Caprica mola. So say we all.

Menos mal que me han obligado a ver Caprica. No es necesario haber visto su serie madre, Battlestar Galactica, para entender la trama. Aunque, obviamente, conocer el universo al que ambas pertenecen es un punto a favor para apreciar algunas de las cuestiones que Caprica plantea. Sin embargo, lo más importante es que Caprica, a juzgar por su piloto, no es un spin-off al uso. Promete ser una precuela altamente independiente, con puntos temáticos en común, pero con un discurso completamente nuevo.

El piloto de Caprica es un producto audiovisual sublime, una historia incómoda y altamente alegórica (como la mejor ciencia ficción debe ser a mi entender) que me ha dejado con ganas de devorar los doce episodios restantes de la primera temporada. Desde los perturbadores y trepidantes minutos iniciales, Caprica deja claro que no tiene miedo al exceso, y que nos va a dar una historia comprometida, compleja y sí, farragosa (en el buen sentido, si algo así existe). Si consigue mantener el tono del piloto, Caprica promete fascinación y dolores de cabeza, a través algunas de las cuestiones más básicas sobre el ser humano. Y yo prometo quedarme a reflexionar con ella.

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