Perdidos, "Lighthouse" (6.05)

En el país de los locos

A veces pienso que Perdidos debería llamarse Jack llora. En el episodio “Lighthouse”, el doctor Shephard llora hasta tres veces. Es el personaje de televisión que más recurre al llanto para expresar emociones. Llora cuando está agotado, llora emocionado, llora de impotencia, llora porque de repente es consciente de quién es, o porque intenta saber quién es y no lo consigue. Me fascina. No hay otro personaje igual en Perdidos. Es un niño grande, repelente y antipático, que se pone de morros cuando algo le molesta o le confunde, un gran profesional de la medicina que puede llegar a ser un tonto de remate en su vida personal, un héroe por auto imposición, que se niega a asumir que dejó de serlo hace mucho tiempo, o que sencillamente nunca lo fue. Jack me recuerda a mí. Una serie de actos o incluso apariencias le llevan a forjarse una imagen que hasta él mismo se cree, y que como estamos viendo, lleva a las últimas consecuencias. Jack se ha vuelto loco porque quiere ser quien cree que es y no puede, porque quiere que La Isla le devuelva esa identidad que otros ya han descubierto que no le pertenece. Jack es una decepción, para su familia, para sus compañeros de aventuras en la isla, para él mismo. Pero él es el único que lucha por comprenderse, por arreglarse. Los demás, la mayoría de espectadores incluidos, se han dado por vencido. A Jack, como a mí, le cuesta años asumir la verdad, asumirse, que ese hombre que salvaba a náufragos del fuselaje asesino después del accidente de avión ya no existe, o nunca existió, fue solo un reflejo en el agua. Jack está más perdido que nunca, y que nadie, pero parece que empieza a encontrarse…

Jack: I came back here because I was broken. And I was stupid enough to believe this place would fix me.

Dejando a Jack a un lado, “Lighthouse” ha sido en mi opinión un episodio irregular. Por un lado, ha sido muy “temporada 4” (dentro de una temporada muy “temporada 1”). Una vez acabado, y a pesar de contener momentos importantes e información esencial (siempre nos quejamos de la falta de información, y siempre nos dan información de sobra, la justa y necesaria para un episodio de 40 minutos), no he podido evitar tener la sensación de que “Lighthouse” vuelve a recurrir demasiado a las frases golpe de efecto/subidón de música/corte a negro. No digo que no las haya en episodios anteriores, solo que al terminar, me he quedado con la sensación de que el episodio se reducía a eso, de la misma manera que a veves pienso que la temporada final se está reduciendo a ver quién conoce a quién o con quién se encuentra quién en la realidad alternativa. Pero es solo una sensación intermitente. Por supuesto, esta temporada es mucho más que eso. O eso es lo que yo quiero creer.

Por suerte, el episodio tiene las dosis perfectas de acción y locura para compensar esa sensación regresiva a la cuarta temporada. Para empezar, Hurley está sembrado. No solo es el único alivio cómico de Perdidos, sino que es el enlace perfecto entre espectador y relato lostiano. La escena del faro ha sido genial. Jack le pregunta a Hurley “¿Cómo es que no lo habíamos visto nunca?”, a lo que este responde “Porque no lo estábamos buscando”. Toma. Más claro imposible. Dedicado a todos los que se quejan de los deus ex machina de Perdidos. Hurley nos invita a que sigamos dejándonos llevar por la historia (se ríe de nuestras teorías sobre la serie), y que si es posible, reduzcamos el número de preguntas, porque, en la mayoría de ocasiones, la respuesta será “porque sí”.

Y mención aparte merece la loca Claire. Su intervención en “Lighthouse” eleva las cotas de bizarrismo de Perdidos considerablemente. No hay frase o acto de Claire en “Lighthouse” que no resulte fascinante e increíble. La macabra cuna de Aaron, su cara de “mira qué Rousseau soy” cuando se prepara para coser a Jin, el (predecible) asedio con el hacha a su prisionero (que advierte a Jin de lo loca que está Claire, como si de dos víctimas de asesino en serie atadas en su sótano se tratase), y sobre todo, sobre todo, el momento “No estoy sola, tengo un amigo especial, y puede volar”. Es todo tan propio, tan genial. Aplausos para Claire.

En mi opinión, “Lighthouse” ha sido otra prueba de fidelidad y compromiso. Los elementos fantásticos del episodio me han parecido soberbios, además de justificados, o justificadores (algo que no necesitamos, pero que cuando tenemos, sienta bien). La escena en el faro ha sido de lo mejorcito de lo que llevamos de temporada, muy similar a la escena de la cueva del episodio anterior. Perdidos es más cuento de hadas que nunca, las continuas referencias a Alicia en el país de las maravillas y a El mago de Oz nos invitan a escuchar atentos el cuento, y dormirnos después, sin darle más vueltas a la cabeza.

Queer as Fraud

Supongo que os habrá pasado alguna vez que, después de haber visto una película cientos de veces en vuestra infancia y adolescencia, la revisáis con un criterio más adulto, y os dais de bruces con la realidad: Esa película que tanto amabais es una gran porquería.

Pues bien, algo así me está pasando con Queer as Folk. Y es muy triste, porque no hace tantos años que la serie terminó su andadura en Showtime (estuvo en antena de 2000 a 2005). ¿Tan mal ha envejecido? La respuesta es un sí rotundo. Pero a su favor, he de decir que esa caducidad tan pronta se debe a un hecho incontestable: Queer as Folk rompió moldes y fue pionera en cuanto a representación del sexo en la pequeña pantalla, aportando a Showtime una imagen que ha ido sofisticando con los años. Queer as Folk es la que se atrevió a dar el paso (algún antecedente hay, como Sigue soñando, y por supuesto, Sexo en Nueva York, pero nunca tan explícito, y nunca tan gay), la que hoy en día palidece al lado de las producciones de su cadena, y de HBO, donde solo el sexo ya no es suficiente. Actualmente, en esas cadenas, atreverse a “mostrar” ya no es una declaración de principios o intenciones, es un supuesto del que se parte para contar historias interesantes, es una herramienta más al servicio del discurso, y no un discurso en sí mismo.

Tantos tabúes rotos, tantas metas cruzadas, no son nada si con el tiempo, Queer as Folk se revela como una serie endeble en cuanto a su relato y los personajes que lo habitan. Solo Brian (y un poco Michael) son verdaderamente sólidos. El resto de personajes son una pandilla artificial (y artificiosa), que no hace más que secundar con serias dificultades a la estrella de la serie, que por suerte, es lo suficientemente potente como para que al final el visionado no sea del todo traumático. Brian Kinney permanece como uno de los mejores personajes de la televisión moderna, esto no ha cambiado, y no creo que cambie. Pero a día de hoy, me resulta difícil sentir algo de cariño hacia personajes como Mel y Lindsay (vacías y anquilosadas), la pesada de Debbie o a uno de los personajes más irritantes de la televisión, Emmett Honeycutt, del que siempre espero los momentos de mayor vergüenza ajena del episodio (no sé si es peor el Emmett profundo y condescendiente o el Emmett “cómico”. Creo que los dos me repelen por igual).

Por suerte, la gran baza de la serie permanece sólida desde el principio, y solo falla en los últimos episodios: La relación entre Brian y Justin. Por muy insoportable que sea Justin, su relación con el Dios Kinney (así lo llamamos él y yo desde el primer episodio) es lo mejor de la serie, junto con la amistad entre Brian y Michael (vaya, todo lo que tiene que ver con Brian). Lo demás es completamente prescindible, y muy a menudo, insufrible.

En Queer as Folk, los estereotipos se hacen insoportables. Y no me refiero a los del “mundo gayrepresentados en la serie, sino a los que conforman a los personajes, al margen de su orientación sexual. Los personajes de Queer as Folk muestran pocos rasgos de originalidad o inteligencia, son arquetipos bien formados, pero muy mal desarrollados, personajes envueltos (torpemente) en situaciones propias de sitcoms de producción en cadena de los noventa. Si no fuera por el triángulo de amor y amistad que forman Brian, Michael y Justin, Queer as Folk no tendría apenas valor hoy en día, no superaría el control de calidad del cada vez más exigente público televisivo. Por lo que a mí respecta, cuando acabe este revisionado de la serie (estoy viendo la tercera temporada) que pare el thumpa thumpa.

The Office, "Manager and Salesman" (6.15)

The Office sigue su trayectoria ascendente después de un pequeño bajón (nada dramático, solo ligeramente preocupante) de la primera mitad de la temporada. El último episodio emitido, “Manager and Salesman” ha sido enorme. La incorporación de Kathy Bates al reparto de la serie en la sexta temporada es mucho más que un reclamo publicitario. La NBC es conocida por infestar sus series de estrellas invitadas, casi siempre de primera fila (lo vimos en Friends, Will & Grace, y ahora en 30 Rock). Es interesante ver a estos grandes actores desenvolviéndose en la pequeña pantalla, y especialmente en un género como el de la docucomedia. Bates interpreta a la nueva propietaria de Dundler Mifflin, y viene a representar el cambio dentro de la serie, un cambio que como es habitual, solo es temporal o superficial. Es decir, la nueva estructura de Dundler Mifflin, Sabre no es más que un puente hacia nuevas tramas que permitan brillar a la serie donde siempre ha brillado, sin resultar repetitiva.

Fue un acierto de este episodio que Michael y Jim lucharan por el puesto de manager, para más tarde hacer lo mismo con el de vendedor. Pudimos ver a Michael sentado en las mesas de los vendedores, intentando encajar todos sus juguetes en su espacio personal, y anunciando a viva voz su primera venta (algo que dejaron de hacer en 1993, según sus nuevos compañeros). Este fugaz cambio dio lugar a uno de los momentos más divertidos del episodio, pero me alegro de que se quede en eso, y no sea la tónica del resto de la temporada.

Por su parte, Jim continúa su ascensión al cinismo más radical. Lo que pasa es que al principio era un simple vendedor, y su hastío habitual estaba más justificado, o al menos se le permitía sin juicio alguno (era con el que más podíamos empatizar). El mismo Jim (porque es el mismo, no nos engañemos), en un puesto de mando es un Jim más condescendiente y repelente, o más bien nosotros lo percibimos así. Jim y Pam ya no son lo que eran, pero son lo que deben ser, su evolución es lógica.

Y frente a la normalidad absoluta de Jim y Pam, el resto de la oficina sigue su viaje a los rincones más recónditos de la vergüenza ajena y la locura más bizarra. Andy Bernard es la nueva estrella de The Office, sin duda. Nunca pensé que ese personaje de la tercera temporada, al que no conseguía ver como habitual en la serie, llegaría a estar casi a la altura del gran Michael Scott. Andy es ya un icono de The Office, y su deliciosa (y para muchos nada creíble) relación con Erin viene a rellenar el hueco dejado por Jim y Pam. Las tarjetas de San Valentín de Andy dieron algunos de los mejores momentos del episodio. Uno de ellos protagonizado por la enorme (¿hay alguien en esta serie que no sea enorme?) Kelly Kapoor, que como no podía ser de otra manera, cree que Andy se ha enamorado de ella, y siguiendo las reglas doradas de las comedias románticas, asume que siempre ha tenido el amor delante de las narices y nunca se dio cuenta. Genial.

The Office sigue siendo la serie más divertida de la parrilla actual, y la única que consigue sacar adelante una grupo de personajes numerosísimo, sin que ni uno solo de ellos esté mínimamente desdibujado. Bueno, quizás Ryan haya perdido el norte… pero esto forma parte de su nueva personalidad tras su experiencia en lo más alto de Dundler Mifflin. Verlo cambiar su estilo en cada episodio, en busca de una identidad que se le escapa de las manos, es otro ejemplo del detallismo magistral de The Office.

Battlestar Galactica: Petados

En estos momentos, estoy modo Battlestar Galactica-fan fatal Mode On. Esto puede desembocar en dos cosas: Buscar información, opiniones y fotos de la serie y encontrarse con mil y un spoilers(mi especialidad), o descubrir que no solo Jamie Bamber participó en una campaña para PETA (sin duda, y sin conocer muchas otras, la mejor de la historia de la organización), sino que también Grace Park y Tricia Helfer prestaron sus cuerpos (no tan serranos como el de Bamber, estas niñas tienen que comer un poco) para campañas para salvar a las focas y (curioso) para concienciar a la sociedad de la importancia de cuidar bien a los gatos.

 

 

Anatomía de Grey, "State of Love and Trust" (6.13)

Pensamientos sobre “State of Love and Trust” (6.12) de Anatomía de Grey (esta entrada puede contener spoilers):

– Por ahora, uno de los mejores episodios de la temporada. El recurso de acudir a otro personaje para los monólogos interiores del episodio ya se ha convertido en una constante de la serie. Los episodios centrados especialmente en un personaje dan un respiro a la voz resquebradiza de Ellen Pompeo. “State of Love and Trust” tiene a Derek como principal protagonista, y él se encarga de los voiceovers, para hacer básicamente lo mismo que Meredith: Soltar una frase a medias y acabarla después de tres o cuatro escenas, cuando ya no nos acordamos de lo que estaba diciendo…

– Nadie echa de menos a Izzie Stevens, ¿verdad? Katherine Heigl volvió en el episodio anterior para marcharse de nuevo. Al menos se encargaron de dar algo de cierre a su relación con Alex. Magnífico Karev en el episodio anterior dándose cuenta de que no se merece a Izzie. Después de ese momento y tras su nueva ausencia, nos damos cuenta de que nosotros tampoco nos merecemos a Izzie. No si va a ser de esta manera. Anatomía de Grey está llena de buenos personajes, no puede ponerse patas arriba cada vez que la caprichosa de Heigl quiera hacer una comedia romántica. Katherine, si no vuelves de verdad, estamos preparados para verte marchar… para siempre.

– Me llama la atención/irrita el sobre esfuerzo de los guionistas por hacernos querer a Arizona Robins. Cuando lo normal es que los personajes gusten sin apenas artificios, en el caso de Arizona, desde el principio, parece haber una tendencia a hacerla “especial” a base de manías o características bizarro-infantiles. Una cirujana de pediatría que lleva zapatillas de deporte con ruedas. Podría ser genial, pero me resulta un poco… desesperado.

– Nadie lleva las camisas azules como Patrick Dempsey. Cuando uno piensa que no puede ser más guapo, va y ve “State of Love and Trust” y ¡bang! La escena en la que Hunt y Sloan visitan a Shepherd en su nuevo despacho es mejor que cualquier porno. Vaya tres.

– Han conseguido que la aburrida trama de alcoholismo de Richard Webber desemboque en una de las tramas más interesantes de la temporada. Derek y Richard no suelen tener momentos estelares juntos, pero la tensión provocada entre el hombre perfecto más imperfecto de la tv y el pesado del Chief ha sido de lo mejor de lo que llevamos de sexta temporada, y da paso a un cambio que espero que los guionistas sepan aprovechar al máximo (sobre todo en cuanto a Meredith, que puede dar mucho de sí como la mujer del Jefe).

– Por mucha repetición de esquemas y tramas que presente, Anatomía de Grey es una de las pocas series que me provocan más de una carcajada en cada episodio. Bravo por los gags de esta serie. Little Grey curando a Cristina y esta diciéndole “Don’t cry on my ass” fue uno de esos momentos.

– Cristina Yang sigue siendo el mejor personaje de la serie, y en este episodio tiene un momento a la altura de sus mejores escenas en las anteriores temporadas. Después de comerse el episodio “Blink” en su escena final ante Teddy (en la que le ofrece a Hunt a cambio de que se quede), Cristina vuelve a poner la carne de gallina hablándole a Hunt sobre Burke. Bravo, Sandra Oh por tus dejarnos k.o. con tus escenas dramáticas (a pesar de esa voz de ogro ahogándose), y bravo señores guionistas por seguir arañando a los personajes hasta llegar a sus entrañas.

Anatomía de Grey lleva seis temporadas, y a pesar de moverse a menudo por inercia, se las arregla para mantenerse en plena forma. Ya no hay ni un solo caso médico que no resulte repetitivo y (a menudo) ridículo y patético, pero los problemas internos del hospital y los personajes siguen haciendo de Anatomía de Grey una de las mejores series de la televisión norteamericana en abierto.

Justicia

Fin de semana galáctico. El final de la tercera temporada de Battlestar Galactica es algo de otro mundo, digno de ser visto sin parpadear. Y este discurso (después de la foto) de Lee Adama en el banquillo de los testigos del juicio más emocionante que yo recuerdo en la televisión nortamericana en mucho tiempo es solo uno de los momentos desencajadores de mandícula de “Crossroads”. Lee nunca brilló tanto como en este episodio, dejándonos a todos con el corazón en un puño, y a muchos con las ideas del revés. Y Battlestar Galactica, a paso lento pero firme, va colocándose en el podio de mis series imprescindibles, las que llevo bajo piel.

Lee: Did the defendant (Baltar) make mistakes? Sure. He did. Serious mistakes. But did he actually commit any crimes? Did he commit treason? No.

I mean, it was an impossible situation. When the Cylons arrived, what could he possibly do? What could anyone have done? (looks at the courtroom audience) I mean, ask yourself, what would you have done? (looks at the judges) What would you have done?

If he had refused to surrender, the Cylons would have probably nuked the planet right then and there. So did he appear to cooperate with the Cylons? Sure. So did hundreds of others. What’s the difference between him and them?

The President issued a blanket pardon. They were all forgiven, no questions asked. Colonel Tigh. Colonel Tigh used suicide bombers, killed dozens of people. Forgiven. Lt. Agathon and Chief Tyrol. They murdered an officer on the Pegasus. Forgiven. The Admiral. The Admiral instituted a military coup d’etat against the President. Forgiven.

And me? Well, where do I begin? I shot down a civilian passenger ship, the Olympic Carrier. Over a thousand people on board. Forgiven. I raised my weapon to a superior officer, committed an act of mutiny. Forgiven. And then on the very day when Baltar surrendered to those Cylons, I as commander of Pegasus jumped away. I left everybody on that planet alone, undefended for months. I even tried to persuade the Admiral never to return, to abandon you all there for good. If I’d had my way, nobody would have made it off that planet. I’m the coward. I’m the traitor. I’m forgiven. I’d say we’re very forgiving of mistakes.

We make our own laws now, our own justice. And we’ve been pretty creative in finding ways to let people off the hook for everything from theft to murder. And we’ve had to be, because… because we’re not a civilization anymore. We are a gang, and we’re on the run, and we have to fight to survive. We have to break rules. We have to bend laws. We have to improvise. But not this time, no. Not this time. Not for Gaius Baltar.

(to Baltar) No, you… you have to die, you have to die because, well, because we don’t like you very much. Because you’re arrogant. Because you’re weak. Because you’re a coward, and we the mob, we want to throw you out the airlock, because you didn’t stand up to the Cylons and get yourself killed in the process. That’s justice now. You should have been killed back on New Caprica, but since you had the temerity to live, we’re going to execute you now. That’s justice.

(murmuring in the courtroom)

Judge Franks: Order. Order!

Lee: This case… this case is built on emotion, on anger, bitterness, vengeance. But most of all, it is built on shame. It’s about the shame of what we did to ourselves back on that planet. (looks at Adama) It’s about the guilt of those of us who ran away. Who ran away.

And we’re trying to dump all that guilt and all that shame onto one man and then flush him out the airlock, and hope that that just gets rid of it all. So that we could live with ourselves. But that won’t work. That won’t work. That’s not justice, not to me. Not to me.

Top Ten: Los personajes que más odio de la tele

Inauguro esta nueva etapa en el blog, como no podía ser de otra manera, ¡con una lista!

Esta es una lista bastante limitada. En primer lugar, porque incluye solo personajes de series en curso actualmente en la televisión norteamericana (dejo fuera la española, por razones que espero no sea necesario detallar). Y en segundo lugar, porque no sigo todas las series al día (aunque parezca lo contrario), y esto reduce las posibilidades. Por ello, os animo a ampliar la lista en los comentarios, y a darme caña en lo que no estéis de acuerdo. Y no olvidéis, es una lista basada en criterios absolutamente personales, y en algunos casos, manías irracionales.

10. Barney Stinson (Cómo conocí a vuestra madre)

Me arriesgo incluyendo en esta lista a un personaje bastante querido por el público. No es tanto que odio a Barney, como que odio lo que ha supuesto para la serie en las dos últimas temporadas. Barney es el símbolo del agotamiento y la indiferencia de los guionistas ante el bajón de calidad de la serie. Barney es el Urkel del siglo XXI. Y además… nunca me hizo tanta gracia.


9. Sayid Jarrah (
Perdidos)

Para mí, Sayid fue desde el inicio de Perdidos un personaje forzado y artificial. Sus dilemas morales nunca me afectaron, y me parecía uno de los personajes menos interesantes de la serie. Con el tiempo, ha pasado simplemente a aburrirme y/o irritarme. (A punto de entrar en la lista, Ilana, insoportable como ella sola para el poco tiempo en pantalla que tiene).


8. Izzie Stevens (
Anatomía de Grey)

Al igual que Barney, no es tanto odio como resentimiento hacia lo que supone la evolución del personaje para la serie. Las idas y venidas de la petarda de Katherine Heigl han terminado por destruir un personaje que alcanzó su cénit en la segunda temporada de la serie. (Me parece innecesario incluir a todos los personajes nuevos a raíz de la fusión Seattle Grace-Mercy West, ¿hay alguien que no los odie a todos?).


7. Demetri Noh (
FlashForward)

Todos los personajes de FlashForward merecen un puesto en esta lista. Por eso, me he basado en criterios exclusivamente subjetivos y viscerales para escoger a uno. El elegido es Noh, porque verlo en pantalla me inspira mucha violencia.


6. Gregory House (
House)

Otro personaje querido por el público. Sin embargo, creo que muchos estarán de acuerdo conmigo en el agotamiento absoluto en el que está sumido el doctor House. Los primeros episodios de la sexta temporada hicieron que la serie tocase fondo, y yo me hartase del todo de ese “cabrón con gracia” que a mí, casi siempre, me ha parecido un imbécil a ratos interesante.


5. Chuck Bass (
Gossip Girl)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chuck es una caricatura sin gracia. Es un personaje que, al contrario que la gran Blair Waldorff (el único buen personaje de la serie), rebosa auto consciencia en el peor sentido. Si al menos se nos diera la oportunidad de reírnos de él como se merece, el personaje tendría algo de interesante. Eso, y que esos morritos me ponen de los nervios…

4. Sue Sylvester (Glee)

Ya lo he dicho en alguna ocasión. Donde muchos ven casi un icono, yo veo un personaje plano, vacío y del montón.


3. Ana Solis (
Mujeres desesperadas)

Ana Solis, la sobrina de Carlos, es el prototipo de adolescente irritante añadida para rejuvenecer tramas. Las escenas de grupo de los adolescentes de la serie son lo peor de esta temporada, que ya es decir. Ana es una de las razones de que estas escenas sean tan dañinas.


2. Vanessa Abrams (
Gossip Girl)

Vanessa lleva dos años poniendo de los nervios al personal. Es la bohemia del grupo, la que aporta el contraste y la diversidad, la que se supone que se rige en base a unos principios más sólidos y correctos que los niños ricos de la serie. Y sin embargo, Vanessa es sencillamente el personaje más estúpido e incoherente de Gossip Girl.


1. Angie Bolen (
Mujeres desesperadas)

A pesar de tener buenos momentos en el último episodio emitido, Angie Bolen me ha resultado el personaje más irritante, odioso y artificial de la temporada televisiva. En parte por culpa de una muy torpe actuación de Drea de Matteo, en parte por ser un personaje muy mal escrito, a base de intervenciones estereotipadas y sin gracia.

Caprica, la mejor serie que no estás viendo

Qué SÍ se puede ver Caprica sin haber terminado Battlestar Galactica. ¡Que sí! Vamos, yo lo estoy haciendo. Así que se confirma la teoría. Se puede. Y además, se puede disfrutar, y mucho. Caprica es increíble, absorbente, perturbadora, inquietante. Es oficialmente la Dollhouse de la nueva temporada por varias razones. Ambas se adscriben a la ciencia ficción más cerebral, que antepone reflexión a acción (Dollhouse consiguió combinar ambas), y que resulta espesa y mentalmente desafiante, como la mejor ciencia ficción (Caprica es más sobria que Dollhouse, y esto puede confundirse con más “seria” o “profunda”, pero no lo creo, al menos no aún). Como la serie de Whedon, Caprica se emite en el “death slot” de la televisión norteamericana, los viernes por la noche. Y al igual que Dollhouse, las audiencias van a la baja (esta semana, solo 1.1 millones de espectadores, terror). Espero que SyFy haga lo posible por mantener la serie en antena al menos un par de temporadas, y que la audiencia responda, porque dos pérdidas tan grandes en un año sería algo insoportable.

Para reviews en profundidad de la serie, semana a semana, visitad Pocoyeando. La del episodio del viernes pasado, “Reins of a Waterfall”, aquí.

Yo no estoy perdido

¿Puede haber algo más absurdo que llegar a la sexta temporada de Perdidos y empezar a quejarse de…?:

A) Los elementos sobrenaturales de la serie. Y en especial el templo y el agua resucitadora. Como si no llevasen cinco años dejando bien clarito el género de la serie: Ciencia Ficción. Los poderes especiales de Walt en la primera temporada, Miles comunicándose con los muertos, los saltos en el tiempo. Todo eso vale, pero el templo o Locke-humonegro “ya es demasiado”… En fin.

B) Los guionistas. A estas alturas del juego, muchos siguen indignándose por los golpes de efecto y las preguntas sin resolver. Estos son los que se sentirán “estafados” al final, porque se sienten así desde el principio. Los hay que creen que los que no nos hemos cansado de esto (yo tuve mi lapsus en la cuarta temporada, pero acabé asumiendo las reglas del juego), estamos totalmente ciegos, y no vemos que los guionistas están quedándose con nosotros. Que en realidad ellos (los guionistas) son los que están perdidos y van dando palos de ciego, mientras nosotros no nos enteramos de nada, pero estamos enganchados y eso les vale (bueno, en esto hay parte de verdad, claro). Me resulta muy sorprendente que haya gente que piense que Perdidos no esté totalmente medida al milímetro. Estoy de acuerdo en que no todo estaba pensado desde el principio. Algo así es imposible, y no deberíamos exigírselo a ninguna serie, ni siquiera una como esta. Me encanta la gente omnipresente, que ha asistido a todas las reuniones de guionistas de Perdidos y nos dan la exclusiva, como intentando hacernos caer del burro: “Que los guionistas van escribiendo sobre la marcha, y vosotros os lo tragáis todo”. Creen que somos idiotas, y los ilusos son ellos.

Si no abandonaste la serie en la cuarta temporada, ¿por qué te quejas de estas cosas ahora?

Mis disculpas por esta entrada reaccionaria. Llevo varios días leyendo comentarios de este tipo, y en lugar de comentar a fondo los tres primeros episodios de la sexta (que me han parecido igual de buenos que lo visto anteriormente, ni mejor ni peor, puro Lost sin cambio alguno), me apetecía desahogarme.

El cuerpo de Angel, amén

Estoy leyendo un artículo sobre el cuerpo de Angel (el vampiro con alma). Es un artículo serio, de un libro de ensayos, serios (Undead TV: Essays on Buffy the Vampire Slayer), con artículos escritos por doctores y gente “importante”, pero en cada párrafo la autora se refiere a la cualidad “simultáneamente dura y blanda del cuerpo de Angel”, y yo no puedo tomármelo en serio, como comprenderéis.

Y si hay que escribir un artículo sobre el cuerpo de un personaje de Buffy, el uso del mismo para construir/utilizar el deseo en el público femenino y homosexual, y el contenido erótico/sadomasoquista de Buffy, ¿por qué Angel y no Spike? Andrew habría escrito sobre Spike.

Analízame, Paul

Acabo de terminar la tercera semana de la primera temporada de In Treatment. Esta serie es una rara avis total en la oferta de series norteamericanas. No solo es un drama de 30 minutos, algo poco habitual, sino que es una serie de emisión diaria. Cinco episodios a la semana, cuatro correspondientes a las sesiones de cuatro pacientes distintos, en terapia con el psicólogo Paul Weston, magistralmente interpretado por Gabriel Byrne, y un quinto episodio dedicado al propio Paul como paciente ante su colega de profesión y antigua psicoterapeuta, Gina Toll, interpretada por una magnífica Dianne Wiest.

Con solo 15 episodios vistos, In Treatment se ha convertido en una de mis series imprescindibles, por su capacidad para absorber completamente al espectador gracias a su realismo abrumador, porque nos sitúa totalmente desprotegidos en medio de un campo de batalla emocional, porque estamos entre cada plano-contraplano y nos llevamos todos los golpes, y salimos de cada sesión con más preguntas incluso que Paul o los pacientes. No hay nada igual en televisión. Solo la serie israelí en la que se basa (muy fielmente, por lo visto), BeTipul, y por su forma, 24, que revolucionó el panorama por su correspondencia entre tiempo real y relato de ficción televisivo. Pero no hay otra serie que implique de la misma manera a sus espectadores. A pesar del dolor de cabeza con el que acabo cada episodio, me alegro mucho de estar en terapia con Paul, aunque puede que a él no le guste tanto…

Patty te mira de reojo

Después de un fin de semana casi maratoniano para acabar la segunda temporada de Damages y poder empezar con la tercera y seguirla al ritmo EEUU, puedo decir que llevo a Patty Hewes y a Ellen Parsons debajo de la piel. La segunda temporada es más confusa que la primera, toca muchos palos y se le va un poco todo de las manos, pero acaba, como la anterior, con una recta final de vértigo. Los guionistas de esta serie se merecen todos los premios del mundo. Llegar al último episodio y que en gran medida esté formado por una reconstrucción de lo que hemos visto en los doce anteriores a modo de flash-forward completamente desfragmentado, y que aún así lo veamos todo como si nos lo estuvieran enseñando la primera vez, es de ovación en pie y reverencias infinitas. Bravo por los Kessler.

A pesar de que el guión de esta serie por sí solo ya es motivo de admiración, Damages no sería lo mismo sin Glenn Close y esa plantilla de secundarios de lujo. No solo la reputación de los actores que participan en la segunda temporada contribuye al carisma de sus personajes, sino que de nuevo, las caracterizaciones de guión son para quitarse el sombrero. Y eso se demuestra de nuevo en los dos primeros episodios de la tercera temporada. Ya estamos completamente inmersos en la trama familiar de los Tobin, y como no podía ser menos, todos los miembros de esta familia resultan interesantes, enigmáticos y poderosamente caracterizados (especialmente el hijo, Joe Tobin). La tensión dramática que desprende cada escena de esta serie es uno de sus puntos fuertes. No hablo solo de los enervantes encuentros entre Patty y Ellen, sino que todos los secundarios ponen de su parte para crear una sensación continua de tensión y pre-clímax que hacen de Damages un visionado casi de infarto.

Estoy deseando asistir al desarrollo de esta temporada, y ver adónde nos llevan los guionistas con esta nueva historia, este gran peliculón de trece horas, en el que ahora más que nunca, los protagonistas están más implicados, y las relaciones más intrincadas. Damages en vena, por favor.

Pesadillas

Los minutos iniciales del estreno de la cuarta temporada de Nip/Tuck son un perfecto ejemplo de por qué esta serie es horrenda. Christian Troy (Julian McMahon) se lleva a la cama a una madre (en la foto, Tracy Scoggins, provocando auténticas pesadillas para el resto de mi vida) y a su hija, a la vez. Un trío incestuoso lleno de momentos “memorables” como cuando la madre aparta a la hija del aparato de Troy para enseñarle cómo se hace. “¿Es que no te he enseñado nada?” le dice mientras desaparece de plano y la hija se une a Troy en la almohada para quejarse de su madre, que está ahí abajo dando su lección magistral. Cuando la hija le dice a Christian que llevan haciéndolo desde que ella cumplió los 16, y se estrenaron con su padrastro, el cirujano siente que ha tocado fondo. EN FIN.

Yo soy de todo menos puritano, pero es que esta serie es gratuita solo porque puede. Hace ya tiempo que las series de las cadenas de pago empezaron a ofrecer algo más que sexo y violencia. El caso de Nip/Tuck es para llevarse las manos a la cabeza. Y no porque cada episodio esté lleno de escenas de este tipo, que no aportan nada. Sino porque aunque pueda parecer lo contrario, la serie se toma muy muy en serio a sí misma, y en numerosas ocasiones, este tipo de escenas pretende contar algo, darnos alguna lección, o revelar algo sobre los personajes (algo que ya se ha machacado hasta la saciedad en episodios anteriores, por lo general). La escena que os he contado termina con un primer plano de Troy, preocupadísimo, porque la señora de la foto le dice que va a morir solo. Por si esto no fuera suficiente, más tarde, la nueva psicóloga del doctor (Brooke Shields) le vuelve a preocupar haciendo que se plantee si va de mujer en mujer porque en realidad está enamorado de su compañero, Sean, y no puede tenerlo. Para echarse a llorar. (Por cierto, luego se la tira, obviamente). Uno puede imaginarse la sala de guionistas incompetentes decidiendo darle a Christian una trama gay, porque se les van agotando las ideas “impactantes”. Es como el típico episodio de serie cutre de los 90 en el que un personaje tenía un sueño sexual con otro y se pasaba el episodio evitándolo, y pensando que quizás estaba enamorado. En ese terreno se mueven los de Nip/Tuck, en el de Salvados por la campana (con mis respetos a Zack Morris y su troupe), solo que ellos quieren darle un trasfondo serio y reflexivo a algo que no se presta a ello.

Nip/Tuck es una serie dañina. No es ni siquiera adictiva, ni un guilty pleasure. No quiero ni pensar en cómo serán las siguientes temporadas. Sin embargo, me quedaré a verlas porque a) veo las series en compañía, y esta es una de las pocas que me dejan ver solo (lógicamente) y b) disfruto despellejándola como se merece.

Meredith Grey

A raíz del comentario de devilniced en la última entrada sobre Anatomía de Grey, reciclo un texto que escribí el 4 de febrero del año pasado sobre el por qué de mi amor hacia Meredith Grey y a la serie.

Me gusta, me encanta, Anatomía de Grey, porque no es una serie cualquiera. La televisión está abarrotada de series cualesquiera disfrazadas de series singulares y destacables por un motivo o por otro, cuando no son más que la enésima revisión de una idea que lleva dando vueltas por las pantallas muchos años, o meras explotaciones del formato episódico para enganchar al espectador con trucos baratos y “continuarás” tramposos. Me gusta Anatomía de Grey, porque es justo lo contrario (o es mucho más que eso, más bien), una serie que en apariencia es como las mil y una series médicas que ha habido, hay y habrá, y que además es un culebrón saturado de giros amorosos y situaciones que desafían la suspensión de la credulidad del más católico, cuando en realidad es una de las mejores “series de personajes” que jamás se hayan hecho.

Por el magistral desarrollo de sus personajes a lo largo de las temporadas, a menudo la comparo con Buffy, la serie-que-no hay-que-comerse-de-vista por excelencia. Como espectador de televisión, valoro el riesgo por encima de casi todo, y por eso suelo empatizar con los personajes más odiosos. Esa es la razón por la que Meredith Grey, a pesar de ser uno de los personajes más hostiables de la televisión, me parece una protagonista increíble. Si alguien me sabe explicar por qué solemos encontrar a nuestros personajes favoritos en el reparto de secundarios, y solemos odiar a los protagonistas, o simplemente los ignoramos, que lo haga. Eso es lo que suele pasar con Meredith (y con Buffy, o Carrie en Sexo en Nueva York).

La Grey es una perfecta metáfora de lo que somos, y por eso la odiamos tanto, porque sois, somos ella, porque a lo mejor no tenéis las mismas preocupaciones, o no os ahogáis en un vaso de agua porque alguien no os ha dicho lo que queríais oír o no habéis llorado follando con alguien. Es muy probable que vuestras, nuestras preocupaciones diarias sean mucho más estúpidas, insignificantes, vergonzosas y ridículas que las suyas, pero no nos paramos a pensar en ellas de la misma manera que lo hacemos cuando ella nos cuenta con su quebradiza voz las chorradas que se le pasan por la cabeza. Y por eso, entre muchas otras cosas, me gusta Anatomía de Grey, porque su protagonista no es como House, por ejemplo, otro personaje odioso, pero que cae bien, que resulta admirable, que fascina. ¿Por qué? Porque está mucho menos anclado en la realidad, porque es casi un súper héroe a nuestros ojos hambrientos de ficción escapista.

Meredith Grey es solo un ejemplo del puñado de grandes personajes que corretean en celo por Anatomía de Grey, sólidos a pesar de lo endeble de las tramas en las que muchas veces se ven sumidos, ejemplarmente caracterizados, e increíblemente queribles. Porque al final, lo que a uno más emociona no es el beso que ya se veía venir desde cinco episodios atrás, o asistir a una resurrección milagrosa en la mesa de operaciones, sino ver los ojos de Meredith Grey, los más tristes de la televisión, llenarse de lágrimas, o ver a la inconmensurable Cristina Yang agarrar los pies de su mejor amiga en la camilla, o a la adorable Callie Torres bailando en bragas, o a Derek Shepard perdiendo la compostura ante Ellis Grey, o a Addison Montgomery mordiéndose el labio mientras ve pasar a Alex Karev, o a Izzie y George (que es mi McDreamy) hablando sin palabras en un armario de instrumental médico…

Te quiero, Meredith. En serio.

Más Hewes, por favor

Me estoy poniendo al día con Damages, para coger con tiempo la recién estrenada tercera temporada.

La segunda temporada de la serie da un considerable bajón en cuanto a interés se refiere, por un caso demasiado difuso y menos atractivo que el de la temporada anterior (y llevado, al menos en la primera manera de la serie, de manera confusa y aburrida). Sin embargo, los valores que hacían de Damages una serie imprescindible en su primera temporada, siguen intactos en esta segunda entrega, que estoy visionando estos días. Y entre ellos, el más importante de todos, PATTY HEWES, que sigue fascinando y aterrorizando a partes iguales. La Hewes es uno de los personajes más sutil y deliciosamente retorcidos de la pantalla actual, y está interpretado por una Glenn Close inconmensurable, inabarcable, tremenda.

Antes de acabar la temporada, cuelgo este póster promocional del estreno de la segunda temporada, que siempre quise subir a algún sitio, para decir cuánto me gusta. Las promos de Damages son geniales, y un buen exponente de lo que uno puede encontrarse en la serie. Calidad, calidad y más calidad.

Anatomía de Grey, “Blink”

Pensamientos sobre “Blink” (6.11) de Anatomía de Grey (esta entrada contiene spoilers):

– El triángulo Cristina-Owen-Altman nos está dando algunos de los mejores momentos de la temporada. Sandra Oh vuelve a estar brillante y se lleva para casa la satisfacción de haber protagonizado la mejor escena del episodio (el momento en el que Cristina, impulsivamente, le ofrece Hunt a Altman a cambio de que su “cardio god” se quede en el Seattle Grace), y de seguir siendo el mejor personaje de la serie (invicta desde el comienzo de la serie, a pesar de algún titubeo la temporada pasada).

– Los pacientes deportistas profesionales son los protagonistas de las tramas más irritantes de las series médicas. Torres operando al de este episodio, y diciendo súper apenada que está acabando con su carrera me ha hecho querer vomitar.

– Por mucho que los acontecimientos de este capítulo lleven a Lexie y Alex (seguro que habrá algún chiste sobre sus nombres) en un recorrido “lógico” hacia un encuentro sexual, no dejará de parecernos totalmente gratuito y azaroso. Pero estamos acostumbrados. Es una de las cláusulas que firmamos los espectadores en la primera temporada de la serie. Sabemos que van a seguir liando a todos con todos. Lo importante son las consecuencias. Espero que en el siguiente capítulo (ya emitido), no se le dé excesiva importancia.

– Sloan hija está metida con calzador en la serie, para crear conflicto. Otra de esas cláusulas del contrato. Sabes que las parejas que van bien, van a durar poco, y por lo general van a terminar abruptamente (para volver más adelante, y volver a romper, y así hasta llegar a Meredith y Derek, pareja sólida sin conflicto serio desde hace tiempo). Por otra parte, la trama de Sloan hija se resuelve en Private Practice, a través de otro crossover. Addison Montgomery es adorable, pero su presencia, por lo general… ZzzZZzzzZ.

– Hace falta alguna trama a lo grande que le dé algo de forma a la temporada. A excepción de algún episodio, casi toda la temporada está dando la sensación de ser una gran transición, con personajes nuevos que a nadie interesan (excepto Altman, que sin ser nada del otro mundo, está dando juego).

– Y que Katherine Heigl vuelva, o se vaya de una p**a vez. Si se ha dejado de mencionar a George, no habrá problema en olvidar a la pesada de Izzie.

– ¿No os parece que las escenas en el piso de Lexie y Sloan (espera, ¿era el piso de ellos o de Callie? ¿O de Cristina? Bah, da igual) convierten la serie un poco en Grey’s F·r·i·e·n·d·s (pero sin Grey)? A mí me parecen algo artificiales a veces, pero dan buenos momentos, a veces los más entretenidos…

Caprica mola. So say we all.

Menos mal que me han obligado a ver Caprica. No es necesario haber visto su serie madre, Battlestar Galactica, para entender la trama. Aunque, obviamente, conocer el universo al que ambas pertenecen es un punto a favor para apreciar algunas de las cuestiones que Caprica plantea. Sin embargo, lo más importante es que Caprica, a juzgar por su piloto, no es un spin-off al uso. Promete ser una precuela altamente independiente, con puntos temáticos en común, pero con un discurso completamente nuevo.

El piloto de Caprica es un producto audiovisual sublime, una historia incómoda y altamente alegórica (como la mejor ciencia ficción debe ser a mi entender) que me ha dejado con ganas de devorar los doce episodios restantes de la primera temporada. Desde los perturbadores y trepidantes minutos iniciales, Caprica deja claro que no tiene miedo al exceso, y que nos va a dar una historia comprometida, compleja y sí, farragosa (en el buen sentido, si algo así existe). Si consigue mantener el tono del piloto, Caprica promete fascinación y dolores de cabeza, a través algunas de las cuestiones más básicas sobre el ser humano. Y yo prometo quedarme a reflexionar con ella.

Perdidos en el calabozo

Desde que empezó la segunda edad dorad de la televisión norteamericana, y a partir del éxito de Perdidos, hemos asistido a un auge imparable en la producción de series y a una clara evolución en la manera de contarlas. Se han creado muchas series, y cuando las ideas han empezado a escasear, se ha hechado mano de las viejas glorias, como El coche fantástico o V. Los remakes de series televisivas convertidos en películas en la década pasada han dado paso a relecturas de éxitos televisivos, pasados por el tamiz de las nuevas formas narrativas de la ficción dramática del país. Por eso, yo creo que va siendo hora de que alguien se plantee retomar la serie de dibujos de los 80, Dragones y mazmorras (que por cierto, quedó inacabada, con un último episodio escrito que jamás llegó a hacerse), y convertirla en un drama de aventuras de 40 minutos con un gran arco o misterio y muchos Monster of the Week. Yo, desde luego, haría el pedido del set en DVD ya mismo. Dragones y mazmorras al estilo Perdidos (en una cadena como ABC o NBC) no solo sería una idea difícil de estropear, sino que podría poner remedio al déficit (esto es una apreciación personal, claro) de series de género fantástico y aventuras, al margen de SyFy.

But… Umm

Hace unas horas me quejaba de la quinta temporada de Cómo conocí a vuestra madre, y en concreto del episodio número 100, «Girls vs. Suits”, un despropósito mayúsculo que provocó una vergüenza ajena bastante generalizada (al menos en mi círculo de amistades). Pues bien, acabo de ver el episodio 101, y me he reconciliado (momentáneamente) con la serie. Me ha parecido estupendo, con el equilibrio perfecto entre tontería y trascendencia derivada de los pequeños detalles que hizo (junto a otras virtudes) de Cómo conocí a vuestra madre una gran serie en su segunda y tercera temporada.

El episodio «Jenkins” (5.13) devuelve la dignidad a la serie, y sobre todo, hace reír (al menos, yo no he parado en los veinte minutos que dura), algo que últimamente le cuesta horrores. Los cinco protagonistas están en plena forma. El Barney más clásico aportando soluciones al conflicto Jenkins («Primero haremos el paso número 2″). Lily y su reacción al descubrir que Jenkins es una mujer (y bueno, Lily en todo el episodio). Marshall aterrorizado después del beso de Jenkins. Hasta Ted ha estado ligeramente adorable. Pero por encima de todos, una Robin Scherbatsky enorme, diciéndole a Marshall «Take the hit” después de decirle que él es el reacher en su relación con Lily, porque «hasta le has comprado un caballo”. Genial. Es sin duda mi personaje favorito de la serie. Hasta la estrella invitada, Amanda Peet, ha hecho un trabajo bastante aceptable. No me importaría volverla a ver en próximos episodios, aunque lo dudo.

A ver si «Jenkins” no se convierte en una excepción, y los guionistas de Cómo conocí a vuestra madre vuelven a darnos otro episodio tan inspirado como este en lo que queda de temporada. Y si son varios, mejor.