¿Qué estáis haciendo?

Algunas veces lo mejor es dejar a los secundarios detrás de sus mesas. Si no, te arriesgas a caer en despropósitos como la escena del restaurante de “Secretary’s Day” (6.21). A mí no me jodáis a un personaje como Erin de esta manera, ¿eh?

Esperemos que para la séptima temporada, The Office recupere un poco el rumbo.

Clásicos recuperados: Freaks & Geeks

John Hughes estaría orgulloso

Creada por Paul Feig, en colaboración con Judd Apatow, Freaks & Geeks nace al final de la década de los noventa a la sombra de otras series sobre adolescentes, como Dawson crece (1998-2003). Hasta el momento, los dramas centrados en las vidas de un grupo de adolescentes no habían conseguido aunar el favor de la crítica y el público. Freaks & Geeks continuaría, por desgracia, esta tradición. A pesar de un entusiasta colectivo de seguidores y unas críticas más que decentes, la serie de Feig se daba semana a semana de bruces con la realidad: la gente prefería evadirse con ¿Quién quiere ser millonario? antes que con un grupo de adolescentes marginados a los que, no nos engañemos, semana a semana no les pasaba nada. Si nos fijamos en los dramas norteamericanos en prime time, todos se apoyaban (y se apoyan) en una acusada serialidad, que si bien permitía elaborar tramas episódicas, enganchaba al espectador con cliffhangers e historias románticas que se desarrollaban a lo largo de los episodios.

Freaks & Geeks nacía como una serie fuertemente anclada en la realidad, con mayores dosis de costumbrismo y pocos artificios narrativos. Los “romances” de la serie nunca llegaban a pasar a primer plano, y cuando lo hacían, no respondían a los cánones, sino que más bien se convertían en historias extrañas y algo incómodas, propias de series como The Office (de la que Feig dirigiría más tarde un buen número de episodios). Los episodios solían cerrar una historia concreta que podía influir en los siguientes, pero que no daba pie a la elaboración de arcos argumentales que ocupasen varios episodios (solo el descubrimiento de la infidelidad del padre de Neil, a mitad de la temporada, se acercaría a esto). Además, la serie rara vez recurría a los temas polémicos que veíamos en otras series, como la mencionada Dawson crece. En Freaks & Geeks, ningún adolescente iniciaba un romance prohibido con una profesora. Es más, en Freaks & Geeks, todos los adolescentes despreciaban y trataban con recelo y distancia a sus profesores y guías académicos. Es por todo esto, quizás, que la serie no se convirtió en un éxito de audiencia. Está claro que este tipo de historias llegan a un sector muy reducido de la audiencia, y la cadena en la que se emitía, NBC, no se contentaba con tener a un apasionado grupo de freaks y geeks siguiendo la serie todas las semanas. Es la misma historia de siempre. La serie se canceló dos días después de la emisión del episodio 1.13, “Chokinand Tokin” (dando tiempo suficiente para que el último episodio constituyese un final para la serie y esta no quedase incompleta como tantas otras series canceladas). Feig confiesa en la edición en DVD de la serie que quizás el hecho de que el episodio se centrase en el habitual consumo de marihuana de los freaks (sin apenas interés moralizante) y llevase a uno de los geeks (Bill) a una experiencia cercana a la muerte, fue una de las razones de la cancelación.

Como ya sucedería con otras series canceladas antes de tiempo (My So-Called Life, Firefly), el culto de Freaks & Geeks fue tan poderoso, que la serie se mantendría en el candelero mucho tiempo, convirtiéndose en un referente indispensable del drama adolescente de calidad en la televisión norteamericana. La serie cuenta con dos ediciones en DVD. La primera de ellas llevó cuatro años en ser completada, puesto que los creadores se negaban a sacar la serie cambiando la música (práctica habitual en Estados Unidos, debido a los problemas con los derechos de las canciones). Más tarde se editaría una edición para coleccionistas (Yearbook Edition) que emulaba la forma del anuario del Instituto McKinley y llevaba horas y horas de contenido extra, ideales para el fan más completista. Se sentía el amor de Feig y Apatow por su creación, y por los que la habían apoyado hasta el final.

Freaks & Geeks cuenta la historia de dos hermanos, los Weir, y su día a día en el instituto durante el curso escolar 1980-81. Sam, el pequeño, forma parte de los geeks, los apestados del instituto, fanáticos de Star Wars y Dragones & Mazmorras, castigados a diario por manifestar físicamente el complicado paso de la pubertad a la adolescencia (de la ausencia de vello en las axilas de Sam se ríen hasta sus amigos). Lindsay, la hermana mayor, está en el último año de instituto. Hasta el momento había sido la estudiante ejemplar (era la mejor de los mathletes), pero luchando en su paso de la adolescencia a la adultez, Lindsay decide romper con su pasado y se acerca a los freaks, el grupo de marginados sociales que, al contrario que los geeks, son populares por su estilo de vida alternativo y su resistencia a adherirse a las normas sociales. A través de los 18 fantásticos episodios que conforman Freaks & Geeks, asistimos a la evolución de estos dos hermanos, que luchan por ser aceptados y encontrar su identidad. La de Lindsay es una historia más satisfactoria. Ella debe luchar a diario con el pasado que la acecha en los pasillos del instituto. Este pasado empollón y recatado viene representado por su antigua amiga Millie, uno de los mejores personajes de la serie, que a menudo pone patas arriba los débiles argumentos que la unen a los freaks. Sin duda, Angela Chase (Claire Danes en My So-Called Life) es el antecedente más inmediato de Lindsay. Ambas series vienen a contarnos más o menos lo mismo a través de sus protagonistas. Aunque el hilo conductor de My So-Called Life era el amor de Angela por Jordan Catalano, ambas series podían resumirse como “historias sobre adolescentes que se buscan a sí mismos”.

Uno de los aciertos de Freaks & Geeks con respecto a My So-Called Life fue la descarga de protagonismo de los padres de los adolescentes. Si bien en Freaks & Geeks se podía hablar de falta de profundidad en las figuras paternas (algo parecido, aunque no tan extremo, a lo que sucedía en la primera temporada de Skins), se agradecía que los padres de Sam y Lindsay no fueran más que secundarios que aparecían en pantalla lo justo y necesario para dar sentido (y a menudo solucionar) los conflictos emocionales de sus hijos. Un abrazo de Sam o Lindsay a su padre (genial Joe Flaherty) en el momento justo, nos contaba mucho más de su relación con sus padres que cualquier trama de adulterio o crisis matrimonial en Dawson crece o The OC. Esta puede ser otra de las claves de la cancelación. Por lo general, las serie de adolescentes en prime time incorporan tramas “adultas” para no restringir la audiencia y atraer a un espectro mayor de la población. Pero esto no suele ser suficiente para asegurar el éxito. Por lo general, una serie de adolescentes en prime time en una network siempre será un caso perdido.

Está claro que Freaks & Geeks es una serie con la que sería más fácil identificarse de haber crecido entre taquillas de instituto. Pero como ya hizo John Hughes en los 80, Feig y Apatow consiguen universalizar los conflictos de los adolescentes y los acercan a todas las sensibilidades (o si no lo hacen ellos, ya ponemos nosotros de nuestra parte). Porque freaks y geeks hay en todos los institutos de todo el mundo, y cabe la gran posibilidad de que si estás leyendo esto, tú fueras uno de ellos. Víctimas de bullying, empollones, trekkies, calculines y desastres en educación física, una vez superados los problemas de identidad (aunque queden resquicios), una vez convertidos en adultos (o algo parecido), el visionado de series como Freaks & Geeks (o de películas como El club de los cinco o Superbad) es un visionado pleno. Por eso quizás es tan complicado encontrar una serie de adolescentes que sea buena, porque las que lo son, no son para ellos. Son para nosotros.

Treme-bunda

“In accordance with university policy”: I mean, look at this, it’s unbelievable. Two departments, like that. 160 tenured professors. How can they do that? Well, they can, and they have and they will. It is a done deal. Civil engineering, computer engineering, electrical engineering, mechanical engineering, Computer science. I mean, sure. Why would the university train people who know how to build things like, say, computer systems, power grids, levees? Hey, who needs them? I mean, look at what they’re keeping. Musical theatre, Digital media, Medieval studies, Women’s studies, Jewish studies, African studies. It’s all about identity. Let’s not learn how to actually do anything. Let’s just sit and contemplate the glory of me in all my complexities. Who am I? I am a black Jewish woman, hear me roar. (Creighton Bernette, Treme, “Meet De Boys on the Battlefront”, 1.02).

Genial. Genial. Genial. Esto es solo un ejemplo del poder Treme y sus diálogos perfectos. Si el piloto nos sirvió para adentrarnos en Nueva Orleans e infectarnos con su espíritu, su música, su comida, en definitiva, hacernos una idea general, el segundo episodio nos presenta más detenidamente a los personajes, ligeramente más descontextualizados del mundo que los rodea, y más inmersos en sus micro-esferas familiares y laborales. Todo ello sin dejar de hablarnos en cada fotograma de Nueva Orleans, de su identidad, de su fuerza, de su supervivencia. Demasiado buena para ser “real”.

Sophie

Qué lástima. A ciertas luces, parece usted una estrella de cine.

Gracias a la Aliciaen el País de las Maravillas de Tim Burton, la popularidad de Mia Wasikowska ha aumentado de la noche a la mañana, resultado más de la gran influencia del director norteamericano en nuestra sociedad que de su trabajo interpretativo en la película. Es lo que hay. La joven actriz es una buena Alicia, pero la película de Burton no es el mejor vehículo para mostrar sus aptitudes interpretativas.

Mia despunta en Hollywood y en el mundo entero, que la recibe como una recién llegada. Pero ella ya es una veterana. Y no por tener un amplio currículum (tiene solo 21 años), sino por haber ofrecido ya una interpretación de las que hacen una carrera. Me refiero a su Sophie de In Treatment. En la serie de HBO, un psicólogo interpretado por Gabriel Byrne mantiene sesiones de psicoterapia con cuatro pacientes (para concluir la semana acudiendo él mismo a su propia terapia con Gina, interpretada por Dianne Wiest). Cada sesión se emite un día de la semana (In Treatment es el único drama de este arriesgado formato en la televisión norteamericana). Sophie es la paciente de los miércoles. Atentar a describir a Sophie sería una tarea inútil y resultaría en algo mucho más vacío de lo que en realidad es. Para conocerla, lo mejor es adentrarse en su psyche a través de los nueve magníficos episodios que cuentan su historia. Así que os animo a descubrirla por vosotros mismos, junto al resto de personajes (todos geniales). Dejémoslo en que Sophie es una de las adolescentes más fascinantes que yo haya visto representadas tanto en la pequeña como en la gran pantalla. Sin exagerar.

La octava sesión de Sophie comienza con la adolescente en el suelo de la consulta de Paul, rodeada de pañuelos usados, llorando porque no es capaz de decirle una palabra a su madre. A lo que asistimos después es a media hora (una de las más intensas de la serie, y desde luego, la más preciosa hasta el momento) de la Sophie más visceral y desbordante, el clímax de la increíble construcción de un personaje. Del llanto más desconsolado a la sonrisa más descorazonadora, Mia no da tregua, y tiene la capacidad de derrumbar emocionalmente a cualquiera lanzando un beso al aire. Vamos, a mí me dejó completamente K.O.

Con suerte, cuando la burbuja de Alicia explote (puede que lo haya hecho ya), Mia será capaz de desarrollar una carrera en la que pueda volver a demostrar su talento natural sin que un universo digital se la trague. Es una pena que su trabajo en la televisión no cuente para muchos. De momento, podremos disfrutar de ella en la última película de Gus Van Sant, Restless, el próximo año. Esperemos que no desaproveche la oportunidad.

Perdidos, "The Last Recruit" (6.13)

Jack los salvará a todos

El éxodo final da comienzo definitivamente en “TheLastRecruit“, episodio en el que tramas y personajes convergen adecuadamente para intensificar, aún más si cabe, la sensación de inminente final. ¿Quién no está contento con la temporada a estas alturas? Disipado el miedo de que la sexta podía no llevar a ninguna parte, y cada vez más seguros de que estamos presenciando un desenlace coherente con las cinco temporadas anteriores (en la medida de lo posible), nos unimos a los losties en su aventura definitiva, la que los sacará de la isla. Eso sí, seguimos sin tener claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Todo lo que rodea a Jacob y el Humo Negro está salpicando la historia de una incertidumbre exasperante (y emocionante), que juega con nosotros como si fuéramos una pelota de pingpong. Pero así es Perdidos, ya lo sabéis, una de cal y otra de arena. Si no, no tendría gracia.

Esta semana, la trama del episodio combina, como es habitual, acción y desarrollo de personajes magistralmente. Es decir, otros cuarenta minutos que constituyen una lección sobre guión para televisión. Veamos cómo avanza la historia a través de los personajes, todos protagonistas absolutos de uno de esos episodios corales que tanto nos gustan. Y todos en proceso de cambio, como expone Jack: “Guess were all different now“.

Desmond aparca temporalmente su empleo como Cupido de la realidad alternativa para hacer directamente de Dios. En esta ocasión une a Claire y Jack tras una escena bastante perturbadora: Desmond acosa a Claire para que le acompañe a ver a su abogada (¡Ilana! ¿Veis? No les hacía falta en la isla, pero en los sideflashes sí), que la está buscando para reunirla con su hermano. Claire acepta ante la insistencia casi psicópata de un Desmond un poco asesino en serie (puede que sea solo yo, pero la escena me ha parecido enervante) y los hermanos se conocen (Jack casi llora). Es el destino, claro, para qué resistirse.

Crazy Claire es genial, no me cansaré de decirlo. Nunca sabes si va a abrazarte o a clavarte un cuchillo. Como Ben en su episodio de esta temporada (y un poco como Jack siempre), Claire es en “The Last Recruit” más niña que nunca. Ahora es una paria de escuela primaria, la apestada que se queda la última cuando hay que elegir equipos en Educación Física, la niña con piojos a la que sientan en un pupitre aparte y a la que todos hacen el vacío (hecho verídico). Sawyer quiere hacerle la guarrada de dejarla en la isla porque está loca. Sawyer malo. Menos mal que está Kate, que tiene una culpabilidad encima más grande que la de Sayid, y la invita a unirse a ellos en su huida hacia la isla Hydra.

Kate lo dice bien claro, volvió a la isla exclusivamente para reunir a Claire y su hijo, Aaron. Por desgracia para Kate, no se trataba de una misión simple (no contaba con Crazy Claire). Aunque por ahora, todo va bien. Claire perdona a Kate y acepta su invitación a salir de la isla. Claro que es un poco tarde para Kate, que desbanca a Jack como el personaje más perdido de Perdidos. Solo tiene claro que quiere salir de la isla con Claire. Por lo demás, Kate sigue sin saber qué quiere, quién es. Las calabazas de Sawyer al principio de la temporada la desorientaron por completo. El cambio de Kate aún está por llegar. Si es que llega.

Sawyer sí ha cambiado. Sin embargo, su cambio es una regresión al Sawyer que conocimos en la primera temporada, un hombre al que solo le importaba una cosa: él mismo. Bueno, vale, hay más, no es justo simplificarlo de esta manera. Está claro que sin Juliet, Sawyer no tiene motivos para seguir siendo LaFleur, así que lo lógico es que vuelva a ser el egoísta macarra de antaño,encarnación absoluta del Sálvese quien pueda (el inglés, Every man for himself, tiene más sentido aplicado a Sawyer).

Sayid tiene la misión de matar a Desmond, pero este, también un poco Dios, le convence de que no lo haga (usando como arma de defensa el amor, claro). Como Hurley dice en este episodio, es posible sacar a los zombis de No-Locke del lado oscuro. Desmond da el primer paso con Sayid. Al igual que Kate con Claire. Pero, ¿es esto bueno? La línea que separa el bien del mal en Perdidos es invisible. Vamos, que no hay línea.

Jin y Sun se encuentran al fin. Y aunque quizás la emotividad de la escena habría aumentado considerablemente de haber ocurrido en el último episodio (y de no tener a Tina Fey tendiéndoles una emboscada), no decepciona. Es una escena de reencuentro en la playa en toda regla. Ambos recorren lo que parece una distancia kilométrica para fundirse en un abrazo. La música pasa a primer plano y se dicen “te quiero”. Y entonces Sun le dice a Jin: “no he dejado nunca de buscarte”, y nosotros pensamos “¡es verdad, Jin, que yo lo he visto!” Sun recupera su capacidad para hablar inglés (el amor es lo que tiene) y ambos tienen su precioso final feliz. Lo que pase después, será lo de menos.

Jack tiene una importante conversación con el Humo Negro, que le explica que ahora que Jacob está muerto, pueden salir de la isla. Claire cree que Jack ha caído en las redes del Humo Negro, como ella y Sayid. Y yo, de la misma manera, creía que las acciones de Jack al final del episodio podían ser resultado de su conversión en zombi de No-Locke. En la misma conversación, el Humo Negro le revela que su padre muerto, a quien vio el tercer día en la isla, era en realidad él. Entonces, Jack llora (nosotros no, que ya lo sabíamos). Poco le ha durado a Jack el cambio del que hablaba en mi anterior review. Ha pasado de pasivo a activo en un abrir y cerrar de ojos. En la primera mitad del episodio, Jack sigue dejando que los demás decidan por él. Mientras No-Locke prepara la partida y Sawyer urde el plan para huir a la isla Hydra, Jack se sienta en un tronco y espera instrucciones. ¿No-Locke o Sawyer? James se le acerca primero y le pide ayuda. Jack se levanta como un niño obediente y se va con él. Al final del episodio, Jack ha vuelto a cambiar. No-Locke le había desvelado la clave: quizás salir de la isla sea un error, porque es precisamente lo que quiere No-Locke. De esta manera, Jack decide no seguir ni a No-Locke, ni a Sawyer, ni mucho menos al malvado de la función, Charles Widmore (porque este sí es malo, malo, ¿no?). Una vez recuperada su voluntad, decide seguirse a sí mismo (y al verdadero Locke) y salta del barco para regresar a la isla. A pesar de las dudas que nos pueda plantear su conversación con No-Locke, el doctor cambia de opinión por voluntad propia. Jack parece encaminado a convertirse en el héroe que ya se había resignado a ser. Pero, ¿nos podemos fiar de alguien en Perdidos? Yo estoy seguro de que, sea como sea, Jack Shephard los va a salvar a todos. Y después, llorará.

Cómo conocí a vuestra madre: Showdown

“Zoo or False” (5.19) VS. “Home Wreckers” (5.20)

Acabo de ver los dos últimos episodios emitidos de Cómo conocí a vuestra madre seguidos. La irregularidad de esta temporada (episodios muy malos, alguno decente y uno o dos bastante buenos) queda más patente de esta manera. Viendo “Zoo or False” y “Home Wreckers” seguidos, los defectos y virtudes de la serie saltan más a la vista. Aunque no es como ver los episodios de Los Simpson que está emitiendo últimamente Antena 3 (uno muy nuevo seguido de uno antiguo), una experiencia terriblemente deprimente, porque en realidad, esta irregularidad de Cómo conocí a vuestra madre es muy leve. Más o menos, toda la temporada está manteniendo el mismo (bajo) nivel, y las diferencias de calidad entre un episodio y otro no son tan abismales como en el caso de Los Simpson, lo que nos llevaría a otro debate totalmente distinto (entre los episodios de Cómo conocí a vuestra madre ha pasado una semana, en el caso de Los Simpson, una década).

“Zoo or False” tiene unas cuantas ideas buenas, pero resulta aburrido y pesado. El juego verdad/mentira podría haber dado mucho de sí, pero no es más que una sucesión de chistes malos y momentos over-over the top de Barney. El mono es la estrella del episodio.

“Home Wreckers” es HIMYM clásico. Aunque sea de manera increíblemente torpe, regresamos a la premisa de la serie: Ted buscando desesperadamente a la mujer de su vida para formar una familia. Pero eso no hace que “Home Wreckers” sea bueno, sino:

– un puñado de saltos en el tiempo, algunos de pocos segundos (cuanto más corto es el salto, mejor es el chiste),
– unos secundarios estupendos: la madre de Ted y su novio (Harry Groener, el alcalde Wilkins de Buffy) y el inspector inmobiliario son el “mono” de este episodio,
– una simpática adición a la mitología de la serie (otro juego, “Drunk or Kid”),
– un poco de sal gorda (muchos chistes sexuales y una madre colocada) para compensar el sentimentalismo barato que a menudo salpica la serie,
– y el Barney más auto consciente, el que más me gusta.

Barney: Guys, guys, gess what Robin just did… (flash al presente) And then I told you guys what Robin just did, but you were there for that.

Mujeres desesperadas, "We All Deserve to Die" (6.19)

Esta semana, en Mujeres desesperadas:

1. Gabrielle se ofrece a Bob y Lee, los gays de Wisteria Lane, como donante de óvulos, pero cree que va a ser la madre y que va a tener influencia en la vida del bebé (claro, Gabby, claro). Cuando descubre, sorprendidísima, que Bob y Lee piensan criar solos al niño, vuelve a casa agradecida porque ve la cara de sus niñas gordas todos los días.

2. Bree sigue queriendo más a su hijo falso que a su hijo de verdad. La Van de Kamp se juega su carrera editorial en una noche, y está a punto de perderla porque alguien ha saboteado su menú. Orson abre los ojos (le cuesta) a Bree: Sam, su nuevo hijo y empleado puede estar detrás de todo. Más tonta que Gabrielle.

3. Susan atasca las tuberías de sus “amigas” de Wisteria Lane para que Mike tenga trabajo y no se sienta un fracasado y un mariquita por no poder hacer frente él solo al pago de su coche.

4. Lynette consigue el expediente policial de la prometida rusa de su hijo: es una timadora internacional que se casa con hombres para desaparecer después con todo su dinero. Lynette desenmascara a la rusa, que confiesa sus fechorías sin saber que su prometido está escuchándolo todo detrás de la puerta (!). Y hablando de “detrás de la puerta”, no podemos no mencionar la escena en la que Lynette está en el cuarto de su hijo, que llega de improvisto a casa, obligándola a esconderse detrás de la puerta del armario. Dos escenas abrumadoras. Bravo, bravo, bravo.

5. El ex de Angie (John Barrowman) está escribiendo la novela americana de siglo XXI. El chico Bolen, que le sirve café todos los días, le está ayudando, sin sospechar que es en realidad su padre, y que este ha decidido arrebatárselo a su madre por habérselo llevado lejos de él años atrás. Ley del talión y clímax desesperado. Qué bien.

6. Y se descubre quién es el asesino en serie de Wisteria Lane. Espera, ¿había un asesino en serie? Resulta que es el amigo de los gemelos Scavo, que al final del episodio se lleva a la rusa en coche y la estrangula. ¡Viva!

Hace unas temporadas, esta “mera” exposición de tramas no haría justicia a lo que en realidad era Mujeres desesperadas, una exquisita comedia dramática, un culebrón de calidad con personajes geniales y tramas muy divertidas, una gran serie que uno no debía juzgar por las tapas. Era fácil pensar que no había calidad en una serie de este tipo, pero la había, y a veces, en grandes cantidades. Hoy en día, las tramas de cada episodio, por muy ridículas que suenen, no representan a la vergüenza ajena que uno puede llegar a sentir viendo la serie. Calamidad.

Treme, señores

De los creadores de The Wire (serie clave para entender la evolución del drama televisivo norteamericano de la última década que yo AÚN no he visto), llega a HBO otra serie que promete (y empieza dando) calidad, sin ajustarse exactamente a los cánones del drama en televisión. Treme no es una serie tan fácil de asimilar como la mayoría de series actuales, incluso las de su cadena. Es una serie de televisión porque cumple (o cumplirá) los requisitos de periodicidad semanal y duración por capítulo. Pero poco más. He aquí la última de las muestras de la dilución de las fronteras entre cine y televisión.

El piloto, “Do You Know What It Means”, está dividido claramente en dos partes que separadas por la mitad conformarían dos episodios ligeramente independientes, pero juntos se ven como una película. Y no solo eso, sino que además, Treme no es un drama televisivo al uso. Es básicamente un docudrama de factura impecable (obviamente), en el que la realidad de las calles de Nueva Orleans tres semanas después del huracán Katrina se funde (después de reconstruirse) con la ficción de sus personajes. De la misma manera que la música se fusiona prodigiosamente con los acontecimientos del episodio, siendo trasfondo omnipresente y funcionando como hilo conductor.

Treme se llevará todos los elogios esta temporada televisiva. Y será con razón. Durante diez episodios degustaremos la variedad de sabores de Nueva Orleans y nos deleitaremos con las caóticas notas de la propuesta. Y ya está confirmada la segunda temporada. Vamos bien.

Perdidos, "Everybody Loves Hugo" (6.12)

Locura de amor

Es curioso ver cómo los últimos episodios de Perdidos han estado fuertemente relacionados, en parejas de consecutivos, oponiéndose a la fragmentación extrema a la que puede llegar la serie para contarnos su(s) historia(s). Sin duda, son los sideflashes los que están actualmente dotando a la serie de esta cohesión narrativa. Recordad cuando al principio todos nos preguntábamos hacia dónde nos llevaba esta realidad alternativa y si no era más que relleno para seguir estirando la trama. Pues bien, gracias a Desmond, nuestro casamentero macabro y pegamento oficial de Perdidos, todo está empezando a cobrar sentido. Algo por otra parte inevitable, teniendo en cuenta que el final está aquí. O puede que esta linealidad no responda a una necesidad. Como veremos al final, es posible que sea así porque a los guionistas les dé la gana. Y punto.

También es cierto que a medida que los finales de temporada se acercan, Perdidos tiende a juntar todas las piezas en una trama a menudo migratoria, en la que nuestros losties se desplazan a través de la isla para llevar a cabo un plan que les sacará de allí de una vez por todas. Es como los sucesivos apocalipsis de las series fantásticas. Debemos tener al menos uno por temporada. Pero todos sabemos que en las series de televisión nada cambia realmente hasta el final. Por eso, esta puesta en marcha de los personajes es la definitiva, y mientras la trama se mueve hacia delante, los losties hacen lo propio, dando muestras de cambio definitivo.

“Everybody Loves Hugo”, como el título indica, es un claro homenaje a Hugo Reyes, quizás el único personaje de Perdidos que ha conseguido conservar intacto nuestro cariño a lo largo de seis años. Hurley es el paradigma de la bondad y el buen rollo. Siempre el alivio cómico principal de la serie, y a menudo pieza clave para los desenlaces de cada temporada, Hugo es uno de los personajes de Perdidos que menos ha cambiado a lo largo de la serie. Porque es uno de los personajes que menos lo ha necesitado.

Pero el título del episodio no solo esconde un homenaje a Hurley. “Everybody Loves Hugo” es también un guiño al amor, que ya no tiene miedo a identificarse como uno de los motores principales de la serie. Y también es un homenaje a nosotros, a todos los que amamos a Hugo, y a todos los que seguimos Perdidos incondicionalmente. En los primeros sideflashes del episodio, creo que se establece una identificación entre la gente que ama a Hugo, un filántropo extremadamente generoso y adorable (es decir, una proyección amplificada del Hugo que todos conocemos), y nosotros, los espectadores que admiramos a Reyes, haga lo que haga. Algo que más tarde sucedería también con Desmond, superando con creces el caso de Hurley. Porque todo el mundo ama a Desmond. Y yo a veces me pregunto por qué. ¿Alguien sabe dar razones que aludan a hechos o características específicas del personaje, como podemos hacer con Hurley? Desmond es un personaje tremendamente enigmático y carismático, pero no sé muy bien qué hace o qué ha hecho para ganarse la fascinación de casi todos los espectadores de Perdidos (me incluyo, totalmente), hasta el punto de que solo verlo en pantalla ya suponga una experiencia placentera. Quizás sea el amor, de nuevo. Desmond actúa movido exclusivamente por el amor. No hay ambición, ansias de superación o deseo de ser un héroe. Tan solo amor. Quizás esa sea la respuesta.

Volviendo a Hugo. La aparición de Libby en este episodio supone la reconciliación absoluta con los guionistas, cuatro años después de dejar la historia del personaje en suspenso. Todos sabíamos que este día llegaría, pero no podemos evitar preguntarnos por qué no antes. Sin duda, Libby ha estado muy presente entre los espectadores durante estos años, tanto como los enigmas más importantes de la serie. ¿Quién no se ha acordado de ella periódicamente a pesar de no hacerse referencia alguna al personaje? ¿Quién no ha sentido que su existencia estaba incompleta sin conocer la historia detrás de su presencia en el manicomio? De acuerdo, puede que esté exagerando, pero es cierto que si no hubiéramos vuelto a ver a Libby, una laguna imperdonable habría quedado para la memoria (toma paradoja). Pues bien, Libby regresa a Perdidos (sin Ana Lucía) para darnos las respuestas que tanto ansiábamos. Y nos lo dice bien clarito: “estoy loca”. Su enfermedad es un problema de percepción de la realidad. ¿No es absolutamente precioso?

No solo recibimos nuestra ansiada respuesta (aunque sea en un sideflash), sino que esta llega en el momento más adecuado. La supuesta enfermedad de Libby acaba siendo instrumental en el desarrollo de la temporada (chapó por los guionistas una vez más). Y no solo eso, sino que nos brinda, de nuevo, una de las escenas más emotivas de la serie (idéntica a la de Desmond y Penny en “Happily Ever After”). Libby ha conseguido, en tan solo un episodio, ganarse el cariño de muchos, obligándonos a creer en su amor por Hugo. Él primero, y luego nosotros, todos permanecimos incrédulos ante el interés de Libby por Hurley. “Una chica rubia, delgada y guapa no puede sentirse atraída por un chico como Hugo. Eso es que trama algo” (así de horribles nos han hecho). Pero estábamos equivocados. No hay agenda oculta. De nuevo, solo amor. Y de nuevo, un amor que traspasa los límites espacio-temporales, un amor que es, porque debe ser. He vuelto a llorar revisando la preciosa cita de Libby y Hugo en la playa.

Libby: It’s like a date we never had. Wow, I sound completely insane, don’t I?
Hugo: No… Not completely.
Libby: Why do you even wanna be with me?
Hugo: Why do you wanna be with me?
Libby: What?
Hugo: Come on. Look at me.
Libby: I wanna be with you because I like you.
Hurley: Yeah, but you like me because… you’re delusional.

Y como va siendo ya la tónica general, no solo del personaje en el que se centra el episodio vive Perdidos esta semana. Como decía antes, los personajes están cambiando, definitivamente. El primero en proclamar su cambio a los cuatro vientos ha sido Jack. En su episodio, “Lighthouse”, Jack reconoce su problema ante Hurley. “Vine aquí porque estaba roto. Fui lo suficientemente estúpido como para creer que este lugar me arreglaría”. En “Everybody Loves Hugo”, Jack articula en palabras (de nuevo para Hurley, ¿estará Jack muerto?) lo que lleva haciendo muchos capítulos, la solución a su problema: “Desde que murió Juliet, por mi culpa, lo único que he querido ha sido arreglarlo. Pero no puedo, nunca podré. No sabes lo difícil que es para mí quedarme quieto y dejar que los demás me digan qué hacer. Pero quizás esa sea la clave. Quizás lo que deba hacer sea no intentarlo más”. Jack se ha convertido en un hombre. Ha conseguido alcanzar esa madurez tan esquiva para él. Ha comprendido que a veces hay que mantenerse al margen, ser uno más, y asumir el papel que se le ha concedido, que en ocasiones, ser adulto significa tener que callarse y asentir con la cabeza. Si esta fuera la conclusión de su personaje, yo estaría más que satisfecho. Pero sé que eso no es todo. Zen Jack probablemente se convertirá en Héroe Verdadero Jack en “The End”.

En cambio, puede que “Everybody Loves Hugo” sí sea el final definitivo para otro personaje que quedó en losty interruptus, Michael. El regreso de Michael nos trae otra respuesta a un clásico enigma lostiano: las voces de la jungla (es un no parar de asuntos resueltos y referencias al pasado). Michael nos explica que son los muertos que no han podido salir de la isla, las almas con asuntos pendientes. Este aspecto sobrenatural de Perdidos es quizás el que más me cuesta asimilar. Como conclusión para el personaje, funciona. Como explicación de un enigma, es correcto, pero no me termina de convencer. No quiero pensarlo mucho, porque no me gustaría descubrir que soy uno de esos espectadores que necesitan explicaciones científicas (aunque no sean probables) para todo lo que ocurre en la isla. Yo creo en las hadas, yo creo, ¡sí creo!

El resto de personajes protagonistas llevan varios episodios convertidos en secundarios, incluso extras. Kate, Sawyer o Sun se retiran para ceder todo el protagonismo a Desmond y Richard. Solo No-Locke permanece en la palestra.

Para terminar, “Everybody Loves Hugo” contiene tres golpes de efecto brutales. Como suele ocurrir en Perdidos, muchos momentos de calma se verán interrumpidos violentamente por explosiones, ataques y revelaciones. Vayamos de atrás adelante. El último golpe viene de la mano de Desmond, que en la realidad alternativa, arrolla a Locke con su coche, desencajando mandíbulas indiscriminadamente. Esto puede relacionarse directamente con el segundo golpe, Locke tirando a Desmond por el pozo. Aún no sabemos qué está pasando exactamente en la cabeza de Desmond, así que de momento, recibimos su ataque a Locke en el sideflash como un ajuste de cuentas. Sí, así queremos verlo algunos (sádicos). Como si Michael Haneke nos estuviera manipulando en Funny Games, nosotros pensamos (cuando reaccionamos): “¡Toma, Locke! Te está bien empleado, por tirar a mi Desmond por el pozo!” [Nota después de la publicación de la entrada: Gracias a todos los comentarios, aquí y en Facebook, me doy cuenta de lo ciego que estoy a veces. Desmond atropella a Locke para hacerle recordar, a través de una experiencia cercana a la muerte. ¡Está claro!]

El primer golpe del episodio es la muerte de Ilana, que salta por los aires en otra “simpática” referencia a la primera temporada de Perdidos, en la que Artz corre la misma suerte por culpa de la dinamita de la Roca negra (también durante la migración final). Ilana sabía mucho sobre la isla y sobre Jacob. Pero quizás ya nos lo había contado todo. La muerte de Ilana es para Ben una muestra del poder de la isla sobre todos ellos. Y extrapolando esto a la audiencia, es una muestra del poder de los guionistas sobre nosotros. A ellos tampoco les hace falta Ilana, así que ¿por qué no cargársela a lo grande? Esta muerte viene a decirnos que, por lo general, debemos asimilar los deus ex machina a los que deseen recurrir los sádicos guionistas de Perdidos, porque siempre ha sido una de las cláusulas del contrato. Al igual que los demás losties asumen rápidamente el suceso y siguen a lo suyo, nosotros nos recuperamos sin problemas y seguimos adelante. A algunos les cuesta mucho aceptar estas licencias, pero es lo que hay. Podemos seguir cultivando nuestra relación gnóstica con Perdidos y dejarnos llevar sin más, pero la verdad es que las continuas justificaciones y explicaciones por parte de los guionistas hacen que esto no sea necesario. Tanto tiempo buscando una respuesta a la pregunta “¿qué es la isla?” para obtenerla de esta manera. La isla son los guionistas. Y los guionistas son los padres.

Anatomía de Grey, "Suicide Is Painless" (6.18)

Pensamientos fuertecitos sobre “Suicide Is Painless” (ya solo me queda uno para estar al día):

Hay episodios de Anatomía de Grey que se parecen más a la parodia que realizó el programa de humor MadTV hace un par de años que a la serie que tanto admiro y defiendo. “Suicide Is Painless” (el suicidio será indoloro, pero llamar así a un episodio sobre la eutanasia hace bastante daño) hace uso de los tópicos formales y argumentales de la serie de la misma manera que lo hacía su parodia, sin esforzarse un poquito, como es habitual, en darnos algo más. Hasta en una de las escenas me pareció oír la canción que suena en la parodia (que a su vez también es una parodia de las canciones que suelen escucharse en la serie), y me pasé el resto del episodio cantando mentalmente “Why didn’t he text me? Text me? Text me?” Para entender mejor esto que digo, os animo a ver la parodia. Nadie lo podría haber expresado mejor.

Y hablando de las canciones, en este episodio da la sensación de que se les está agotando el repertorio de “Canciones que pegan en Anatomía de Grey, aunque sean una mierda” (esto seguro que lo ponen en Google y sacan las listas para cada temporada), y han tirado de las últimas canciones de la lista, de las que no quisieron poner en ninguno de los episodios anteriores. Las escenas de guerra con canciones Grey de fondo son una cosa rara rara rara. Un desastre, vamos.

Y en relación a esto, debo decir que estas escenas que muestran el pasado del doctor Owen Hunt (versión mejorada de Willie de Los Simpson) en la guerra, además de soporíferas y tremendamente manidas, demuestran que la “sensibilidad femenina” (espero que nadie me odie por esto) desde la que se narra toda la serie no funciona para nada en este tipo de relatos. Aunque quisiera, no podría justificar un pastel así, ni siquiera alegando que “así es Anatomía de Grey“. Por eso creo que no me atreveré nunca a ver Defying Gravity. Hasta yo tengo un límite.

Los casos médicos del episodio siguen la tónica habitual de la temporada: aburrimiento y repetición. Anatomía de Grey tiene capacidad absoluta para hacer cosas interesantes con temas polémicos y nada fáciles de abordar, como ya hicieron con la pena de muerte en la temporada anterior (recordemos una de las mejores escenas de la serie, con Meredith Grey asistiendo a la muerte por inyección letal del personaje interpretado por Eric Stoltz). Sin embargo, lo que han hecho con la eutanasia en “Suicide Is Painless” es algo facilón y superficial. Por otro lado, el caso de los montañistas recuerda inevitablemente a otro caso de una temporada anterior (no recuerdo cuál), en la que tres amigos montañistas vuelven de una escalada, y uno de ellos tiene un hachazo en la espalda. Chapuza. Espero que los guionistas se estén reservando para la recta final de la temporada… Y por eso mismo, ojalá las temporadas durasen 6 ó 7 episodios menos.

La trama de Callie y Arizona sigue por el camino más lógico. Todo apunta convenientemente a una unión Mark-Callie para cumplir ambos su sueño (o más bien la necesidad) de tener hijos. De momento, todo es transicional. Pero sigo teniendo fe en esta trama. Estoy deseando comprobar si Mark y la new-found-lesbian-a-lo-Willow-Rosenberg acabarán juntos. Y si eso me parecerá bien o me cabreará mucho.

La escena con todos los attendings en el comedor me ha hecho pensar en que no queda ningún attending original. Ninguno de los personajes en esa escena salió en la primera temporada. La serie ha ido renovando plantilla sin perder su identidad. Sigue siendo igual de Grey’s que siempre, y eso… está bien.

La paramédica “maciza” por la que todos beben los vientos es todo lo contrario a una tía buena por la que los personajes de esta serie se sentirían atraídos basándose solamente en su físico. Un progresismo que no se puede criticar, pero que me resulta algo patético, hipócrita y demagógico. Fíjate, sí se puede.

Dime que Meredith y Avery no se van a liar, por favor.

“Suicide Is Painless” es probablemente uno de los peores episodios de la temporada, si no el peor. Esperemos que los siguientes preparen el terreno para una recta final de temporada digna de Anatomía de Grey. Si no, no pasa nada, ya dijimos que esta temporada está funcionando muy bien a base de tramas cortas y episódicas (a pesar de episodios como este), aunque un gran conflicto no vendría nada mal ahora mismo.

Perdidos, "Happily Ever After" (6.11)

Desmontando a Desmond

A pesar de que, como a la mayoría de seguidores de Perdidos, Desmond Hume siempre me ha caído en gracia, los episodios centrados en él me suelen dejar bastante indiferente. “The Constant” y “Jughead” me parecen dos de los episodios más sobrevalorados de la serie. Es curioso, porque Desmond es un personaje especial. Sus ausencias prolongadas crean una anticipación extrema que multiplica exponencialmente el placer que supone reencontrarse con él. Pero volver a ver a Desmond (que cada vez se parece más a Dustin Hoffman, si eso es posible) no es lo único bueno de episodios como estos. “The Constant”, o el episodio de esta semana, “Happily Ever After”, consiguen una hazaña casi prodigiosa: hacer avanzar la trama a través de un personaje “secundario” y sin centrar la acción en la isla (lo mismo que ocurrió con Richard Alpert en “Ab Aeterno”, aunque aquello fue, si cabe, más mítico, porque de Ricardus no sabíamos apenas nada). Es cierto que Desmond está conectado con dos de los personajes que guardan las claves de la isla, Charles Widmore y Daniel Faraday, y que es por ello que la historia de su personaje nos va a revelar detalles esenciales para seguir descifrando el misterio. Pero el juego de conexiones entre personajes y de preguntas con respuesta fuera de su propia realidad espacio-temporal es una labor de guión excepcional. A pesar de que estos episodios suponen puntos de inflexión narrativos en cada temporada, presentándonos el comienzo del desenlace, un camino claro que seguir, hay algo en mí que me impide disfrutarlos del todo. Si amo a Desmond, y me encanta que la trama avance, ¿qué me pasa, doctor?

Sin embargo, esto no me ha ocurrido exactamente con “Happily Ever After”, así que es posible que no tenga que mirármelo. Es más, el episodio de esta semana me ha parecido casi perfecto, en la línea de lo que estamos viendo hasta ahora en esta temporada final. La historia alternativa de los losties se está desentramando con una sutileza y un ritmo ejemplares. De acuerdo, seguimos dejando en suspenso a todos los personajes (sin ir más lejos, el disparo a Sun en el episodio anterior, que como el de Shannon en la segunda temporada, queda en stand-by, aunque esta vez nos “importe” menos saber qué pasa), pero por fin tenemos algunas de las claves que nos conducirán al desenlace. Y como ya había ocurrido anteriormente, vienen de la mano de Faraday, y gracias a Desmond. Han sido hasta ahora once episodios en los que hemos asistido a una fascinante deconstrucción de los personajes, que ha desembocado en un episodio que da sentido a todo lo acaecido hasta ahora. Y lo mejor es que aún quedan personajes.

“Happily Ever After”, como su título indica, es una historia de amor por encima de todo. El amor es el motor de Desmond Hume, que está enamorado de una mujer que no conoce, o que no recuerda haber conocido en su vida. Esto, inevitablemente, me remite a la historia de Anthony y Priya en Dollhouse, en la que los dos activos, a pesar de sufrir barridos mentales y perder sus recuerdos, siguen sintiendo un profundo amor el uno por el otro, arraigado y protegido en el recoveco más impenetrable de sus cuerpos. La historia de Desmond y Penny en “Happily Ever After” podría resumirse de la misma manera. Desmond empieza a recordar (como todos los activos de Dollhouse, que tienen flashes de sus verdaderas vidas), comienza a ser consciente de que algo va mal. Daniel Faraday le da las claves para comprender lo que está pasando. Esas no son sus vidas reales y deben despertar.

Pero sería injusto otorgar todo el crédito a Hume y Faraday. “Happily Ever After” es también un episodio sobre Charlie Pace. El rockero británico vuelve a Perdidos a cumplir de nuevo su papel como profeta alucinado. La intervención de Charlie, que más que Charlie, parece su personaje de FlashForward (Dominic Monaghan está algo confundido), refuerza la idea del amor como principal tema de “Happily Ever After”, y como una de las mayores constantes de la serie (cada uno, que le dé la importancia que cree que tiene el amor en Perdidos, yo creo que es un vehículo perfecto para contarnos los cuentos del destino que rigen la historia, aunque la de Perdidos no sea una historia de amor per se). Al igual que Desmond ve a Penny, y Faraday ve a una chica pelirroja de ojos azules, Charlie tiene visiones sobre una chica rubia y “arrebatadoramente bella” cuando está a punto de morir en el avión en el episodio “LA X” (6.01), y sabe que es el amor de su vida y que siempre estarán juntos. Cada oveja con su pareja.

Charlie, y más tarde Daniel, guían a Desmond hacia la epifanía que todos necesitábamos. El primero usa métodos más radicales que el segundo. Pero claro, Charlie es una estrella del rock, es obvio que para hacer caer del burro a Desmond tenía que conducir el coche hasta el fondo del agua. Esto dice mucho de Charlie y su situación desesperada en los sideflashes, y pone en duda una de las teorías más extendidas sobre esta realidad alternativa: que se trata de las fantasías de los losties hechas realidad, las vidas que siempre quisieron llevar. La teoría se va al garete cuando vemos pasar ante los ojos de Desmond su vida con Penny, mientras le hacen el escáner (el que no haya sentido el amor de estos dos en esas imágenes, con esa breve pero bella pieza musical tan acorde con el momento, es que está muerto por dentro). Un mundo en el que Desmond no está con Penny no puede ser la fantasía de nadie. Desmond y Penny son nuestra obsesión de la semana, y ahora más que nunca, ansiamos su reencuentro. Si es la mitad de bonito que la escena en el estadio en este “Happily Ever After”, preparaos para llorar.

Penny: Have we met before?
Desmond: I think we’d remember if we had.

Cabe preguntarse si los guionistas serán capaces de dotar de coherencia y uniformidad a toda la serie, o si por el contrario, esta será reducida únicamente (es un decir) a la trama de la sexta temporada. ¿Es esto lo que llevamos “esperando” (énfasis en las comillas, porque yo no espero nada en concreto) seis años? ¿Es lo que nos querían contar desde el principio? Estoy seguro de que la respuesta es sí, y sin embargo, no soy capaz de razonar el por qué en estos momentos (fe ciega lo llaman). Al menos, no puedo estar más satisfecho en cuanto a lo que más me importa de esta serie, los personajes. Si la trama de Perdidos ha sido conveniente y necesariamente estirada a lo largo de las temporadas, haciendo que la tarea de obtener el big picture, es decir, la vista general, sea casi imposible, al menos tenemos la satisfacción de estar asistiendo con toda certeza al ciclo completo de los personajes. La sonrisa de Desmond al final de “Happily Ever After” nos indica que él lo ha comprendido todo, y nos llena de esperanza. Pronto lo haremos nosotros también.

Top Ten: Los personajes que más amo de la tele

Casi dos meses después de estrenar El fuerte de Fuertecito en blogspot con mi lista de personajes más odiados de la televisión actual, os traigo el yin de aquel yang, que si rehiciera a día de hoy, sería distinto con toda seguridad. Al igual que con la lista de más odiados, debo advertir que: a) es una lista absolutamente subjetiva (y altamente predecible y repetitiva, si seguís el blog), y b) se reduce drásticamente a personajes de las series norteamericanas en emisión que sigo actualmente, por lo que espero no ofender con ausencias y presencias, y que la ampliéis a vuestro antojo.Haciendo la lista, me he dado cuenta de que, aunque parezca lo contrario, no veo muchas series que estén actualmente en emisión. Que esta entrada sirva de resumen de lo que he estado escribiendo aquí estos últimos meses. Y si el tiempo me lo permite (uno puede soñar), empezaré y retomaré series para ampliar el contenido del fuerte.

10. Gabrielle Solis (Mujeres desesperadas)


Como no me canso de decir, Gabrielle sigue siendo lo mejor (lo único bueno, a veces) de Mujeres desesperadas, en una temporada en la que Marc Cherry tiene a todos sus personajes con el piloto automático puesto. Gabby es la madre más divertida y políticamente incorrecta de las networks norteamericanas, aunque últimamente pierda mucho fuelle por culpa de las lecciones morales que la serie nos quiere calzar con su personaje.

9. Crazy Claire/Locke Humo Negro (Perdidos)


Ex aequo para dos losties que antaño o me eran totalmente indiferentes (Claire), o me aburrían e irritaban enormemente (Locke). Supongo que soy fan de estos dos personajes en la última temporada de Perdidos porque ninguno de los dos es el que era. Claire está loca del c*** después de pasar tres años en la jungla creyendo que los otros se habían llevado a su bebé y Locke no es Locke, es el humo negro que ha tomado su forma. Ambos, por separado, son enormemente divertidos, incluso cuando no hacen ni dicen nada. Pero juntos son la bomba. Amigos para siempre.

8. Andy Bernard (The Office)


No sé si os habéis fijado, pero Ed Helms ha sido añadido como fijo a los créditos iniciales de la serie. Seguramente esto no sea más que una estrategia publicitaria, aprovechando el tirón del actor después de su éxito cinematográfico en Resacón en Las Vegas (The Hangover), una de las sorpresas de la taquilla de 2009. Sea como fuere, Ed y Andy lo merecen. Sí, como casi todos los secundarios de The Office. Pero Andy se ha ganado, progresivamente, un hueco en nuestros corazones. Sobre todo a partir de sus tramas amorosas, primero con Angela, y ahora con la adorable Erin (que podría estar en este puesto también). Bueno, y se lo ha ganado porque es genial, y punto.

7. Robin Scherbatsky (Cómo conocí a vuestra madre)




Y supongo que imaginabais que Robin estaría en la lista. He declarado mi amor por la canadiense de apellido imposible en incontables ocasiones. No sé explicar qué es exactamente lo que me atrae tanto de ella. Quizás sea su irresistible mezcla de locura, excentricidad, encanto e inocencia. “Especial” es la palabra que mejor la describe. “Espacial” a veces también sirve.

6. Daniel y Amanda Greystone (Caprica)


Otro inevitable ex aequo. Daniel es un villano sin serlo. Es un hombre de extraños principios (por decirlo de alguna manera), que antepone la obsesión por su trabajo a cualquier cosa. Es un personaje que no parece hacer concesión alguna al sentimentalismo o la compasión. Daniel Greystone es completamente fascinante. Y Eric Stoltz está construyendo uno de los personajes más complejos e interesantes actualmente en pantalla. Amanda, por su parte, me tiene medio obsesionado. Es una persona extraña y atormentada, algo rancia y desagradable incluso, y además de eso, es un personaje increíble, como su marido. Daniel y Amanda forman el matrimonio más interesante que he visto en mucho tiempo en televisión.

5. Meredith Grey (Anatomía de Grey)


Solo por verla en el episodio “Push” (6.17), parada, con cara de póker, mirando a su hermana en el suelo del aseo, llorando desconsolada, y no acercarse a ella, ni si quiera considerarlo una posibilidad (se lo vemos en la cara), ya merece estar aquí. Pero hay mucho más.

4. Cristina Yang (Anatomía de Grey)


Y si amo a Meredith de forma incondicional, pero me cuesta más convencer a la gente de las razones de ello, cuando digo que Cristina Yang es el mejor personaje de Anatomía de Grey, casi nadie me lo discute. Ya sea en registros cómicos o dramáticos, Sandra Oh insufla energía a su personaje, convirtiéndolo en el más vivo y visceral de la serie. Cuando está en escena con la número cinco, brilla aún más.

3. Michael Scott (The Office)


Michael es un personaje que consigue poner al espectador a prueba todas las semanas, con situaciones embarazosas que desafían la resistencia nerviosa y el límite de nuestra vergüenza ajena. Pero Michael no es solo eso. Es también uno de los personajes más tiernos y adorables jamás escritos. Parece incompatible, pero no lo es. El mérito es de Ricky Gervais, por crear un personaje tan grande, y de Steve Carrell, por construirlo con una pasión y entrega inigualables.

2. Patty Hewes (Damages)


Al igual que Michael Scott, Patty Hewes es otro de los personajes de esta lista que deben su maestría en gran parte al actor que les da vida. Que no podamos imaginar a otra actriz interpretando a Patty es un gran tópico, que en este caso, deberíamos usar a modo ilustrativo cada vez que recurriéramos a él. Desde el primer momento en el que la vemos en pantalla, sabemos que Patty es grande. Cuando uno llega a la tercera temporada, el placer que siente con todas y cada una de sus miradas y sus medias sonrisas es casi inaguantable.

1. Jack Shephard (Perdidos)


A ver dónde encontráis otro héroe de aventuras o ciencia ficción que llore en todos los episodios de su serie. Como no quiero terminar repitiéndome de nuevo (algo que me cuesta mucho a estas alturas), para saber por qué amo a Jack, podéis leer mi defensa a muerte del personaje aquí, o aquí, o aquí

Ahora vosotros. ¿A quién amáis?

Anatomía de Grey, "Push" (6.17)

Pensamientos fuertecitos sobre “Push”:

Miranda preparándose para su cita con Ben es probablemente una de las tramas más ridículas que hayamos visto esta temporada. Ver a la cirujana champiñón dando uno de sus speeches, en esta ocasión sobre su frondosa zona prohibida/quirúrjica es algo muy innecesario.

Miranda: Let me tell you a little something about my surgical field. I prep my surgical field with soap and water. I keep my surgical field the way God made it. I don’t need a member of the Ukranian KGB waxing it smooth so it can be mistaken for the surgical field of a 5-year-old girl (POR DIOS, MIRANDA, CÁLLATE, QUÉ INCÓMODO). I am a woman, and a woman was meant to have something on her surgical field. If man can’t deal with a little something on the surgical field, a little nature, a little God, that means he has no business near my surgical field.

Por suerte, la trama deviene en un gran momento. La cita resulta ser una escena muy inteligente en la que Ben interrumpe el inminente speech cansino de Miranda, y le enseña a mantener un diálogo. Muy bueno. Y por otra parte, ver a la antigua Nazi desenvolviéndose en el mundo de solteros que habitan sus internos es un cambio divertido para su personaje.

Mark Sloan es un niño grande. Ahora quiere encontrar a una mujer con la que sentar cabeza y formar una familia. Sloan es un niño que cambia de ideas y decide espontáneamente que va a dejar de ser de esta manera para ser de otra. Es como un adolescente que cambia de actividades, que deja de escuchar determinado tipo de música, porque quiere madurar, porque debe madurar. Pero necesita ayuda, una guía para ser el Mark Sloan adulto que no sabe (y quizás no quiera) ser.

Callie: Find a woman who wants what you want and date. Like a grown-up.

Mark: I don’t know what that means.

Lo que en un principio pensé que era una manera facilona de romper a Mark y Lexie ha resultado ir por los mejores derroteros en cuanto a ambos personajes. Como veis, en general, estoy muy contento con el desarrollo de los personajes esta temporada. No estamos asistiendo a grandes acontecimientos en sus vidas (muertes, enfermedades, bodas, etc), pero dese luego, no están en punto muerto.

Cristina y Meredith siguen brillando juntas y por separado. Ambas “escuchan” a Lexie hablar sobre su relación libre de sentimientos con Alex, para después Cristina continuar su simpático bullying (“You’re just that good, Little Grey, there’s no getting over you”) y Meredith ser tan Meredith como siempre, asistiendo desde la distancia al derrumbe emocional de su hermana en el aseo porque Mark ha pasado página. Ni hace amago de acercarse para consolarla. Esa es mi Meredith. Y por eso la amo.

Sorpresa. Arizona Robins, la pediatra que lleva deportivas con ruedas, no quiere tener hijos. Conflicto inminente con Callie, que en este episodio está tan adorable como siempre (tan feliz ella por dar buenos consejos sentimentales). ¿Seguirán adelante entonces con la idea de Mark y Callie criando un hijo juntos? Sería un camino interesante para seguir explorando la divertida amistad de estos dos.

Katherine Heigl sigue saliendo en los créditos por su contrato. Hace unos días declaró que las últimas frases de su personaje, que no estaban escritas originalmente para su despedida, son perfectas como final de Izzie Stevens en la serie. Izzie le decía a Meredith que sus compañeros en el Seattle Grace no eran su familia, según Heigl, porque de esa manera la despedida era menos dolorosa. Adiós Izzie. Que te den, Katherine.

Tanto “Perfect Little Accident” como “Push” muestran cómo esta temporada está transcurriendo a base de micro-tramas, y no hay apenas arcos argumentales que duren muchos episodios, aunque los cambios en el hospital aportan un marco general en el que situar a los personajes (la fusión Seattle Grace/Mercy West al principio de la temporada, y el cambio de Chief en estos últimos episodios). Los personajes se están desarrollando con naturalidad, y episodios como este y el anterior se limitan simplemente a divertir. Y lo consiguen, con creces.

The Office 6.17-20

La sexta temporada de The Office es oficialmente la más irregular de lo que llevamos de serie. Y para muestra, estos cuatro episodios. Los dos primeros, estrenados la misma noche como episodio de doble duración y centrados en el nacimiento de la hija de Jim y Pam, son de lo mejorcito de la temporada. Los dos siguientes, son de lo peor.

Las dos partes de “The Delivery” nos devuelven dos elementos característicos de las primeras temporadas de la serie. De un lado, tenemos al Michael intrusivo que vive en primera persona los acontecimientos que rodean al parto. Y por otro, “la pareja” de The Office recupera el encanto adorable de las primeras temporadas. A mí, los Jim y Pam antipáticos, condescendientes y superiores de estas últimas temporadas también me encantan, porque siguen siendo ellos, siguen siendo monos y también porque de vez en cuando se llevan un palo precisamente por ser los más cuerdos y hacerlo ver a los demás. Aún así, a ratos echo de menos lo que un día fueron.

Destacando de la primera parte del episodio a Michael y de la segunda a Jim y Pam, ya con la niña en sus vidas, los mejores momentos del episodio está protagonizados por estos tres:

Jim (y Michael) consolando a Pam porque detrás de su deseo de esperar a las 0:00 para ingresar en el hospital y ahorrar gastos se oculta el terror absoluto de una madre primeriza. Michael hace de mono de repetición de las palabras tranquilizadoras de Jim. Para comérselo.


Michael llevando a la pareja al hospital. Miradlo. No hay nada que añadir, ¿verdad?


Michael después de asistir por sorpresa al parto.


Michael, minutos después, tras oír el primer llanto de la niña.


Y por supuesto, Michael con la niña en brazos. :_)


En la segunda parte, como ya he dicho, Jim y Pam se llevan el protagonismo, y las mejores escenas:

La estrategia de Jim para lactar y que la niña se “enganche”.


Jim, tras el fracaso de su estrategia, observa cómo el especialista en lactancia masajea los pechos de su mujer.


Y sobre todo, las caras de Jim y Pam después de comprobar que la niña que por fin consigue engancharse y beber la leche no es la suya, sino la de la compañera de habitación.


Como ya sabéis, la media de gags buenos por episodio protagonizados por el amplio reparto de secundarios es muy alta. “The Delivery” no es una excepción, pero son los protagonistas los que más brillan en este episodio especial.

Y lo que viene después, los episodios 6.19, “St. Patrick’s Day” y 6.20, “New Leads” son lo que los anglosajones llaman un lackluster. Dos episodios repletos de bromas facilonas que se limitan a repetir chascarrillos típicos de los personajes, pero sin gracia. Dwight y Jim y el Megadesk es el mejor ejemplo de esto.

Por otro lado, los adorables Erin y Andy se acercan peligrosamente a un punto bizarro de no retorno. Espero que estos dos no se conviertan en una pareja vacía, un mero exponente sin más del (esencial y muy presente) elemento marciano de la serie. Aún así, creo que siento un amor incondicional hacia ellos. Ya veremos qué pasa.

“New Leads” no es tan flojo como “St. Patrick’s Day”. El enfrentamiento entre vendedores y el resto de la plantilla da mucho juego. Es justo lo que se espera una trama de este tipo en The Office. Y la resolución del conflicto es muy divertida. Sin embargo, el episodio pierde mucho por varias cosas:

Dwight. Lo siento, me agotas.


Bromas muy perezosas, como Meredith dispuesta a desnudarse en la oficina, aunque no haga falta.


Y el vertedero.


Terminaré con un tópico: a pesar de todo esto, un episodio malo (o dos) de The Office sigue siendo mucho mejor que cualquier episodio de casi cualquier comedia hoy en día en televisión.

Anatomía de Grey, "Perfect Little Accident" (6.16)

Pensamientos al azar de “Perfect Little Accident” (sí, sé que voy un poco a la zaga):

El atípico triángulo Cristina-Owen-Teddy me parece cada día mejor. No se trata de un triángulo al uso, en el que lo único que mueva a sus participantes sea el amor y los celos. No puede ser solo eso si Cristina está involucrada. El “amor” de Cristina por Teddy, la extraña y furtiva relación entre la última y Owen, y todo lo que ello implica, me resulta fascinante.

Meredith no está muy presente últimamente, pero en “Perfect Little Accident” aparece para decir una de las mejores frases del episodio, que luego se convertirá en una especie de running gag junto a Cristina:

Cristina: He’s like Meredith three years ago.
Meredith: I said that!
Lexie: I don’t have feelings for Alex.
Cristina: Yes, you do. Your heart is in your vagina.
Meredith: I said that!!
Cristina: My God.
Lexie: You are both monsters.

Esta hermandad de matonas sigue siendo de lo mejor de la serie.

Lo han conseguido. Estoy al borde de odiar a Arizona Robins. Los guionistas se siguen empeñando en hacer de ella un personaje excéntrico a la fuerza, con diálogos que chirrían por artificiosos. Podría ser genial, pero no lo es. Es patético. Y este episodio, todas sus intervenciones me provocan vergüenza ajena.

Arizona: (A Alex) No, because you selpt with my girlfriend, and I find that when I look at you, I wanna hit you with a brick. (A Teddy) As my new friend, don’t judge me for that” (Yo, dedos en la garganta).

Teddy es el caso diametralmente opuesto a Arizona. Es interesante, porque no nos dan con lo obvio del personaje en la cara. Observa y escucha en lugar de interactuar o sobreactuar (o actuar, a secas). Claro, que si todos los personajes fueran así, esto no sería Anatomía de Grey (seguramente sería una serie que muchos se tomarían más en serio). Nos están dando la oportunidad de conocer a Teddy poco a poco, y eso se agradece.

El insoportable señor Harper Avery es el ejemplo perfecto que ilustra el agotamiento absoluto en las historias de los pacientes del Seattle Grace/Mercy West Hospital. Ni siquiera los pacientes “especiales” consiguen aportar nada nuevo, nada interesante. La conexión de Avery con el interno de cuyo nombre no me acuerdo (ni voy a buscar, porque no quiero encontrarme con su cara) y Meredith podría haber estado bien, pero no. ¿Por qué todos estos doctores-pacientes tienen que ser iguales?

La única que se beneficia de la historia de Harper Avery es Cristina Yang (sí, lo voy a repetir, el mejor personaje de Anatomía de Grey):

I misdiagnosed Harper Avery in front of Harper Avery. Do you know what that does to my chances of one day winning a Harper Avery Award?

Por un lado haciendo bullying a Lexie (que debe dejar de ser rubia ya) y por otro, siendo la empollona repelente, una groupie de Harper Avery, Cristina es uno de los personajes más imprescindibles de la serie.

La trama de Derek Jefe de Medicina y Richard Webber sigue dando buenos momentos. Derek como jefe, inexperto, algo inseguro, pero decidido a mantener su puesto y Richard entre attendings ejerciendo presión y dando consejos es una buena dirección para estos dos personajes en esta temporada. Me gusta que los grandes cambios en esta serie traigan consecuencias que cambien a los personajes y transformen las tramas, y no como en la mayoría de las series, donde este tipo de giros argumentales se resuelven en un episodio para al siguiente continuar como si no hubiera pasado nada. Además, Derek, camisa azul y bata blanca. No digo más.

Mujeres desesperadas, "My Two Young Men" (6.18)

Voy a enumerar lo mejor y lo peor el último episodio emitido de las desesperadas, siguiendo la tradición abandonada de mi amigo Bertoff (sí, él la inventó, ¿no lo sabíais?), el mayor incondicional de las damas de Wisteria Lane que conozco.

Lo peor

– Por supuesto, la indignante (por facilona e intrascendental) despedida de Katherine Mayfair.

– La trama de Gabrielle y Susan. Últimamente, la especialidad de los guionistas de Mujeres desesperadas es el reciclaje de guiones. Cogemos una trama vista hace un par de episodios (total, para qué disimular), tachamos “sistema de calificación por animales (girafas y leopardos)” y ponemos encima “venta benéfica de chocolatinas” y ya tenemos un buen cacho del episodio solucionado. Si al menos hubiera sido gracioso y no hubiera terminado en moralina más propia de Cosas de casa… Solo me he reído con Susan contando la historia de Barbara Briscoe: “Her mom gave her an antihistamine shot, which is technically a steroid, and she was juiced!”

– El bigote de Preston. Es más incómodo que ver a Katherine y Robin en la cama. Además, la guerra Lynette vs. Irina aburre hasta doler.

Lo mejor

– Dejando a un lado el componente “culebrón diurno” del hijo bastardo de Rex (que como es lógico, se apoya de espaldas en la pared y sonríe malevolamente sin que nadie lo vea), la trama actual de Bree está dando buenos momentos, como el protagonizado por Andrew y la guitarra (“Oh what fun indeed”). Más minutos para Andrew (y Danielle) siempre son bienvenidos.

– Lee. He decidido que me encanta, y quiero verlo jugando al póker asiduamente con las desesperadas. Es más, quiero que sea el sustituto de Katherine.

– Karen y Roy: “You could be that girl”.

– Jack “Hotness” de Torchwood aparece en Mujeres desesperadas como asesino implacable. No es que vaticinemos un gran giro para la anquilosada historia de los Bolen, pero siempre es bueno ver a John Barrowman. ¿Hará Marc Cherry, demiurgo mariquita, que también sea gay?

– Los niños de Mujeres desesperadas son geniales. Si normalmente Juanita se lleva todos los laureles, tengo que decir que M.J. le ha robado el protagonismo con creces en este episodio. Desde aquel capítulo en el que Susan y Mike creen que el niño es cortito, M.J. se ha convertido en un gran personaje. Mason Vale Cotton es oficialmente, en estos momentos, el mejor actor de la serie.

Perdidos, "The Package" (6.10)

Cómo conocí a Jin y Sun

¿Soy yo o este último episodio de Perdidos ha sido más gracioso y cachondo de lo normal? Por momentos he llegado a pensar que estaba viendo una sitcom sobre un grupo de náufragos muy distintos entre sí que se ven forzados a limar asperezas para hacer de la estancia en la isla una experiencia más llevadera, viviendo por ello mil y una situaciones disparatadas. Diría que “The Package” me ha recordado a La isla de Gilligan si la hubiera visto alguna vez. Imaginad risas enlatadas después de este diálogo entre Ben (ya parte integral del grupo, qué emoción) e Ilana:

Ben: ¿Qué? Por cuarta vez, estaba buscando mangos (risas tímidas por la cara de Ben) y ya estaba inconsciente cuando la encontré. ¿Por qué no me crees?
Ilana: Porque estás hablando. (Carcajada enlatada).

o de este:

Jack (a Sun): Puedes entender lo que digo, pero solo puedes hablar en coreano.
Miles: ¿Se golpea la cabeza y se le olvida el inglés? ¿Se supone que nos lo tenemos que tragar?
Lapidus: Lo dice el que habla con los muertos. (Carcajada y aplauso).

Además de esto, tenemos a Hurley interviniendo para decir una o dos frases características de su personaje, y perdiendo la exclusividad graciosa. Después está No-Locke, que es el viejo loco, un extraterrestre (“Tranquilos amigos, vengo en son de paz”) Me encanta este Locke (porque no es él, claro), es un tío muy divertido y su amistad disfuncional con otra loca genial, Claire, es de lo mejor de la sexta temporada.

Igual que en Friends estaba “Nos estábamos tomando un descanso”, Sun también tiene su frase característica graciosa, que como no podía ser de otra manera, repite en este episodio: “He venido para encontrar a mi marido”, claro que después añade “y no para salvar el mundo”. Por fin Sun dice algo más esta temporada. Aunque antes, en un giro inesperado y propio de la comedia de enredos más canónica, Sun se golpea la cabeza y olvida todo el inglés que sabe. (Sí, ahora imaginad un efecto de sonido de dibujos animados cuando Sun se da contra la rama y se cae al suelo). Luego tenemos a Sawyer desplazando su centro de gravedad hacia atrás, y levantando la barbilla, melena al viento, porque algo le huele a chamusquina. Sawyer está más Sawyer Season 1 que nunca. Y para terminar, Sayid, que junto a Locke forman el matrimonio del mal. Y si no leed esto:

Locke: Me voy, que tengo que hacer un recado.
Sayid: ¿Cuándo vas a volver?
Locke: Por la mañana. Cuida del campamento mientras yo no estoy.
Sayid: Ya no siento nada.

Bueno, también está Jin despertando en una estación Dharma y esperando a que aparezca el Jigsaw. Esto no es muy sitcom, pero me ha parecido muy gracioso.

En “The Package” intervienen todos los personajes, ya sea para hacer bulto en los campamentos o para, literalmente, decir una frase y no volver a aparecer. ¿Qué quiere decir esto? ¿Los guionistas no creen que Jin y Sun puedan aguantar solos un episodio de Perdidos sin aburrir al personal? Seguramente sea cierto. Aunque a mí la historia del matrimonio siempre me ha resultado interesante, por algún motivo, un episodio centrado en ellos normalmente me parecerá “menor” o de relleno. Aún así, creo que “The Package” es uno de los mejores episodios de lo que llevamos de temporada.

Con este episodio, me he dado cuenta de que la realidad alternativa (a partir de ahora, los side-flashes) es una idea brillante (vale, lo sospechaba ligeramente). Aunque nunca se ha dejado de lado el interés por el desarrollo, o más bien, por el retrato de los personajes, con los side-flashes uno tiene la sensación de asistir a un regreso al interior de los personajes. No había manera más astuta de cerrar el círculo. Gracias a los side-flashes, obtenemos una descripción de los personajes suspendida en el tiempo, una visión pura y completa de sus psyches, sin “contaminación” alguna. En el piloto vimos a Jin ordenando a Sun que se aprochase el botón de la camisa, y automáticamente emitimos juicios sobre las personalidades de los coreanos, que además duraron bastante tiempo. Con este episodio, vemos lo que habría pasado después (es un decir). Cuando vemos a Sun desabrochándose el botón en el hotel, para desafiar a Jin “¿No me vas a decir que me abroche el botón?” asistimos a un ciclo completo. La realidad en la isla no ha existido nunca para ellos, pero a nosotros nos ha servido para conocer a los personajes y al regresar al comienzo, somos conscientes de ello. No se me ocurre manera más genial y retorcida de retratar a unos personajes.

La trama principal (por llamarlo de alguna manera) de Perdidos sigue avanzando a pasos agigantados, aunque sea casi imperceptible. Los guionistas, en un alarde de descaro, se están permitiendo incluir información nueva en los side-flashes, porque en la isla nos están dando información de sobra para llevarnos al final. “The Package” sufre la resaca post-Richard Alpert en Pasión de Gavilanes, y aún así consigue mantener el tipo, gracias a una extraordinaria labor por parte de los guionistas. Aunque algunos, como Widmore, sigan viendo todo esto como “una combinación de mitos, cuentos de fantasmas y ruidos de noche en la jungla”.

Y ya solo me queda hablar de Jack Shephard, mi personaje favorito de Perdidos. Pero en lugar de decir nada sobre él, os dejo esto:

Do you trust me?