Y no estoy hablando de los hechos concretos que concluyen la historia, el concepto, el discurso. No voy a decir cosas como “seis años para esto” o “nos han estado tomando el pelo”. Aunque me cuesta. No lo haré por principios, porque llevo un año poniendo a caer de un burro a los que lo dicen una y otra vez, y porque en el fondo, por muy decepcionante que haya sido el final para mí, la serie está muy lejos de ser una tomadura de pelo. Es más, ahora que han pasado unas horas y estoy más calmado, puedo adoptar una perspectiva más objetiva y echando la vista atrás, no puedo más que quitarme el sombrero ante la serie que ha definido -y probablemente ha abierto y cerrado- la tercera edad dorada de la televisión. La televisión fue algo extraordinario mientras Perdidos duró. Y eso no nos lo quita nadie, ni nada. Ni siquiera un final tan horroroso.

Y yo no necesitaba respuestas, necesitaba un buen episodio. No voy a entrar en detalles. No puedo. Quizás cuando realice un segundo visionado y saque más ideas en claro -si es que las hay, porque me da la sensación de que no- puede que haga una review en condiciones. Aunque lo dudo. “The End” ha sido simplemente un episodio vacío, falto de emoción -o saturado de intentos inútiles por provocarla-, con una tensión horriblemente mal manejada, y en definitiva, un guión que parecía escrito por principiantes, o un fan fiction. “The End” es un episodio de acción en el peor sentido de la palabra. Una sucesión de escenas en las que los personajes corren mientras la isla se resquebraja, enlazada con un puñado de escenas idénticas de reencuentros y recuerdos en la realidad alternativa -yo la voy a seguir llamando así, me niego a llamarla… lo que sea. Diálogos faltos de profundidad, de cariño, de inteligencia. Resoluciones perezosas y cierres insípidos de personajes. Ni una lágrima. Y una conclusión para llevarse las manos a la cabeza. Ni siquiera Jack ha salvado la situación para mí. Perdidos acaba rompiéndome el corazón. Pero siempre hay momento para una segunda oportunidad.

Perdidos, "What They Died For" (6.16)

Jacob: I didn’t pluck any of you out of a happy existence. You were all flawed. I chose you because you were like me. You were all alone. You were all looking for something that you couldn’t find out there. I chose you because you needed this place as much as it needed you.

En esta recta final de Perdidos se las están arreglando para contentar tanto a los fagocitadores de Lost (gracias, Bertoff) ansiosos por obtener respuestas, como a los que vemos la serie principalmente por sus personajes y sus tramas -o al menos, lo está intentando, como hemos visto muchas veces, las quejas son inevitables. En este sentido, “What They Died For” es de nuevo una perfecta combinación de acción, desarrollo de personajes y cabos atados -o atándose-, además de ser el episodio de transición por excelencia, el que nos catapulta hacia el final casi sin darnos cuenta -se me hizo cortísimo. Los hay que dicen que se está cerrando todo muy apresuradamente y parece forzado. La verdad es que no hay serie que se libre de este tipo de valoraciones en sus episodios finales, y la naturaleza de Perdidos la sitúa como firme candidata para recibir todas las críticas de este tipo. Discernir si se trata de verdad de un final precipitado es a veces difícil, pero por experiencia, puedo decir que probablemente se trate del síndrome ‘necesito más episodios para vivir’. En algún momento hay que parar, y con el horizonte señalado desde hace tres años, debería ser más fácil asumir que este es el fin, y entender que la precipitación de los acontecimientos es quizás una ilusión provocada por el deseo de que Perdidos no acabe.

La escena clave para asumir que esto es el final es la entrevista de trabajo ante el fuego de Jacob a Jack, Sawyer, Kate y Hurley. Jacob -ya desprovisto de las ambigüedades que le convertían en un personaje altamente ambivalente- expone de manera explícita y sin rodeos cuál es el problema y cómo solucionarlo, además de resumir en un par de frases la esencia de los personajes de la serie. No es que el espectador no supiera nada de lo que les dice Jacob a los candidatos, pero el hecho de que estos, por fin, sepan de qué va la cosa, aporta la dosis de clausura necesaria antes de “The End”. Jack, como no podía ser de otra manera, acepta el puesto -para el alivio de Hurley, que se pregunta, como nosotros, qué habría pasado si nadie lo hubiera hecho- y bebiendo el agua que le ofrece Jacob, sella el destino que lleva asumiento desde el final de la tercera temporada, con la diferencia de que entonces Jack quería volver a la isla porque la necesitaba, y ahora está convencido de que la isla lo necesita a él -Jacob cree que una cosa no quita la otra.

Después del episodio anterior -que a pesar de las críticas resulta ser la perfecta antesala para “What They Died For”-, la ausencia de los losties se ve compensada por un episodio cargado de acontecimientos en los que todos y cada uno de ellos están involucrados. En la isla, mientras un grupo charla pacíficamente con Jacob, otro se enfrenta al Humo Negro y a Charles Widmore y Tina Fey en horas bajas. Richard vuela. Ben dice un puñado de one-liners (“Can I get you a glass of lemonade?”), y mata a Charles después de que No-Locke le amenace con matar a Penny -“He doesn’t get to save his daughter”, le dice Ben. Y Miles. ¿Miles por qué no está muerto?

En la realidad alternativa, Desmond, ese loco genial, reúne a los losties para llevárselos a un concierto. A la espera de volver a ver a Juliet -que no puede no ser la madre del hijo de Jack, pero quién sabe-, “What They Died For” nos ofrece los penúltimos lostie-cameos. Si al principio de la temporada, las apariciones de los losties en los sideflashes acabaron por saturarme, en esta recta final me están llegando a emocionar como pensé que no lo harían. Ver a Ana Lucía no es tan emocionante como ver a Danielle Rousseau -que está mucho más fea limpia-, pero contribuye a la enorme sensación de ciclo completo que me hace un nudo en el estómago continuamente. Rousseau aparece para dar cierre a Ben en la realidad alternativa y otorgarle su merecida felicidad -pobrecito, en este episodio también le dan una paliza- devolviéndole lo que perdió en la isla, a su hija -a Ben se le saltan las lágrimas, y a mí también. Cuando Juliet aparezca en plano -seguramente después de estar de espaldas un rato- prometo aplaudir. Por otra parte, John decide, en otra emotiva escena -de nuevo estupendo Terry O’Quinn-, que quiere que Action-Hero-Jack lo saque de la silla de ruedas. Todo en la realidad alternativa está dispuesto para el gran final, el encuentro en el auditorio. ¿Lo volará Desmond por los aires?

Y No-Locke revela su plan definitivo: destruir la isla -seguramente con la información secreta de Widmore y con Desmond como arma de destrucción masiva. No hay final de serie fantástica que se precie sin la destrucción absoluta del lugar que ha sido hasta ahora testigo y protagonista de la historia. Y a mí me parece una buena idea. Perdidos se acaba. ¿Qué importa ya si todo explota?

Me gusta Dexter, pero…

[Aclaración: Voy por la mitad de la segunda temporada, por lo que es muy probable que dentro de unos días, todo lo que voy a decir a continuación sea refutado por mí mismo. Puede que sea pronto para emitir juicios sobre la serie sin haber visto ni la mitad, o puede que no. Digamos que esto es una crítica in construction, y como tal, será revisada y modificada a medida que avance mi visionado. Es la magia de la tele.]

Quizás sea un problema de percepción por mi parte, pero creo que la gente se toma demasiado en serio Dexter. Y sinceramente, a mí no me parece para tanto. De la misma manera que un profesor de mi compañero de piso comentaba que Lost es una serie hecha para que la gente se sienta más inteligente de lo que es, creo que Dexter es un serie hecha para que el espectador crea que está realizando un ejercicio de reflexión sobre varios aspectos de la naturaleza del ser humano, cuando en realidad solo está siendo guiado, sin apenas implicaciones o ambigüedades, por mucho que lo parezca. Porque Dexter no es Six Feet Under, sino más bien una serie que encajaría perfectamente en la programación de las networkssi fuera adecuadamente recortada -espera, creo que eso ya ha pasado.

Los monólogos de Dexter ponen las cosas fáciles, como la serie en general. Funcionan perfectamente para aportar el tono y son un recurso estilístico bien aprovechado. Pero por lo demás, no son mucho más introspectivos que los de Meredith Grey. Como he dicho, Dexter expresa elocuentemente todo lo que siente, y nos sirve en bandeja la interpretación que debemos hacer de lo que ocurre en su cabeza. Tenemos vía libre para entrar en ella y ver TODO lo que hay. Esto no es necesariamente un problema. Es decir, no hay nada de malo en la articulación de pensamientos y emociones abstractas siempre que se haga bien -y creo que Dexter lo hace bien-, pero a mí no me gusta que piensen por mí. Cuando un personaje te conduce de la mano a través de su transformación, las ambigüedades y complejidades son expuestas tan claramente que dejan de serlo. Con Dexter siento que no hay nada más allá de lo que se muestra o de lo que se dice. Y eso, para mí sí es un problema insalvable.

No se reduce solo a los monólogos. Todas las acciones de los personajes me indican un alto nivel de manipulación de cara al espectador. Todos evolucionan a través de estrategias narrativas muy básicas, y a menudo torpes. Debra y su trauma post-Ice Truck Killer es el ejemplo más ilustrativo. La sutileza brilla por su ausencia. Pero esto sucede con todos los personajes -en esta segunda temporada que estoy visionando no hay uno solo que me resulte interesante o me caiga bien, son todos bastante bidimensionales-. Al igual que en el universo de Queer as Folk, todo el mundo es gay, en el de Dexter, casi todos están a favor de que alguien se tome la justicia por su mano y acabe con los criminales -o sea, que todos están a favor de la pena de muerte, hablando claro. De acuerdo, puede que esté exagerando. Se trata solo de una estrategia básica para introducir el conflicto de la temporada -como bien resume la contraportada del DVD, “¿Soy una buena persona que hace cosas malas o una mala persona que hace cosas buenas?” – y en este sentido, estoy contento, porque una serie como Dexter sin ese conflicto sería sencillamente inaceptable. En fin, no puedo pedir más a un relato que se manifiesta como altamente ficcional. Y en este sentido, quizás quepa la posibilidad, por mi parte, de disfrutar de Dexter como lo que parece ser, un cuento, un historia macabra para niños, con un protagonista constantemente puesto a prueba para alcanzar moralejas sobre sí mismo y el ser humano. Pero, ¿son esas moralejas moralmente aceptables? Por ahora, tengo mis dudas. Pero el tiempo lo dirá (por favor, nada de spoilers).

Dexter, afortunadamente, brilla en otros aspectos. Una vez asumido que todo lo anterior puede ser un problema personal y que probablemente la serie no pretenda más de lo que parece -más me vale convencerme, si quiero seguir viéndola-, seguiré disfrutando del entretenimiento liviano que me ofrece. Porque ante todo, Dexter no me aburre, gracias al excelente manejo de la tensión y los continuos giros argumentales -siempre bien resueltos-. Así que por ahora, no le pediré más. Al fin y al cabo, es Showtime.

Y ahora, un aparte: ¿Puede una mujer sola cargarse una serie e inducir al espectador a matar, matar, matar? Perdonadme por la foto. Sé que puede herir la sensibilidad.

La voz del pueblo (aka "Otra no-review del 6.15 de Lost")

La verdadera madre de Jacob y el Hombre de Negro mira hacia arriba
y comienza a hablar en inglés. ¿Intervención divina?

Siguiendo con mi negativa a analizar el capítulo -ya no sé si es pereza o cobardía, pero intuyo que es una mezcla de ambas-, se me ha ocurrido compartir con vosotros algunas de las opiniones más interesantes vertidas en los comentarios de la entrada sobre “Across the Sea”, para ampliar las posilidades de que leáis las interesantes opiniones de los fans de Perdidos que siguen este blog (que serán casi todos los que lean esta entrada, claro). Sí chicos, claramente voy a explotar vuestros trabajos de análisis del episodio y de la serie para elaborar la review que no he escrito.

 

Sobre “Across the Sea” y su relevancia dentro de la serie

“Es un capítulo que narrativamente no ofrece nada nuevo, y que solo da respuestas innecesarias (que lo son, casi todas), y sospecho que está hecho desde la rabia hacia los fans: ¿no queríais respuestas?, tomad, respuestas, y 42 minutos que si no existieran, no pasaría nada (…) Me parece el capítulo más aislado e independiente de Lost, y que serviría, por ejemplo, como piloto para un spin-off.” (Pocoyó)”A estas alturas creo que, personalmente, no necesito más respuestas que las que ya de por sí me dé el final de la serie” (Bertoff)

Zac Efron. O cómo la curiosidad mató a la ciencia.

“En el primer visionado me dejó más helado que en el segundo; Supongo que es por el impacto inicial de no recibir ningún impacto, de ver que las supuestas respuestas anunciadas no eran respuestas como tales o de caer en la cuenta de algo que ya sabíamos (el final no va a gustar a la mayoría y las preguntas que queden serán objeto de debate para mantener la llama de la serie y vender merchandising aprovechándose de ello, de paso) (…) Hay gente que se queja del NO nombre del hermano de Jacob. Esto es muy quejarse porque sí”. (Devilniced)

“A mí me ha gustado, me parece que esta explicación del origen de Jacob/Nemesis viene genial para desmitificar a los personajes. Si Lost al completo es la historia de cómo Jacob le pasa el relevo a alguno de los losties del Oceanic 815, “Across the Sea” es la historia de cómo Jacob consigue su trabajo. Todo sea por completar la línea temporal de los personajes de la serie, no olvidemos que Jacob y ‘el otro’ tambien forman parte del elenco”. (Taru)

Lost debería ser entretenida, es lo que le pido siempre, que no me aburra. Y esta vez no lo ha conseguido”. (Pocoyó)


¿Era realmente necesario?

“Pues a mí el flashback me parece bastante importante: mi abuela ve esta serie en VOS… os aseguro que mi abuela no se acuerda del momento en el que encontraron los cuerpos. También es verdad que mi abuela no es el target principal de Perdidos, pero me parece un detalle para todos aquellos que no tienen una memoria audiovisual como la panda de fanáticos que sigue esta serie.
El caso es que el capítulo me parece muy a cuento. Y que sea el antepenúltimo me parece maravilloso. Todo el mundo lleva desde el principio de la serie queriendo saber qué es el humo negro: pues toma, la respuesta. Viene de ahí. Es la cara oscura de la moneda. La oscuridad de la luz, el mal del bien… que estaba sin forma y sin conciencia y al pasar un humano, pudo copiarlo para ser libre (libre hasta que se da cuenta de que no lo es) y toma como propias sus inquietudes. Me encanta que se expliquen tantos detalles de los objetos: el juego, las frases (“un día tendrás un juego y tú pondrás las normas”), la botella de vino… todo que parecía tener un papel importantísimo y son detalles de la vida de dos niños y una loca. No sé, me encanta. Me encanta por lo simple y sencillo. Que tienes que aceptar que en un lugar del planeta, existe una cueva en la que se condensa el bien y el mal del mundo. Vale. Yo lo acepto. Me encanta saber quién es Jacob, porqué cuida de la isla, quién es el humo negro y porqué actúa cómo actúa. Vamos, creo que son las principales incógnitas de la serie, en general. Os las responden y protestáis (un vosotros colectivo, no personificado en los comentarios concretos). Si yo fuese guionista de esta serie, me volvería sociópata”. (Jane)

“Mi mayor problema con este episodio es que ayer me quedaban 4 horas de tv para ver a mis losties y hoy sólo me quedan 3″. (Ricardo)

Sobre la serie, en general: el impacto en la audiencia, la experiencia de ver Lost

“En mi poca experiencia, nunca una serie me ha dado para debatir tanto y de tantas maneras, comerme el coco de una forma única, no parar de elaborar teorías, tener hasta fiebre por leer spoilers, verla y re-verla, rellenar horas de vacío con material creado por fans sobre ella sólo para no dejar fría su cama en los largos periodos de escased de la misma, etc…” (Devilniced)

Érase una vez… ¿el episodio más polémico de Lost?

Lost, como muchas de las series en antena ahora mismo, pero sobre todo Lost, está hecha para que el espectador tenga la sensación de ver algo más inteligente de lo que es. Está hecha para que el espectador se sienta más inteligente. Yo no sé en qué grado llego a estar de acuerdo con esta afirmación o no, pero sí creo que esa actividad mental desmesurada se encuentra más en los fans que en la serie (que tiene sus muchos puntos interesantes, pero en general es un producto de entretenimiento puro, y no de debate filosófico ni ejercicio de crítica ni análisis ni nada). Y también creo que otras series mucho menos vistas y comentadas doblan la inteligencia de los guiones de Lost, y tienen un nivel de reflexión y análisis mucho más alto. La diferencia es que esa reflexión y ese análisis conllevan esfuerzo, conocimiento y una vida interna, mientras que el ejercicio realizado con Lost suele ser el de rellenar los huecos, unir los puntos y ordenar y desordenar las secuencias, algo mucho más divertido y fácil que lo que otras series ofrecen, claro que sí. Que conste que no desprecio ese divertimento, y soy el primero que lo disfruta, pero prefiero ser consciente de que es eso, un entretenimiento”. (Pocoyó)

“Mientras que las reflexiones que haces con otros productos pueden llegar a ser más útiles e interesantes en el contexto de tu vida, Lost (exactamente igual que los crucigramas) no pasa de ser un divertimento, y un trabajo con unas conclusiones que no pasarán del entretenimiento de un rato. También es verdad que con los crucigramas uno mejora su vocabulario, y con Lost uno aprende mucho sobre varias técnicas de escritura de guión, que luego verá más claras al ver otros productos. Cosas buenas se pueden sacar de todo! ” (Pocoyó)

“Yo creo q Lost ha triunfado por saber encontrar el equilibrio perfecto entre entretinimiento y reflexión (de pacotilla, si se me permite)” (Ricardo)

El Hombre de Negro ve su futuro

Lost es una serie de pensar dirigida al gran público. Y hace que la gente piense y se esfuerce por teorizar y tener curiosidad y está construida con una narrativa exquisita, de detalles prolongados, de dudas que se resuelven casi sin darle mayor importancia, de retomar varias temporadas después algo que hace mucho que pasó. Y está hecha de forma que el gran público lo disfrute y entre en el juego. A día de hoy, toda persona que vea la tele sabe qué es Lost“. (Jane)

“Distingamos entre simple entretenimiento y lo que va más allá, lo que hace que nos planteemos cuestiones importantes, series con las que podemos aprender de verdad cosas, y cuestionarlas, sobre todo cuestionarnos lo que teníamos como cierto.
Lo cierto es que Lost a veces consigue entrar en ese terreno, y ahí está el debate entre la fe y la ciencia, y lo que es más importante, la conclusión a la que estamos llegando cada vez con más certeza (la fe es el camino, la ciencia está equivocada). Es un mensaje, que está ahí, y al que pocos dan importancia, porque están entreteniéndose, y sintiéndose muy inteligentes en muchos casos, buscando anagramas y recogiendo misterios sin resolver.
En definitiva, que esto ya no es ni un debate ni es ná, porque estamos todos de acuerdo, que Lost ofrece varias lecturas, y la mayoría de los fans se quedan en la más superficial, y quizá por esa visión más simple y amena Lost ha triunfado de este modo. ¿De qué estábamos hablando? (Pocoyó)

Jack no llora en “Across the Sea”. Pero plantea el debate más trascendental:
¿Jack oso o Jack depilado y a dieta?

Perdidos, "Across the Sea" (6.15)

“Cada pregunta que conteste llevará a otra pregunta”

Y es lo que hay. Lo que siempre ha sido. Y a pesar de que lo sabemos, seguimos quejándonos. Seguimos hablando de los guionistas de Perdidos como si fueran funcionarios al servicio de la audiencia, como si no fueran los absolutos demiurgos narrativos que son. Quedan dos capítulos, y aún hay mucha gente que piensa que Perdidos es como un libro de “Elige tu aventura”. A estas alturas, ya debería quedar claro que el control creativo de la serie está en sus guionistas, no en nosotros, y que, a pesar de que la audiencia ha sido muy importante para el desarrollo de la serie (y su lógico estiramiento a lo largo de los años), al final, los que tienen siempre la sartén por el mango son ellos. Si no te gustan las respuestas que te ofrecen, no quiere decir necesariamente que ellos no las hayan sabido dar, o que no tuvieran todo planeado desde el principio (Dios, no quiero volver a entrar en ese ridículo debate, como tampoco quiero discutir la dudosa decisión de poner ese flashback al final del episodio), es que estas son estas las respuestas que hay, las que ellos nos quieren dar. El problema es tuyo, no suyo. Nos lo llevan avisando (muy hábil y sutilmente) muchos capítulos: “colocamos un faro aquí porque nos viene bien, y articulamos la razón en palabras de Hurley; matamos a este personaje porque ya no nos sirve, y os lo decimos a través de Ben; y ahora os ofrecemos la historia que os desvelará el origen de Jacob y el Humo Negro y os avisamos de que va a desencadenar una nueva serie de preguntas”. Perdidos es más metalingüística que nunca. Pero por más que los guionistas se manifiestan como el poder narrativo absoluto de Perdidos, nosotros seguimos demandando lo que queremos y rellenando hojas de reclamaciones cuando algo no nos tiene contentos. Y es completamente lícito quejarse, pero antes deberíamos reflexionar un poco.

Esta semana no voy a hacer un análisis a fondo del capítulo -bueno, ¿lo hago alguna vez? Podría escribir aquí todas las nuevas preguntas que plantea la historia de Jacob y su hermano, pero me parece una estupidez -no va a haber un episodio como este, que nos dé las respuestas. Prefiero dejar “Across the Sea” tal y como está en mi mente, y saborear esta parábola del bien y del mal como un corderito amansado por Carlton Cuse y Damon Lindelof. Y para ello, me quedo con la idea de la fe por encima de la ciencia -aplicada a la ciencia ficción. Porque al final, la madre coraje de la isla mata a la ciencia y pone a la fe “al mando”, y con esto, Cuse y Lindelof nos están diciendo claramente que para respuestas científicas y lógicas matemáticas nos vayamos a Numb3rs. Yo estoy dispuesto a depositar en Perdidos toda la fe que me falta en el mundo real -y de hecho, llevo haciéndolo mucho tiempo. Es necesario que, como Jack, todos nos convirtamos en hombres de fe.

Futurama futurible

Marquen sus calendarios: 24 de junio de 2010. No queda nada para el regreso de una de las series de culto más admiradas de la televisión. Hace unos días, la cadena que emite la serie en Estados Unidos, Comedy Central, anunciaba la fecha de estreno y el título del primer episodio -doble- de la sexta temporada de Futurama: “Rebirth”, y ofrecía la primera imagen oficial (la que tenéis aquí arriba).

Además, el productor ejecutivo y principal guionista de la serie, David X. Cohen, ha declarado que aunque el episodio continúe donde el cliffhanger de la última película lo dejó, “Rebirth” se centrará en la relación de Fry y Leela. Y esto… me encanta. Yo soy fan de esta relación. Es más, soy muy fan de que haya relaciones amorosas en Futurama, y no de las estáticas, sino de las que evolucionan, se rompen y se reconstruyen. Este es uno de los elementos que distancia la serie futurista de Groening del resto de comedias adultas de animación: una mayor dosis de serialidad. Futurama está lejos de ser un serial, pero algunos cambios en las biografías de los personajes -junto con una trama principal a la que regresan periódicamente- aportan un dinamismo a las tramas que contribuyen al culto de la serie más allá de gags antológicos o escenas carne de youtube. Algo de lo que carecen, por ejemplo, las series de Seth McFarlane -que para ver durante la comida sirven, pero para todo lo demás, no.

Como sabéis, Groening y Cohen desarrollaron una serie de películas que se fueron estrenando exclusivamente en DVD -y solo las dos últimas en Blu-Ray- entre 2007 y 2009. A pesar de estar concebidas como largos, con una gran trama por entrega, estaba claro que cada una de ellas estaba convenientemente dividida en cuatro ‘actos’, que permitían el posible estreno de las películas en televisión como una temporada de 16 episodios. Sin embargo, el anuncio de una sexta temporada oficial hizo descartar esta idea -al menos por ahora. Ya tenemos una sexta temporada oficial. Las películas de Futurama quedan como tal: películas, auténticos regalos a los fans de la serie.

Comedy Central, con motivo del estreno, ha preparado una cuenta atrás en su página web, y nos está enseñando una imagen de la nueva temporada por día -excluidos los fines de semana-, que hasta ahora han sido bocetos en su mayoría. Otro detalle para hacer más agradable la espera a los fans. Ahora lo que procede es hacer un maratón de episodios y películas de Futurama, para que todos nos acordemos de lo buena que es -y nos demos un batacazo más histórico en caso de que el estreno de la sexta no esté a la altura. Esperemos que el renacimiento de la serie no sea el inicio del declive Futurama, que en sus cuatro años de andadura no le dio tiempo a bajar el listón- aunque las películas, cada una peor que la anterior, sí mostraron ciertos síntomas de agotamiento. Solo cabe cruzar los dedos y desear que los guionistas de Futurama no se hayan sethmacfarlanizado.

Damages: sin daños ni perjuicios

La ausencia de noticias que confirmen o desmientan el futuro del drama legal Damages en la cadena Direct TV -que se rumoreaba iba a continuar la serie donde FX la ha dejado- es la señal definitiva para dar por olvidada la idea de ver una cuarta temporada. Pero, ¿nos importa? A tenor del último episodio -emitido hace ya tres semanas-, no mucho.

Desde el inicio de la tercera temporada, las campanas de la cancelación han estado sonando insistentemente. Las desastrosas audiencias -por debajo del millón de espectadores- han resultado en un inevitable desinterés por parte de la FX, que no está dispuesta a mantener la serie en antena, por muy aclamada por la crítica que sea, y por muchos premios que haya recibido. Claro que la serie se ganó los laureles por una estupenda primera temporada, y lo que vino después, remotamente lejos de ser malo, no fue más que un estiramiento de la historia, que se bifurcó en otras tramas secundarias no muy interesantes.

Mientras que la segunda temporada consiguió arrastrar el ritmo emocionante de la primera a pesar de esta multiplicación de tramas y personajes, la tercera no ha logrado mantener el tipo, y a excepción de unos cuantos episodios, ha transcurrido entre el aburrimiento y la indiferencia. Dos elementos, sin embargo, han salvado a la serie de terminar su andadura, como dicen los angloparlantes, with a whimper: la excelente resolución de la temporada-como no podía ser menos- y las siempre fascinantes Patty Hewes (Glenn Close) y Ellen Parsons (Rose Byrne), que han llevando el peso de la serie hasta el final -con lo que el mal, en realidad, es menor.

Como decíamos, el episodio final resuelve todas las tramas abiertas de la temporada -y de la serie- y repitiendo el asombroso ejercicio de deconstrucción narrativa de las dos anteriores, hace que todo tenga sentido, permitiéndose, como siempre, añadir información a última hora, detalles que cambian la perspectiva y destruyen las asunciones hechas por el espectador. Por ejemplo, la muerte de Tom (Tate Donovan). Desde hacía varios episodios, todos teníamos la certeza de que se había tirado -o le habían tirado- al río, cuando la realidad es mucho más macabra: muere ahogado por Leonard Winstone (Martin Short) en la taza del váter. Mucho, mucho mejor. O los perturbadores y preciosos sueños de Patty, que adquieren sentido con la revelación, a través de un flash-back altamente onírico, del aborto auto inducido como escape a una vida familiar que le impidiese llevar a cabo su sueño en la gran ciudad.

El caso que ha ocupado la temporada -recordemos que cada tanda de episodios corresponde con un gran caso investigado por el bufete de Patty Hewes- ha dado buenos momentos, y buenos personajes -algunos geniales, como el mencionado Leonard Winstone o el policía que interroga a Patty en los flash-forwards-, pero no ha conseguido estar a la altura de lo anterior. Quizás para suplir esto, -quizás no- los guionistas han ampliado las biografías de los protagonistas, con algunas tramas que, a pesar de concluir satisfactoriamente en “The Next One’s Gonna Go in Your Throat”, no han aportado nada a la serie. Las vidas familiares de Patty y Ellen han dado momentos que parecían desorientados y de relleno -los problemas con la droga de la hermana de Ellen, la trama secundaria del hijo de Patty y su novia-, pero han adquirido sentido completo una vez expuesta la conclusión de la serie: la ambición profesional y la familia no son compatibles. Sin embargo, no todas las tramas secundarias acaban siendo justificadas por el final: La historia de Arthur Frobisher (Ted Danson) lleva ligeramente a la serie hacia terrenos de auto reflexión, pero la clásica trama de ‘hagamos una película basada en lo ocurrido’ no funciona. La historia de redención de Frobisher ha estado de más.

Damages no ha sido perfecta, pero la profunda sensación de uniformidad de cada una de sus tres temporadas -idóneas para los cinéfilos reacios a probar con la ficción televisiva- y los excelentes trabajos interpretativos de todos sus actores nos dejan un producto final de gran calidad, con una conclusión satisfactoria que no necesita continuación. Por lo tanto, y ya que Patty no quiere contestar, en nuestro caso sí ha merecido la pena.

Despliegue publicitario de True Blood

True Ads

Si nos basamos en lo ocurrido el verano pasado a nivel de márketing, todo apunta a que la tercera temporada de True Blood, que se estrena en Estados Unidos el próximo 13 de junio, volverá a romper récords de audiencia. La campaña viral que los de HBO pusieron en marcha el año pasado dio los mejores resultados pensables. A la publicidad convencional se sumó una macro-campaña en Facebook (con una análoga en Twitter) que nos enganchó a muchos rápidamente (igual de rápidamente que nos desenganchó, todo hay que decirlo). Uno podía hacerse amigo de cualquier habitante de Bon Temps, por muy secundario que fuera, por muy poco factible fuera que ese personaje supiera usar un ordenador, y seguir sus andanzas en la red social. Algunos hasta te pedían amistad a ti (qué desesperados llegaron a parecer). Un despliegue publicitario que no tardó poco en saturarnos (los de True Blood nos tenían monopolizado el muro), pero que dio sus frutos: la gente comentaba los eventos de los episodios de cada semana con los protagonistas, y estos les seguían el juego, dando pistas sobre lo que iba a ocurrir (era divertido para muchos), y sobre todo, contribuyó al aumento progresivo de la audiencia, al alza con cada episodio.

Este año no estoy al tanto de lo que se cuece en Facebook, pero sí me estoy divirtiendo mucho con la campaña de publicidad en Internet. Por una parte están los minisodes (estrenados en la cadena, pero difundidos masivamente por Internet),bajo el título común A Drop of True Blood, que como su propio nombre indica, son episodios de duración reducida, centrados cada uno en un personaje (o dos). De momento se han estrenado dos, uno centrado en Eric y Pam (nada del otro mundo), y otro protagonizado por Jessica (este ya está mejor). Y un método publicitario más convencional son los pósters (aunque los webisodios ya son práctica habitual de muchas series). Hasta la fecha, son siete pósters promocionales los que la HBO ha desvelado. Algunos mejores que otros, todos desvelan un interés por seguir ofreciendo el producto más fresco de la televisión (que lo sea o no, ya es otra cosa), generando cierta expectación en torno a la propia campaña. De momento, mis favoritos son VILF (2), Missing (5) y Vamp Stamp (7). La página oficial de HBO los va publicando para descargar en alta calidad. Yo me los he descargado de allí. A continuación, los siete, uno detrás de otro.

Pero antes detengámonos brevemente en la promo de grupo (que ya habrá sido comentada hasta la saciedad). ¿Qué nos dice esta sugerente foto? A primera vista, muchas cosas: más protagonismo para Pam, Eric situado en el centro de la foto (más protagonismo para Eric, ¿no?), el lobo al fondo (ya podrían haber sacado al actor que interpreta a Alcide, Joe Manganiello), una serpiente entre las piernas de Jessica (un spin-off para Jessica, por favor), y muchas miradas de complicidad, de deseo, de lujuria… Queda menos de un mes, y el síndrome de abstinencia se hace cada vez más insoportable. La publicidad funciona.








Perdidos, "The Candidate" (6.14)

La muerte os sienta tan bien

Poco podemos reflexionar tras un episodio como “TheCandidate“, donde la acción más pura recoge el testigo de la relativa calma y el enredo argumental de los anteriores. La segunda mitad del episodio es un [insertar expresión equivalente a tour de force, pero que esté menos trillada] en el que tememos por la vida de todos y cada uno de los personajes. Otra prueba más de que los guionistas nos tienen atrapados en sus redes. Una de las claves de su trabajo es el manejo astuto de las certezas del espectador, las que ellos mismos nos imprimen. Me explico. Con cada episodio, nos conducen hacia teorías sobre la isla, los personajes, sobre lo que está pasando, y nos hacen llegar a (ilusas) conclusiones que ellos mismos refutarán convenientemente uno, dos, o veinte episodios más tarde (sin restar coherencia al conjunto). Es el caso de los seis candidatos. No sé si soy el único, pero esos nombres en la cueva me transportaron a un lugar cómodo y seguro en el que yo sabía que ninguno de ellos iba a morir, al menos hasta el final. Pero me equivocaba. Precisamente porque es una de las pocas cosas que podemos tener seguras en Perdidos (porque ellos se encargan de convencernos), los guionistas juegan con más soltura que nunca la baza de la sorpresa y el golpe de efecto, que tan agotada ha llegado a estar en la serie. Cuatro muertes. Jin, Sun y Sayid, tres de los protagonistas desde el primer episodio (y tres candidatos), y Lapidus, uno de los secundarios-extras más simpáticos (que yo creía que los sobreviviría a todos). Nos han pillado con la guardia por los suelos, y ¡zas!

Y la culpa de todo la tiene No-Locke. Ahora ya no quiere reunir a todos para marcharse de la isla y dejar la botella abierta, sino que se los quiere cargar, porque según la teoría de Jack, no puede salir de la isla a menos que estén todos muertos. Yo, a estas alturas, confío en Jack, aunque no ostente el récord de aciertos en la isla. Sawyer, por desgracia, no. La escena del submarino, que ocupa el último cuarto de hora de “The Candidate” es una de las escenas más emocionantes de toda la serie. El manejo de la tensión es ejemplar, y a esto contribuye sin duda… ¡la bomba con cuenta atrás! (cómo me he acordado de Buffy, y de Alias, por supuesto). Con todos los personajes atrapados, apenas tres minutos para que la bomba explote, con Kate gravemente herida y sin tiempo para salir a la superficie, Jack vuelve a pedir un acto de fe. Pero Sawyer es un hombre de acción, y si antes no confiaba en Jack, ahora que es un Locke reencarnado, menos aún.

Menos mal que zombiSayid andaba por ahí. La muerte de Jarrah pasa sin pena ni gloria (es uno de los momentos más endebles técnicamente del episodio), a pesar de suponer varias cosas muy importantes para el personaje: como Reyes teorizaba, se puede salir del lado oscuro por voluntad propia, y Sayid lo hace en un acto de sacrificio redentor que debe bastar para hacer descansar en paz al ex torturador. Pero la muerte de Sayid se ve pronto eclipsada por todo lo que desencadena la explosión. Y sobre todo, por el momento ¿lo digo?… venga, el momento Titanic protagonizado por Jin y Sun. Cómo me equivocaba cuando dije en mi anterior review que después del ansiado reencuentro de los Kwon, lo que pasase después sería lo de menos. Muchos pensaron que el reencuentro del matrimonio se iba a ver frustrado por algún balazo de los de Widmore o por las vallas electrificadas. Parecía obvio que ese sería el golpe de efecto maestro del episodio, reunir a Jin y Sun para matarlos en la misma escena. Pues bien, aunque esto no ocurrió, la teoría no andaba desencaminada. Un episodio después, los dos mueren ahogados en el submarino. Aunque los veamos con toda seguridad en los sideflashes (y aunque nos quede la remota posibilidad de que alguien los salve en el ultimísimo momento), no es como una de tantas muertes que nos han insensibilizado a lo largo de la serie, sino que se siente definitiva, y por eso duele más. Más unidos que nunca (idea que viene a representar en cierta manera el idioma inglés, ya en común, lo que más los distanciaba en la isla antes de separarse), se dicen “I love you“, después de que Jin vuelva a prometer a Sun que no la dejará nunca más (esta vez en koreano), mientras suena la pieza musical más triste de la banda sonora de Perdidos. Y para rematar, uno de los planos más devastadores que recuerdo: solo la muerte será capaz de separar a los Kwon.

Por lo demás, Perdidos sigue completando ciclos. Lo vemos en las continuas regresiones a las primeras temporadas, y en los sideflashes, donde Jack comienza a deducir que algo raro ocurre (sin necesidad de amor, ni experiencia cercana a la muerte). El doctor Shephard crea lazos con su hermana Claire, y ambos se miran al espejo (Pocoyó tiene la teoría de que al final, tendrán que atravesar un espejo, y no me parece descabellada). Después, Jack trata de recomponer a un Locke destrozado (gran Terry O’Quinn, no me convencía así desde la primera temporada), intentando ilusamente convencerle para que siga su filosofía de vida, que ni él mismo entiende:

Jack: What happened, happened. And you can let it go.
John: What makes you think letting go is so easy?
Jack: It‘s not. In fact, I don’t really know how to do it myself. And that‘s why I was hoping that maybe you could go first.
John: Goodbye, doctor Shephard.

Y mientras Jack intenta salvar sin éxito a Locke en la realidad alternativa (mirad la descorazonadora sonrisa de ilusión y certeza después de darle el consejo a John), consigue salvar de la muerte a Sawyer en la isla (verás cuando se despierte y vea la que ha liado). Como veíamos en el capítulo anterior, el doctor sigue cumpliendo paso a paso el manual para convertirse en héroe. Y permitidme que una semana más haga referencia al tema, pero es que en “The Candidate“, Jack llora también, y además, llora mucho. Y lo que es mejor, no solo él llora. Se agradece una escena dedicada exclusivamente a mostrar el dolor de los personajes tras una muerte, algo que no se suele hacer (también es verdad que ni hay tiempo, ni todas las muertes conllevan una reacción de este tipo. Jin y Sun eran especiales, para nosotros, y para ellos). Lo más gracioso es que mientras Kate y Hurley lloran por la muerte de Jin y Sun (a Sayid que le den), Jack se retira a la orilla a sollozar como un niño sin que lo vean los demás (nosotros sí lo vemos, total, estamos muy acostumbrados a ver al héroe de la película lloriquear). Y a todo esto, con todas las emociones provocadas por los eventos del submarino, nadie se acuerda de la pobre Claire después de que Sawyer cerrase el submarino dejándola tirada (a él no le bastaba con intentarlo una vez). No puedo con lo mal que la están tratando. Niña, saca el hacha, que se enteren de quién es Crazy Claire.