Crítica: El silencio de la ciudad blanca

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A finales de la década pasada fuimos arrasados por el vendaval que supuso la publicación de las traducciones de los tochos de Stieg Larsson (creador de la saga Millennium). La nueva novela negra nórdica copó la lista de ventas y trajo consigo la llegada de mil y un impronunciables escritores y escritoras con infinidad de consonantes en sus nombres a los estantes de nuestras librerías. Tiempo después, Gillian Flynn (Perdida, Heridas abiertas) siguió saciando esa hambre de secretos y miserias del lado más oscuro de la psique humana al tiempo que se convertía en la reina del plot twist, y la francesa Fred Vargas se hacía con el mismísimo Premio Princesa Asturias de las Letras por la calidad de su producción literaria dentro de este género habitualmente denostado.

Este renacer del thriller se ha visto reflejado igualmente en la producción patria con los éxitos de ventas de autoras como Julia Navarro (La Hermandad de la Sábana Santa) o Dolores Redondo (su Trilogía del Baztán), así como nuevas entregas de las longevas sagas policiacas ideadas por Alicia Giménez Barlett (Petra Delicado) y Lorenzo Silva (Bevilacqua y Chamorro) … y de todos es sabido, que todo éxito editorial, salvo honrosas excepciones, termina contando con su adaptación cinematográfica correspondiente. Mientras esperamos la llegada de Legado en los huesos (secuela de la exitosa El guardián invisible y basada en la segunda novela de la saga de Dolores Redondo), abrimos un nuevo capítulo en otra nueva trilogía literaria trasladada a la gran pantalla, en esta ocasión la creada por Eva Gª Sáenz de Urturi. Ha llegado el momento de romper de una vez por todas El silencio de la ciudad blanca.

Unai (Javier Rey, Fariña) es el mejor perfilador criminal de todo Vitoria, aunque lleva casi un año en el dique seco por asuntos familiares. Alba (Belén Rueda, El orfanato) es la nueva subcomisaria que se hará cargo de la investigación de una serie de crímenes rituales que siguen los mismos patrones que los acontecidos hace veinte años en esa misma villa. Un caso que parecía cerrado tras el encarcelamiento de Tasio Ortiz de Zárate (Álex Brendemühl, Las horas del día), mediático arqueólogo y presentador televisivo cuya curiosidad e interés por el ser humano le terminó convirtiendo en un asesino en serie. Pero si el hombre malo está entre rejas, ¿cómo puede ser que hayan aparecido dos nuevas víctimas desnudas en la cripta de la Catedral Vieja?

Daniel Calparsoro (Cien años de perdón) vuelve a intentarlo con el thriller tras el arriesgado y extremadamente fallido experimento que fue El aviso el año pasado. Aunque logre un resultado mucho más respetable que con los viajes temporales de Raúl Arévalo, el director de Asfalto no logra transmitir del todo la tensión y el suspense existentes en las páginas de la novela. Ni de lejos consigue acercarse al ritmo del material original, viéndose este El silencio de la ciudad blanca cinematográfico lastrado por una dirección demasiado conservadora, alguna que otra reiteración explicativa durante la investigación y alguno de los giros que no hace sino infravalorar en demasía al espectador. Como viene siendo habitual, pero no por ello igual de loable, Belén Rueda vuelve a brillar con diferencia sobre sus compañeros de reparto, a pesar de contar con un personaje un pelín desdibujado. Salvan la papeleta igualmente Javier Rey, Manolo Solo (Tarde para la ira), Álex Brendemühl, aunque caigan en el histrión (especialmente este último con sus aires de Hannibal Lecter) en alguna escena que otra. Una verdadera pena volver a ver cómo Calparsoro vuelve a desaprovechar las dotes interpretativas de Aura Garrido (Stockholm) tras su experiencia en El aviso.

Aunque no llegue a ser tan entretenido como El guardián invisible, El silencio de la ciudad blanca es el (no tan) trepidante thriller que te puede arreglar una buena tarde lluviosa otoñal de las que se avecinan.

David Lastra

Nota: ★★½

Rocketman: Bienvenidos al show de Taron Egerton

El biopic musical se ha convertido en uno de los géneros del moda gracias al impresionante éxito de Bohemian Rhapsody en 2018. La película sobre Queen despertó el interés del público (y el de Hollywood) por ver en el cine a las figuras más míticas de la industria musical y esto benefició enormemente a Rocketman, biopic sobre Elton John que llegó a los cines la pasada primavera, rodeado de expectación y justificada fanfarria.

La película, producida por el propio cantante, narra el fascinante viaje de un joven prodigio del piano llamado Reginald Dwight y su transformación en una de las mayores superestrellas internacionales del pop-rock. Taron Egerton (Kingsman) se pone en la piel (y el alma) del icono británico en una película realizada por Dexter Fletcher, que ya dirigió al joven actor en otro biopic, Eddie el Águila, y producida por Matthew Vaughn, con quien trabajó en Kingsman (todo queda en familia).

Rocketman recorre la vida de Elton John a través de sus canciones más conocidas en un espectáculo musical colorido, sexy, deliciosamente kitsch y muy gay que mezcla números teatrales con detalladas recreaciones de algunas de sus actuaciones más memorables. Alejándose del realismo de Bohemian RhapsodyRocketman se zambulle de cabeza en la fantasía (palabra que John eligió para describir la película), con secuencias musicales oníricas y números de Broadway que (aunque no siempre se vuelven todo lo grandes que deberían) reinterpretan el repertorio de Elton John de forma creativa y estrambótica. El resultado es un estallido glam de lentejuelas y purpurina que capta perfectamente el espíritu y la actitud del artista.

Uno de los mayores aciertos de Rocketman es su decisión de no blanquear en exceso la vida de su protagonista. John ha reconocido que la película es una interpretación libre y llena de licencias de su propia biografía, pero esto no quiere decir que se haya dejado fuera algunos de sus pasajes más oscuros, muy importantes en la construcción de su persona, como la complicada relación con sus padres, su mala gestión de la fama o sus problemas de adicción. La película (no recomendada para menores de 16 años) contiene lenguaje explícito y escenas de sexo (homosexual) y consumo de drogas que, si bien no llegan a escandalizar, ayudan a pintar un cuadro más honesto y atrevido de la vida del cantante, no solo de sus momentos más alegres, sino también de los más difíciles.

Rocketman cuenta con un estupendo reparto en el que destacan Bryce Dallas Howard como la odiosa madre de John, un excelente Jamie Bell como su inseparable letrista y amigo Bernie Taupin (su amistad es uno de los aspectos más conseguidos del film) y Richard Madden como su exmanager y expareja John Reid, el villano oficial de la función. Pero sin duda, la película tiene nombre propio, y ese es Taron Egerton, que se entrega por completo al personaje y a la leyenda. Además de cantar de maravilla, el actor evita la imitación burda con una interpretación enérgica, emotiva y muy humana con la que rinde sincero tributo al icono sin caer en la caricatura.

Aunque asume riesgos con los que otros no se atreven, Rocketman es en el fondo un biopic narrativamente tradicional. Uno muy eficaz, eso sí, divertido, emocionante y con buena factura (la puesta en escena y el vestuario sobresalen, por supuesto). Lo que hace que se eleve, que flote por encima de otras películas biográficas es la fuerza de canciones como I Want Love, Your SongCandle in the Wind, el sensacional trabajo de un actor que nació para cantarlas y la figura que homenajea: un chico de pueblo convertido en una de las estrellas más emblemáticas y extravagantes de la historia del pop.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Rocketman ya está a la venta en digital, 4K UHD, Blu-ray, DVD y edición limitada Blu-ray en caja metálica. Este es el contenido adicional de las ediciones que ha sacado Paramount Pictures en nuestro país:

DVD

-Va a ser una aventura salvaje: La visión creativa
-Música reimaginada: Las sesiones de estudio
-Versión Sing-Along: con temas seleccionados

BLU-RAY (incluye los extras del DVD y contenido exclusivo adicional):

-Sencuencias musicales extendidas
-Diez escenas eliminadas y extendidas
-Convirtiéndose en Elton John: La transformación de Taron
-Más extenso que la vida: Diseño de producción y vestuario

La edición 4K UHD + Blu-ray incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición y sonido Dolby Atmos en su pista en versión original, y el Blu-ray con todos sus extras.

La edición especial limitada en caja metálica incluye el Blu-ray con todos sus extras en un elegante steelbook para coleccionistas.

Crítica: Zombieland – Mata y remata

Lo de que no hay segundas partes buenas es un tópico que ya no se oye tanto. No porque no sea cierto en muchos casos, sino porque hay tantos ejemplos para contrarrestarlo que ya no tiene sentido defenderlo. Por otro lado, la moda actual de la nostalgia y el revival nos ha devuelto muchas series y películas del pasado, remontándonos hasta los 60 con resultados por lo general bastante aceptables, cuando no excelentes (Blade RunnerMad MaxMary Poppins). Si sumamos estas dos tendencias obtenemos Zombieland: Mata y remata, secuela tardía que llega exactamente una década después de su antecesora para demostrar que se puede repetir la partida y hacerla incluso más divertida.

Bienvenidos a Zombieland llegó en 2009 como respuesta yanqui a Zombies Party (Shaun of the Dead), con la que el género zombie recibió un gran impulso renovador a través de la comedia. Zombieland obtuvo muy buena taquilla en Estados Unidos (75 millones de dólares, cifra alta para una comedia de terror) y tuvo un recibimiento internacional moderado (26 millones), pero lo que la ha convertido en un verdadero éxito es el paso del tiempo, que la ha cimentado como film de culto. Diez años después, el público la reivindica como una de las películas de zombies más divertidas e ingeniosas, por lo que era el momento perfecto para darle una continuación.

Zombieland: Mata y remata reúne al cuarteto original formado por Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin. Que hayan repetido todos (sobre todo Stone, que tras su reciente Oscar y con la agenda a rebosar podría haberse puesto más exquisita) es uno de los grandes alicientes de esta segunda parte, que también vuelve a contar con Ruben Fleischer (Venom) en la silla del director y los guionistas originales Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool). Con todos los participantes originales de vuelta, Zombieland: Mata y remata recupera el espíritu gamberro de la primera parte sin dificultades, como si apenas hubiera pasado el tiempo.

En la secuela, Columbus (Eisenberg), Tallahassee (Harrelson), Wichita (Stone) y Little Rock (Breslin) siguen juntos después de todo este tiempo, lo que ha hecho que su improvisada y excéntrica familia se parezca cada vez más a una familia tradicional. La rutina y los deseos de emancipación de la más pequeña (ya no tan pequeña) los llevan a separarse y emprender un loco viaje desde su actual residencia, la Casa Blanca, hasta una comuna hippie en el corazón del país. En el camino se encontrarán nuevos aliados y enemigos, y deberán luchar contra un nuevo tipo de zombie evolucionado, más rápido, inteligente y difícil de matar.

Lejos de quedarse en la mera repetición sin gracia, Zombieland: Mata y remata recupera los elementos más representativos de la primera parte (los rótulos con las reglas de Columbus, la acción over the top, la estética de videojuego, los diálogos ingeniosos) y los mezcla con nuevos personajes y situaciones que aportan frescura a la vez que mantienen su esencia intacta. Mata y remata es 100% fiel a la primera Zombieland, pero consigue evitar el estancamiento y acaba resultando incluso más divertida y trepidante. Al igual que en la anterior, no hay lo que se dice un argumento sólido, sino una sucesión de escenas hilarantes, inspirados gags y chistes geniales que aportan ritmo y no dejan ni un minuto para el aburrimiento.

Los protagonistas originales siguen en forma y vuelven a sus personajes sin problemas. Pero en esta ocasión están acompañados de nuevas incorporaciones a cada cual más acertada. Además de Avan Jogia como el pacifista Berkeley o Luke Wilson y Thomas Middledicth como unos descacharrantes dobles de Tallahassee y Columbus, destacan la carismática Rosario Dawson, que encaja sin dificultades en el grupo (Dawson tiene química con todo el mundo, es increíble), y la robaescenas oficial de la película, Zoey Deutch como Madison, típica rubia tonta y superficial que la actriz de The Politician eleva con una de las interpretaciones cómicas del año. Para llorar de la risa.

Zombieland: Mata y remata es una secuela a la altura, incluso a ratos superior a la original. Repleta de momentazos, buenos chistes y referencias pop y acción brutal (los efectos son estupendos, la violencia contundente y el clímax espectacular), con un reparto inmejorable, una escena post-créditos épica y las dosis perfectas de emoción, la película satisfará sin duda a los fans de este loco universo postapocalíptico, y cualquiera dispuesto a aprenderse las reglas para adentrarse en él.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Maléfica – Maestra del mal

La moda de los remakes en acción real de Disney se la debemos en parte a una de sus villanas: Maléfica. Después del éxito de taquilla en 2010 de la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, Disney quiso continuar la senda de la relectura para sus historias clásicas, y en lugar de volver a contarnos La bella durmiente tal y como la conocíamos, nos presentó el cuento desde otra perspectiva, la de su malvada bruja. Maléfica recaudó en 2014 unos sorprendentes 750 millones de dólares en todo el mundo, confirmando así el filón que el estudio del ratón tenía en su catálogo de clásicos animados.

Cinco años después llega la secuela, Maléfica: Maestra del mal, que continúa reescribiendo el mito de la bella durmiente mezclando cuento de hadas clásico y fantasía épica. Si en la primera parte descubríamos que Maléfica no era malvada por naturaleza, sino que las circunstancias la habían llevado a perder el control de su enorme poder, en esta secuela se explora más a fondo su origen, sus motivaciones, el enorme alcance de sus poderes y su relación materno-filial con Aurora (Elle Fanning), convertida en su protegida en el live-action.

La historia de Maléfica: Maestra del mal se sitúa varios años después de los acontecimientos de la primera película. La Princesa Aurora vive en la Ciénaga rodeada de naturaleza, bajo la supervisión de las hadas Flora, Fauna y Primavera y protegida por su madrina, la temible hada con cuernos Maléfica. Sin embargo, a medida que se hace mayor, la joven ansía una vida diferente y decide casarse con el Príncipe Phillip (Harris Dickinson). Antes de la boda, Aurora debe conocer a los padres de su prometido, los reyes John (Robert Lindsay) e Ingrith (Michelle Pfeiffer). El accidentado encuentro distancia a Aurora y Maléfica y ensancha la brecha entre reinos. Como resultado, Maléfica huye y va a parar a una tierra lejana donde conocerá más a fondo el origen de su especie mientras se forja una lucha por proteger a la Ciénaga y las criaturas mágicas que viven en ella.

Dirigida por Joachim Rønning (mitad del tándem de Kon Tiki), escrita por Linda Woolverton y Micah Fitzerman-Blue & Noah Harpster y producida por la propia Angelina Jolie, Maléfica: Maestra del mal continúa el estilo de la primera entrega, llevándonos de nuevo a una tierra lejana llena de seres fantásticos, castillos medievales y magia en cada rincón. Visualmente, la película se mantiene muy cercana a lo que ya habíamos visto, mezclando majestuosos decorados y vestuario con abundante animación generada por ordenador. En cuanto al tono, la secuela también se mantiene fiel a su antecesora, añadiendo en esta ocasión un componente más épico, un toque extravagante y un velado mensaje político, antibélico y conciliador.

Con cierto parecido a la saga Cómo entrenar a tu dragón, la historia de Maléfica nos lleva a descubrir que no es la única superviviente de su especie, sino que existe toda una comunidad de hadas con cuernos como ella que vive exiliada en una tierra remota y escondida. Las tensiones entre el reino de Ingrith y la Ciénaga crecen, lo que lleva a una guerra entre reinos motivada por la sed de poder y el odio a la diferencia. Con esta trama, la película lanza un muy oportuno mensaje de unión y lucha contra los prejuicios que invita a conocer al “otro” antes de odiarlo, y que puede extrapolarse a nuestro propio mundo, cada vez más tenso y dividido.

De nuevo, lo mejor del film es la caracterización e interpretación de Jolie como la villana (no tan villana). La bella actriz aporta presencia y elegancia infinitas a un personaje que ya no es el que conocíamos, sino una versión más vulnerable y “humana” del mismo gracias a ella. Junto a una Fanning también perfecta en su papel de princesa grácil  e inocente, pero valiente y actualizada, forma esa preciosa relación madre-hija que vertebra la película. Jolie y Fanning están acompañadas de un reparto en el que destaca por supuesto Michelle Pfeiffer bordando a la mala del cuento. A la mítica actriz de Batman vuelve no le cuesta nada convertirse en la atracción principal de la película con una interpretación deliciosamente pérfida.

Por el lado malo, Maléfica: Maestra del mal también repite los errores de la primera película. En una época en la que Disney hace sus remakes cada vez más idénticos al original, su intención de reescribir la historia que “creíamos conocer” es loable, pero acaba cayendo en la mima fórmula que hemos visto muchas veces en los últimos años. El guion está más trabajado en esta ocasión, pero la película se pierde a menudo en las tramas secundarias y (pensando en los más pequeños) da demasiado énfasis a las criaturas digitales, que pueden llegar a empalagar.

A pesar de esto, Maléfica: Maestra del mal supone una mejora con respecto a la anterior. Angelina Jolie vuelve a deslumbrar en una película hecha para su lucimiento, pero en la que no obstante sabe compartir el foco con los demás. La incorporación de Michelle Pfeiffer y su dinámica con Jolie y Fanning es todo un acierto (no tanto la de Chiwetel Ejiofor o Ed Skrein, que no se lucen demasiado) y aunque discurre por terreno excesivamente familiar, la historia amplía su universo correctamente, con los toques de humor y emoción que cabe esperar del estudio. En resumen, Maléfica: Maestra del mal equilibra fantasía, romance, aventura y acción en una película 100% Disney.

Pedro J. García

Nota: ★★★

[Reseña Blu-ray] Men in Black: International trae la saga marciana al siglo XXI

Mientras Mulder y Scully ponían de moda a los extraterrestres en televisión, la obsesión de la sociedad por la vida en otros planetas llegó al cine, culminando en uno de los grandes éxitos del cine de los 90, Men in Black. La película dirigida por Barry Sonnenfeld y protagonizada por  Will Smith y Tommy Lee Jones fue un auténtico taquillazo con casi 600 millones recaudados en todo el mundo, lo que dio lugar a una de las franquicias más rentables de Sony, generando dos secuelas estrenadas con una década de diferencia (2002 y 2012), pero con el mismo éxito.

Siete años después de MIB3 (la más taquillera de la saga con 624 millones recaudados globalmente), Sony Pictures ha decidido pulsar el botón de reset con un spin-off que se desarrolla en el mismo universo, pero se centra en otros personajes, Men in Black: International. Sustituyendo a Smith y Jones, que no repiten en esta ocasión, se encuentran Chris Hemsworth y Tessa Thompson, dúo dinámico (y espacial) que ya había enamorado a los fans de Marvel con su química como Thor y Valquiria en el Universo Cinematográfico Marvel.

Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), que releva a Sonnefeld después de que este se ocupase de las tres anteriores, Men in Black: International renueva la franquicia con la incorporación de la Agente M (Thompson), haciendo que por primera vez una mujer coprotagonice una de sus entregas. Este personaje es el punto de partida e hilo conductor de la historia. Tras años intentando confirmar su existencia después de experimentar un contacto alienígena cuando era niña, M consigue ser contratada por la organización secreta MIB. Su primera gran misión le lleva a emparejarse con el arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

Lo mejor de esta nueva Men (and Women) in Black es que no se limita a la reproducción nostálgica, sino que opta por renovarse casi por completo. A pesar de los guiños a la trilogía original y la presencia de Emma Thompson como la Agente O, MIB International está concebida como un reinicio, una actualización orientada a las nuevas generaciones, es decir, al público más joven, lo que sirve para expandir su universo más allá de lo visto hasta ahora. Por eso la nueva historia no cuenta con demasiada continuidad con respecto a las películas de Smith y Jones, las cuales no es estrictamente necesario haber visto para seguir el hilo.

Aunque no es exactamente lo que los fans de la trilogía esperaban (para ellos es inevitable echar de menos a los Hombres de Negro originales), MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que no debemos exigirle demasiado. Pese a contar con una historia formulaica y predecible, la película funciona gracias sobre todo a su actitud desenfadada, a la compenetración de sus dos protagonistas y, sobre todo, al trabajo de una enérgica y carismática Tessa Thompson, con diferencia lo mejor del film.

Salvo algún chiste anticuado, MIB: International cumple muy bien como reboot y lleva la saga al siglo XXI, con mayor diversidad y mejor representación femenina. Además, como cabe esperar de MIB, la acción es explosiva y los extraterrestres muy originales e imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín (voz de Kumail Nanjiani en inglés), extraterrestre de bolsillo que tiene pinta de la típica “mascota” pesada, pero acaba dejándonos las mejores frases y los momentos más graciosos.

En resumen, estamos ante una MIB nueva pensada principalmente sobre todo al público más joven, no para treintañeros nostálgicos, una aventura convencional pero eficaz y divertida para desconectar y pasarlo bien.

RESEÑA DEL BLU-RAY

Sony Pictures ya ha puesto a la venta Men in Black: International en digital y múltiples formatos físicos. La película ha salido al mercado en España en DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones metálicas limitadas en Blu-ray con contenido adicional no disponible en las otras ediciones, además del pack con la saga completa.

La edición analizada en esta ocasión es el steelbook limitado con la portada de Peoncín, que reserva la imagen de Chris Hemsworth y Tessa Thompson para el interior del estuche (aquí podéis ver fotos). La simpática ilustración de portada se complementa en la contraportada con una imagen del globo terráqueo, tal y como aparece en el film. Por último, los coleccionistas que odien los steelboks sin título en el canto pueden estar tranquilos, porque este lo lleva.

En cuanto a los contenidos adicionales, el steelbook lleva el disco que también se incluye en la edición Blu-ray normal, además de un disco adicional con extras que solo se encuentran en esta edición.

Los extras en común son lo siguientes:

  • 10 escenas eliminadas con un total de duración de 11:35 minutos
  • Tomas falsas (2 minutos)
  • Alien-cestry.com y Neuralizador: como si no hubiera ocurrido (anuncios de la base de datos de alienígenas protagonizado por Frank el carlino)
  • Reclutas nuevos, trajes clásicos
  • ¡Hagámoslo! Las escenas de acción más peligrosas
  • Mire aquí: aparatos, armas y vehículos
  • Expandiendo el universo de MIB
  • Les twins
  • Los Hombres de Negro conocen a la NBA
  • Frank el carlino y el gallinero de Peoncín
  • En caso de que hayas sido neuralizado: repaso de MIB

El disco adicional incluye:

  • Chris y Tessa salvan el mundo: alrededor del mundo con MIB: International.

A destacar las tomas falsas, que aunque breves (2 minutos), nos dejan momentos muy divertidos e incluso uno muy sexy protagonizado por Rebecca Ferguson y Tessa Thompson. También varias featurettes sobre los nuevos protagonistas y cómo se hizo la película (trajes, escenas de acción, armas, vehículos…), un repaso nostálgico a la saga (presentado por Frank el carlino, para los que su aparición en la película les haya sabido a poco), un crossover con la NBA y por supuesto, escenas eliminadas, con más momentos Hemsworth-Thompson, un final alternativo y la pieza estrella: una escena extendida en la que el Agente H se neuraliza a sí mismo tras acostarse con una alienígena.

En general, la edición cuenta con contenido abundante y está cuidada al detalle para satisfacer a los fans de la saga, tanto a los de toda la vida como a los nuevos. Pero sobre todo se convierte en imprescindible para los seguidores de dos de los actores más queridos del panorama actual, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, quienes, tanto por la película como por las imágenes tras las cámaras, está claro que se lo pasaron en grande con el proyecto.

Noche de bodas: La comedia negra de la temporada

Casarse conlleva un ritual de preparativos, tradiciones y compromisos familiares que pueden acabar con los novios. En el caso de Grace (Samara Weaving), literalmente. Su boda con Alex (Mark O’Brien) la llevará a incorporarse de forma oficial a la familia Le Domas, un acomodado clan que ha amasado una enorme fortuna gracias a su longevo negocio de juegos de mesa. Después de la ceremonia y cumpliendo una vieja tradición, Grace debe someterse a un ritual de iniciación por parte de la excéntrica familia, convirtiéndose en la presa de un juego letal.

Esta es la llamativa premisa de Noche de bodas (Ready or Not), comedia negra dirigida por el tándem Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin (V/H/SEl heredero del diablo), que se aproximan al clásico juego del gato y el ratón con mucho sentido del humor y grandes dosis de acción sangrienta. Noche de bodas se desarrolla como un slasher o una cinta de invasión doméstica ambientada en una mansión llena de rincones y pasadizos secretos, en la que el malo no es un asesino carnicero, sino una familia que haría cualquier cosa por conservar su privilegio. Tanto en su argumento como en su tono se pueden encontrar similitudes con películas como Tú eres el siguienteLa purgaLa cabaña en el bosque, además de claros ecos al cine de Sam Raimi.

Gillett y Bettinelli-Olpin tardan un poco en mostrar sus cartas. La película parte de una idea curiosa pero inevitablemente familiar, y avanza in crescendo, empezando como un cinta de terror y suspense al uso (escasa de sustos, eso sí) para ir entregándose progresivamente a la locura y la violencia. Esta evolución coincide con el desarrollo de su protagonista, una excelente Samara Weaving que se hace con las riendas del film desde el principio y no las suelta. Vestida de novia y ajena a lo que se le viene encima, su Grace es el punto de entrada para el espectador, es quien nos lleva de la mano, primero escéptica y desorientada, y a continuación escopeta en mano, salvaje y de vueltas de todo (a lo Leticia Dolera en [REC]3 ). El contraste entre su imagen con su pulcro vestido blanco al principio y teñido de rojo al final sería el meme perfecto para representarnos: “Al principio del año / Al final del año”.

La rodean (y persiguen) un grupo de personajes que parecen versiones retorcidas de los sospechosos del CluedoLa herencia de la tía Agata. Excepto el novio y su hermano (Adam Brody), que representan el bando cuerdo de la familia, el resto de miembros del clan Le Domas están locos de atar y conforman un plantel de personajes extremos y caricaturescos. Esto nos deja momentos muy divertidos y estallidos de humor absurdo y exagerado, pero también nos muestra que los directores no están demasiado interesados en ir más allá de la superficie -lo cual no tiene por qué ser un problema si aceptamos sus intenciones.

Como crítica al clasismo y el privilegio blanco y adinerado, Noche de bodas no va muy lejos, pero como pasatiempo cumple de sobra y como alegoría de lo difícil que puede ser tratar con la familia política da en la diana. El humor con el que aborda la violencia y las escenas más macabras, junto a su tono autoconsciente y deliciosamente perverso (que culmina en un final explosivo), nos invitan a relajarnos y disfrutar del juego. Noche de bodas tiene personalidad y demuestra lo bien que le puede sentar la comedia al terror, pero si algún día acaba alcanzando el status de película de culto (que es para lo que parece estar concebida), será sobre todo por Samara Weaving, que después de The Babysitter, Mayhem y esta se corona como nuestra nueva scream/action queen favorita.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Joker: Quien ríe el último, ríe mejor

Tras el fracaso de Liga de la Justicia, Warner Bros. se vio obligada a reestructurar su Universo DC, lo que le llevó a tomar la decisión de rebajar la continuidad entre sus películas. De ese momento en adelante, el estudio abandonaba la fórmula Marvel y los proyectos bajo la denominación DC no conformarían un universo interconectado único, sino que serían concebidos como historias más independientes en las que los personajes podían ser interpretados por distintos actores y las líneas temporales no tenían por qué encajar a la fuerza. Además, las películas de la nueva etapa de DC darían más importancia a la visión del director, habiendo comprobado que las excesivas interferencias del estudio no traían nada bueno. De este cambio nace el The Batman de Matt Reeves con Robert Pattinson como el Hombre Murciélago, que veremos en 2021, y la que hoy nos ocupa, el Joker de Todd Phillips.

Sus excelentes primeras críticas y su exitoso paso por el circuito festivalero, con el León de Oro de Venecia en su bolsillo, han hecho que la conversación alrededor de la película, su mensaje e impacto en la sociedad se caldee antes de su estreno comercial. Joker es una relectura arriesgada y provocadora del icónico villano de DC que reescribe su biografía por completo, otorgando al personaje una nueva historia de orígenes que, en lugar de aparecer en las páginas del cómic como es habitual, nace en la pantalla de cine. Una revisión que, ya de paso, también afecta a Gotham y a Batman mediante la continuidad retroactiva, un recurso muy empleado en el tebeo para renovar y actualizar a los personajes más longevos.

Joker nos presenta a Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un payaso de tres al cuarto que desde pequeño sueña con ser cómico. A sus más de 40 años, Arthur vive con su madre (Frances Conroy) y es el hazmerreír de sus compañeros de trabajo. Aquejado de un trastorno que le provoca una risa repentina e incontrolable en los momentos menos indicados, es incapaz de encajar en una sociedad que lo rechaza, lo maltrata y se ríe de él. Harto de ser el chiste de los demás, Arthur estalla y recurre a la violencia, lo que le proporcionará un sentimiento de liberación y éxtasis que cambiará su vida, convirtiéndose en adalid de una sociedad rota que necesita un héroe y lo encuentra en el peor de los villanos.

Phillips recupera el cine criminal y el noir de los 70, inspirándose claramente en la filmografía y estilo de Martin Scorsese, concretamente en Taxi Driver y El rey de la comedia (nada casual la presencia de Robert De Niro), para crear una obra clásica a la vez que actual y oportuna. La película no inventa nada, sino que más bien reproduce de forma nostálgica un cine comercial que ya no se hace, utilizando sus códigos para reescribir uno de los personajes más populares del cómic y desmarcarse así de las tendencias actuales del cine de superhéroes. El resultado es un estudio psicológico de un personaje complejo y fascinante viviendo con una enfermedad mental, una película violenta, perturbadora y valiente, cuya crítica al sistema y mensaje incendiario corre el riesgo de ser malinterpretado como una llamada a la violencia por un sector de la sociedad.

El tema ha suscitado un debate que promete extenderse en el futuro, ya que para bien o para mal, Joker es una de esas películas de las que seguiremos hablando mucho tiempo. Sin embargo, lo que hace el film no es justificar la violencia, sino explicar su origen en el caso concreto de un sujeto perturbado que, en ningún caso, se debe adoptar como héroe de nada. De hecho, Phillips no presenta a Arthur como un héroe (aunque la sociedad donde vive empiece a tratarlo como tal), sino que deja claro en todo momento que se trata de un hombre enfermo, un asesino desequilibrado… el Joker al fin y al cabo.

Desafortunadamente, muchos van a percibir la película como una invitación a abrazar sus ideales (por ejemplo, los que se quejan de que hoy en día nos ofendemos por todo o que “no se puede hacer chistes de nada” se validarán en él). Y no será difícil empatizar, puesto que su hastío hacia una sociedad que es cada día más horrible y una humanidad que se va a la mierda puede hacer sentir identificado a cualquiera. Pero lo cierto es que su descenso a los infiernos es precisamente eso, una crítica o un cuento con moraleja para ese tipo de personas en este justo momento de la historia.

Joker se adentra en la mente del monstruo para entenderlo, para dar sentido al proceso de su locura (relacionado, al más puro estilo DC, con la figura materna), no para justificarlo, ni para convertirlo en un nuevo tipo de líder. El mensaje “no hagáis esto en casa” no debería hacer falta, porque debería estar implícito. Como decía, Joker no es un héroe, a pesar de ser visto así por una sociedad que está harta del sistema y de los poderosos y privilegiados que lo controlan. Sí, puede haber cierta irresponsabilidad a la hora de exponer las ideas, y algunas de ellas son ciertamente cuestionables, pero el trabajo de la película o de Phillips no es decirle al espectador que no debe hacer lo que ve en la ficción, esto es de sentido común. De hecho, bastante sobreexplica ya el mensaje para dejar claro que Arthur es un psicópata, un perturbado y demente que ve el mundo de forma aberrante y encuentra la liberación en la violencia. Y aunque parezca innecesario decirlo, nuestra liberación nunca debe hallarse en la violencia, sino en el cine.

Pero volviendo a la película en sí, hay que hablar por supuesto de la persona que la aguanta sobre sus escuálidos hombros de principio a fin: Joaquin Phoenix. Él es la película y la película es él. Su transformación física y su entrega absoluta al personaje hacen de su interpretación un trabajo arrebatador. Phoenix está escalofriante, desatado y completamente inolvidable. Aunque corre el riesgo de perderse en los tics y los excesos (como la propia película), logra dominar al personaje de una manera asombrosa, creando en la observación de su vida una experiencia incómoda, tensa y enervante (también como la propia película). No faltan los brotes de violencia y acción, pero la película está enteramente anclada en la interpretación de Phoenix y la psicología de su personaje.

Joker es una obra visual y cinematográficamente excelente, pero también incurre en varios excesos (la música por ejemplo subraya demasiado y puede resultar machacona, al igual que el propio guion, que cae demasiado en la exposición y la sobreexplicación) y en ocasiones Phillips se regodea con autocomplaciencia en las escenas en las que el estilo se impone al fondo. Sin embargo, son defectos que a su vez reflejan la mayor virtud de la película: su riesgo y compromiso, que es justo lo que nos hace falta en el cine mainstream actual. Joker es brutal, radical y difícil de digerir, tiene escenas que entran directamente a formar parte de la historia del cine (la visita de los excompañeros de Arthur en su piso, la persecución en el metro o el clímax en el programa de Murray Franklin) y va a poner patas arriba el Hollywood superheroico.

La valentía de Warner y DC a la hora de sacar adelante esta película y dejar a sus responsables hacerla a su manera se debe halagar, pero no por encima de otras propuestas, sino como muestra de la diversidad que puede alcanzar el cine basado en cómics y los diferentes géneros y perspectivas desde los que se puede abordar. Joker no viene a salvar el cine de superhéroes (más que nada porque no es una película de superhéroes), pero sí es la prueba de que cuanto más arriesgue y se salga de la fórmula Hollywood, más salimos ganando los espectadores.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Undone: Eterno resplandor de una mente inmaculada

Los viajes en el tiempo son uno de los lugares comunes más explorados de la ciencia ficción. Su imposibilidad científica hace del fenómeno un lienzo en blanco para dar rienda suelta a la imaginación en el cine y la televisión. Desde El tiempo en sus manos hasta Vengadores: Endgame, pasando por Regreso al futuro, 12 monosDonnie DarkoPrimer, Interstellar e incontables otras, el cine ha doblegado el espacio-tiempo desde múltiples perspectivas y géneros, demostrando una y otra vez que es un concepto lleno de posibilidades para la ficción.

Raphael Bob-Waskberg y Kate Purdy, respectivamente creador y co-productora ejecutiva de BoJack Horseman, aportan su particular visión a este subgénero con Undone. La nueva serie de Amazon Prime Video narra la historia de una joven que, tras un accidente de coche, empieza a comunicarse con su padre fallecido y descubre que tiene el poder de moverse en el tiempo y el espacio de forma no lineal, lo que usará para tratar de desvelar los misterios de su familia.

La serie, que consta de 8 episodios de aproximadamente 25 minutos, recupera la rotoscopia, técnica de animación muy habitual en el cine previo a los 90 que cayó en desuso con el auge del CGI y algunos directores han recuperado puntualmente como opción estilística (Richard Linklater la usó en Waking Life A Skanner Darkly). Esta consiste en el redibujado a mano de un plano frame a frame tomando como base imágenes de acción real previamente filmadas. Es decir, lo que vemos en Undone es a los actores de verdad bajo una capa de animación, lo que le confiere ese aspecto llamativo gracias al contraste del dibujo y la naturalidad de los movimientos. Esta técnica permite llevar las secuencias de fantasía hasta las últimas consecuencias sin necesidad de un elevado presupuesto y nos deja en este caso imágenes de gran creatividad -apuntilladas por la poética partitura de Amie Doherty.

El reparto está encabezado por una excelente Rosa Salazar (con experiencia en esto de interpretar para un personaje animado después de Alita: Ángel de Batalla), a la que acompañan Bob Odenkirk, Angelique Cabral, Constance Marie, Siddharth Dhananjay, Daveed Diggs y Tyler Posey. Al contrario que le ocurría a BoJack Horseman, que tardó un tiempo en encontrar su tono, Undone se muestra sólida desde el principio, tanto en el manejo de los géneros (drama, comedia y ciencia ficción) como en la construcción de personajes, perfectamente definidos desde el primer capítulo.

Alma Winograd-Diaz (Salazar) es uno de los personajes más humanos que nos ha dado la televisión reciente, una mujer ocurrente, carismática y llena de personalidad, pero también vulnerable y rota. La pérdida la formó cuando era pequeña (primero perdió la audición y después a su padre) y esto la llevó a levantar un muro entre ella y las personas que hay en su vida, ante las que a menudo se comporta de forma impulsiva y egoísta. El descubrimiento de su habilidad para viajar en el tiempo será la oportunidad perfecta para corregir sus errores y crecer personalmente, aunque los demás no lo vean de la misma manera.

Su historia nos lleva en un fascinante viaje lleno de sorpresas y emociones a flor de piel en el que las líneas entre realidad y fantasía se difuminan para hacernos dudar si lo que está ocurriendo es real o si por el contrario es la manifestación de una enfermedad mental. A pesar de que esta idea del “superpoder” como posible trastorno psicológico (concretamente la esquizofrenia) es algo que se ha visto muchas veces, Undone logra aportar una perspectiva diferente y trascendental, sobre todo gracias a la forma en la que lo utiliza para construir (entre la risa y el llanto, el costumbrismo y la fantasía) las preciosas y complejas relaciones entre Alma y su familia, el motor principal de la serie.

No debería sorprender que detrás de Undone se encuentren los responsables de BoJack Horseman, otra serie de animación que, además de divertir, se caracteriza por su profundidad psicológica y su capacidad para entender y plasmar el comportamiento humano y sus contradicciones. La ambición narrativa de Undone es incluso mayor, pero afortunadamente, no se vuelve en su contra, sino que llega a buen puerto al dar prioridad siempre a las emociones, desde el principio hasta un desenlace que puede entenderse como un cliffhanger o un final abierto a la interpretación del espectador. En cualquier caso, Bob-Waskberg y Purdy han elaborado un trabajo impecable en todos los aspectos, una serie visualmente preciosa y narrativamente sublime que aprovecha y trasciende su premisa sci-fi para contarnos una historia de las que se quedan en la memoria.

Veronica Mars (Temporada 4): Seguimos siendo amigos

Recordamos 2004 como el año en el que la televisión tal y como la conocíamos cambiaba para siempre. El estreno de Perdidos Mujeres desesperadas inauguraba una nueva era de serieadicción, auspiciada por las nuevas formas de consumo de televisión. Ese mismo año nacía otra serie que, si bien no lograba el impacto cultural inmediato de las dos mencionadas, sí se ganaría con el tiempo su merecida reputación como una de las series de culto más queridas de la televisión moderna, Veronica Mars.

La serie, creada por Rob Thomas, nacía en la difunta UPN, sorprendiendo por su inteligente fusión de serie adolescente y misterio detectivesco neo-noir. Tras dos temporadas dio el salto a la CW, donde fue cancelada prematuramente. Los fans (conocidos como marshmallows) hicieron todo lo posible por salvarla, pero no hubo suerte. Antes de que Netflix se convirtiera en el gigante que es hoy y se ganase la reputación de salvar series canceladas y rescatar glorias del pasado, Thomas recurría a la plataforma de crowdfunding Kickstarter para darle a su creación la segunda oportunidad que tanto merecía. Así nacía en 2014 la película de Veronica Mars, todo un regalo a los fans -aunque técnicamente estos pagaron para que existiera.

En 2019, el revival nostálgico ya es una constante en televisión. Todo vuelve, y Veronica no iba a ser menos. La película nos sacó una espinita clavada dándonos algo de clausura tras aquella injusta cancelación, pero a Veronica Mars todavía le quedaba cuerda para rato. Rob Thomas y Kristen Bell sabían que había más historias que contar y más casos que resolver, y ambos estaban deseando volver a Neptune tanto como nosotros. Solo había que encontrar el momento y el medio adecuados. Finalmente, Hulu fue la plataforma encargada de producir en Estados Unidos la cuarta temporada de Veronica Mars, con la que muchos llevábamos soñando desde hacía más de una década. Los nuevos capítulos llegaban el 19 de julio en Estados Unidos, mientras que la espera en España ha sido más larga: TNT la estrena el 15 de octubre.

Dejando atrás las temporadas largas con un arco argumental transversal y casos autoconclusivos, la cuarta está concebida como una miniserie de 8 episodios que abarcan una sola investigación. La trama está ligeramente basada en el libro El concurso de los mil dólares, una de las dos novelas que Thomas publicó para continuar la historia tras la película, y cuenta con los personajes originales, a los que acompañan excelentes nuevos fichajes: Patton Oswalt, Kirby Howell-Baptiste, el oscarizado J.K. Simmons e Izabela Vidovic, cuyo personaje parece concebido como relevo generacional para un posible spin-off.

Cinco años después de la última vez que la vimos, Veronica sigue en Neptune trabajando como investigadora privada junto a su padre, Keith (Enrico Colantoni), que se recupera de un accidente. Las vacaciones de primavera (el famoso Spring Break norteamericano) se ven interrumpidas por el estallido de una bomba que acaba con la vida de varias personas. Los Mars se encargan de investigar el caso, cuyas ramificaciones abarcan desde un congresista del estado hasta un cartel mexicano.

La cuarta temporada de Veronica Mars es un viaje al pasado que nos lleva a reencontrarnos con viejos conocidos y recordar (¿mejores?) tiempos. Sin embargo, los nuevos capítulos son mucho más que un mero ejercicio nostálgico. La serie conserva intacto su ADN, pero ha sabido madurar, aprovechando la menor censura de Hulu para explorar más a fondo los aspectos más oscuros de la serie, sin que esto desentone lo más mínimo con lo visto anteriormente. Y es que lo que necesitaba Veronica Mars era poder llevar un paso más allá sus impulsos más adultos (escenas de sexo incluidas) y usar lenguaje malsonante. Aunque, en una divertida jugada metarreferencial, la propia Veronica no puede decir tacos en toda la temporada, exactamente igual que el personaje de Bell en The Good Place.

La evolución de la serie y los cambios en Neptune contrastan con el estancamiento personal de Veronica, que no puede evitar caer en los vicios y errores del pasado. Veronica vive con Logan (Jason Dohring) que, completando su transformación en príncipe azul y héroe a lo Tom Cruise, ahora ejerce como oficial de inteligencia del Ejército estadounidense, lo que le lleva a pasar mucho tiempo fuera en misiones secretas. La vida en pareja va aparentemente bien y su química romántica sigue siendo evidente, pero Veronica aun se enfrenta a sus fantasmas, lo que le lleva a boicotear su felicidad en todos los aspectos de su vida, incluido el amoroso.

La cuarta temporada de Veronica Mars se aleja del fan service que proporcionaba la película (al fin y al cabo la pagamos nosotros y Thomas sintió que debía darnos lo que queríamos) y recupera su autonomía narrativa. La ilusión por un revival puede desembocar en decepción, en esa sensación de “para eso no vuelvas”, pero no es el caso de Veronica Mars, que justifica su regreso con creces. Al menos hasta sus últimos minutos. La temporada culmina con un fatídico final por el que los fans han decidido romper con la serie. Un epílogo frustrante que, según Thomas era necesario, pero que se antoja cuestionable y empaña la felicidad del regreso.

Pero que esto no os desanime. Hasta ese epílogo, la cuarta temporada de Veronica Mars es un ejemplo de cómo hacer un revival. La serie ha sabido madurar y adaptarse sin perder ni un ápice de su esencia, destacando de nuevo por sus diálogos inteligentes, frases memorables y su misterio absorbente. Sigue siendo divertida, ingeniosa y emocionante, Veronica conserva su ácida e irresistible personalidad, al igual que Keith y el resto de personajes son los mismos de siempre. Pero ya no es una serie adolescente, porque su protagonista es una adulta, estancada, como tantas personas de su generación.

En general, el regreso de Veronica Mars es un acto de amor y fe, pero no a los fans (a los que esta vez no han tenido reparos en romper el corazón), sino a Neptune, a los personajes que lo habitan y a una historia que pedía más. Y sigue pidiéndolo después de estos ocho episodios. Puede que Veronica Mars continúe en el futuro con nuevas temporadas y nuevos misterios (Thomas y Bell han expresado su deseo de que así sea, aunque falta confirmación oficial), y aunque para muchos marshmallows (comprensiblemente) ya no será lo mismo, hay que tener fe en Veronica. Se lo ha ganado.

It – Capítulo 2: Somos nuestros recuerdos

Pennywise volvió a causar estragos en 2017, exactamente 27 años después de que Tim Curry lo inmortalizase en la miniserie original de It. Haciendo honor a la profecía, el terrorífico payaso salido de la mente de Stephen King regresaba a nuestras pesadillas, convirtiendo la nueva adaptación del de Maine en la película de terror más taquillera de la historia. Para nosotros dos años después, para el Club de los Perdedores otros 27, volvemos a Derry para presenciar el enfrentamiento definitivo contra Pennywise en It – Capítulo 2, la secuela y conclusión de la película dirigida por Andy Muschietti.

La pandilla de inadaptados que conquistó el corazón de la audiencia en la primera película ha crecido. Todos menos Mike se marcharon de Derry en un intento de dejar el pasado atrás y superar lo vivido allí. Con el tiempo, el recuerdo de Pennywise y los horrores acontecidos en el pequeño pueblo de Maine se va difuminando, pero cuando el payaso regresa de su letargo para volver a matar, el Club de los Perdedores se ve obligado a cumplir la promesa que se hicieron hace casi tres décadas y reunirse de nuevo para enfrentarse a su doloroso pasado y acabar con su enemigo de una vez por todas. Lo queramos o no, todos somos nuestros recuerdos y en algún momento hay que encararse con ellos.

Uno de los mayores aciertos de It fue su reparto adolescente, diseñado a imagen y semejanza de las películas juveniles de pandillas de los 80 (Los Goonies, Cuenta conmigo), al igual que Stranger Things. La segunda parte se centra en sus versiones adultas, pero a través de flashbacks (y usando la técnica de rejuvenecimiento digital para infantilizar a los que han crecido más rápido), los adolescentes siguen estando muy presentes en la película. Algo que no podía ser de otra manera teniendo en cuenta cómo su tema principal es la memoria y la necesidad de enfrentarse a los traumas del pasado para seguir avanzando.

El reparto adulto de It – Capítulo 2 es una de las mejores labores de casting del Hollywood reciente. James McAvoy (Bill), Jessica Chastain (Beverly), Bill Hader (Richie), Isaiah Mustafa (Mike), Jay Ryan (Ben), James Ransone (Eddie) y Andy Bean (Stanley) se convierten en los personajes de forma convincente, reproduciendo sus rasgos, voces y personalidades impecablemente y haciéndonos creer que son las mismas personas que conocimos hace dos años. Todos ellos realizan un trabajo excelente, tanto por separado como en grupo, mientras que Muschietti les saca partido, dando énfasis una vez más a la mayor baza de estas películas: los personajes tan bien caracterizados y la amistad que existe entre ellos.

Al igual que la primera parte, It – Capítulo 2 se apoya fuertemente en las emociones, rascando en la superficie para hablarnos de cómo el miedo y el trauma nos paraliza y no nos deja vivir, convirtiendo los monstruos interiores en monstruos literales a los que debemos sobrevivir. Evidentemente, no es casual que Pennywise, que simboliza el miedo más arraigado y se alimenta de él, solo elija víctimas débiles, niños, personas dañadas, inadaptados sociales, minorías desamparadas ante el odio… De hecho, la película comienza con un brutal y devastador crimen homófobo que (aviso) puede herir la sensibilidad de más de uno, y que nos recuerda una de las ideas más importantes de la primera película: los peores monstruos a veces son “humanos”.

Tras este contundente arranque, la violencia explícita es una de las constantes que también se repiten en la secuela. Muschietti compone una fantasía ambiciosa y desbordante en la que vuelve a recrearse profusamente en la sangre y el gore, atreviéndose entre otras cosas a mostrar más muertes de niños, algo que las películas de terror comercial (Rated R o PG-13) suelen evitar. Las escenas violentas se multiplican, y los pasajes se llenan además de deformidades macabras y fluidos repugnantes que recuerdan al terror de serie B y la primera etapa de Sam Raimi o Peter Jackson. Pero claro, los valores de producción se alejan mucho de aquel terror barato de los 80, de hecho, una de sus mayores virtudes es también uno de los mayores defectos de la película, su abuso y dependencia del CGI para las escenas de terror.

Por un lado, Muschietti compone set pieces impresionantes e imaginativos, pesadillas excelentemente filmadas y con un acabado muy pulido en todos los aspectos que rivalizan con las secuencias de acción de los mejores blockbusters. Pero por otro, hay un exceso de criaturas digitales que, por muy bien hechas que estén (que lo están), restan impacto y realismo, rompiendo a menudo la atmósfera y haciendo que la película no llegue a ser todo lo terrorífica que podría haber sido. A esto también contribuye la presencia constante del humor y la necesidad de hacer chistes (alguno que otro bastante machista, además) incluso en las escenas más dramáticas, lo que menoscaba constantemente el terror.

Se evidencia también una tendencia a la repetición que las casi tres horas de metraje no hacen sino subrayar, como se puede ver en el abuso del jumpscare, sobresaltos que se repiten con el mismo esquema una y otra vez a lo largo de la película (anticipación y tensión, falsa alarma, calma y susto fácil con golpe estridente de sonido). Llega un momento en el que los sustos son tan seguidos y tan iguales, que es inevitable desensibilizarse.

Pero como decía antes, lo más importante de It – Capítulo 2 siguen siendo sus personajes, y afortunadamente Muschietti sabe hacerles justicia. Con ellos, la película compensa sus carencias (o excesos) y nos recuerda constantemente que en el centro de la historia está su viaje personal. Los lazos que unen al Club de los Perdedores, y la conexión que se establece entre ellos y el espectador, es lo que eleva el film, aunque por momentos el almíbar supere a la sangre y esté a punto de ahogarse en su propia sensiblería (algo que ya estaba presente en el material original, todo hay que decirlo). Al final, más allá del perturbador Pennywise de Bill Skarsgård (que suele quedar en segundo plano mientras sus proyecciones demoníacas actúan), lo que nos quedará de estas dos películas son ellos, los Perdedores, y lo mucho que queremos que triunfen sobre el mal y sus cicatrices emocionales dejen de doler.

It – Capítulo 2 es una película imperfecta. Como experiencia de terror no está a la altura de su ambición creativa y visual, y su estructura episódica (también presente en la primera parte) se hace repetitiva y lastra el ritmo. Pero por otro lado sabe perfectamente cómo jugar su mejor carta más allá de la sangre y la violencia: su magnífico reparto y plantel de personajes. Ellos son los que hacen de It – Capítulo 2 mucho más que una casa del terror de feria, los que la convierten en una película profunda y emotiva sobre el paso del tiempo, el trauma y la amistad, los que consiguen que la historia tenga un cierre trascendental y satisfactorio.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Quien a hierro mata: V de Vinganza

Como un río de agua viva, que salta p’arriba, que llevas dentro, el resquemor no te abandona nunca. Esa ansia desmedida perturba hasta a la mente más razonable y nubla a los puros de corazón. Puede que intentes huir de ella poniendo años o kilómetros de por medio, pero esa comezón nunca desaparecerá del todo hasta que te encares con ella y equilibres la balanza de una vez por todas. Seguro que has logrado reconstruir tu vida después de todo y que sonríes de vez en cuando, puede que hasta la justicia te haya dado la razón, pero eso no logrará calmar la sed. Ay, malditos los que viven de la venganza

Paco Plaza (Verónica) resucita la ley del Talión en las Rías Baixas con Quien a hierro mata, su más reciente pesadilla. Mario (Luis Tosar, Te doy mis ojos) es el jefe de enfermería en una residencia de personas mayores en la zona de Arousa. Su buen hacer y correctas costumbres a la hora de llevar a cabo su trabajo le han valido cierto renombre entre sus compañeras y compañeros, y su cercana paternidad junto a Julia (María Vázquez, Mataharis) le convierten en un daddy con todas las de la ley. Esta plácida existencia se ve trastocada con la llegada al centro de Antonio Padín (Xan Cejudo, intérprete curtido en escena y que falleció a finales del año pasado), el mayor capo de la droga en España.

Esta suerte de Pablo Escobar gallego parece encontrarse en las últimas tras sus últimos achaques de la edad. Una nueva realidad que le ha postrado en una silla de ruedas y le ha obligado a dejar el negocio familiar en manos de sus dos hijos: Toño (Ismael Martínez, Call TV), el híbrido perfecto entre Sonny Crockett y el Bardem de Huevos de oro, y Kike (Enric Auquer, Cites), un pokerillo ready pa’ morir con más lengua que cerebro. Sin comerlo, ni beberlo, Mario se verá inmiscuido en una trama llena de balazos, traiciones y secretos oscuros… aunque puede que el enfermero no esté en medio de toda esta historia de droga y muerte por azar.

Después de dominar el terror patrio con la saga [REC] y Verónica, Paco Plaza aparta lo sobrenatural para abrazar la negra sombra de los narcos en Galicia. Pero no se asusten (o respiren aliviados), con Quien a hierro mata, Plaza da más miedo que nunca. Una vez más, Luis Tosar vuelve a mostrarse inconmensurable. Sería un craso error dejar de aplaudir al intérprete gallego únicamente porque siempre esté bien. Lo que Tosar hace con Mario es una lección magistral de cómo interpretar a un personaje podrido por dentro por las ansias de venganza, sin caer en ningún momento en el histrión. Su perfecto equilibrio entre la contención y las explosiones sádicas le convierten en el máximo rival de Antonio Banderas (Dolor y gloria) de cara a la próxima gala de los Goya.

Pero la película no solo vive del recital de Tosar, sino que son el capo y sus dos hijos los que hacen que el resultado final sea algo excepcional dentro del género. Cejudo logra mostrar a la perfección la frustración del anciano que ve cómo poco a poco la edad le va privando del liderazgo y la independencia que ha disfrutado e impuesto sobre los demás durante décadas. La elección de Martínez y Auquer como los dos hermanos es una de las mejores decisiones de casting de los últimos tiempos. Estos dos actores son dos robaescenas de primera que clavan, no solo el acento gallego (ninguno de ellos lo es, el primero es madrileño y el segundo gerundense), sino los dos arquetipos de basura narco del machito chuleta y el scum patrio, sin caer en el tan temible caricatura o ridículo de los lugares comunes. En especial, esa escena de Auquer ‘cayendo p’arriba’ con Yung Beef de fondo es de las que merecen una lluvia de premios.

Aunque no esté basado en ningún hecho en concreto, el guion escrito a cuatro manos por Jorge Guerricaechevarría (La comunidad) y Juan Galiñanes (Noche ¿de paz?) realiza una fiel radiografía del flujo del narcotráfico en Galicia y el impacto que tuvo (y sigue teniendo) en la sociedad de la zona durante las décadas de los ochenta y noventa. Una (como siempre) excelente Maika Makovski compone una punzante banda sonora muy a lo Mica Levi (‘Under the Skin’) que logra que nos agobiemos y nos metamos aún más en el laberinto de Mario.

Quien a hierro mata es un contundente thriller de venganza en el que Paco Plaza juega con nuestros demonios interiores y nos aterroriza más que en ninguna de sus películas de terror hasta la fecha.

David Lastra

Nota: ★★★★

Midsommar: La belleza del horror

Ari Aster irrumpió a lo grande en el panorama cinematográfico causando sensación en el Festival de Sundance con su opera prima, Hereditary, una de las películas de terror más aclamadas (y divisivas) de los últimos años. La cinta protagonizada por Toni Collette y Alex Wolff se convirtió en uno de los éxitos sorpresa del año, siendo aplaudida por la crítica especializada y comentada hasta la saciedad en los círculos cinéfilos. Tan solo un año después, Aster regresa con su segundo largometraje, Midsommar, dispuesto a demostrar que lo de Hereditary no fue suerte del principiante.

Tras sumirnos en la oscuridad en su primera película, Aster escoge el camino opuesto en Midsommar, cuento de terror que transcurre a plena luz del día. La historia sigue a una pareja estadounidense en crisis (Florence Pugh y Jack Reynor) que viaja junto a sus amigos a una pequeña comuna en un idílico y remoto rincón de Suecia para asistir a sus peculiares celebraciones del solsticio de verano. Una vez allí, los turistas se ven envueltos en la belleza natural del lugar, que solo ve dos horas de oscuridad al día, y el carácter acogedor de sus habitantes. Sin embargo, a medida que avanza su estancia, la alegría de la celebración no tardará en dar paso a un ambiente siniestro en el que las ceremonias paganas del Midsommar se vuelven cada vez más perturbadoras y violentas.

La influencia en Midsommar de El hombre de mimbre (The Wicker Man) es más que evidente. Aster lleva a cabo un claro homenaje a la película de culto de los 70, recogiendo además inspiración de cintas como El bosqueLa matanza de Texas. De hecho, más allá de su ambición discursiva y formal y su carácter experimental, Midsommar es en el fondo un slasher de campamento, la típica película de terror sobre un grupo de jóvenes que se van de vacaciones y acaban adentrándose en una pesadilla de la que será difícil salir con vida y en la que tomarán una decisión estúpida detrás de otra. Todo envuelto en una escalofriante reflexión sobre la religión, la tradición, el folclore y el ser humano en el espíritu amargo de Ingmar Bergman. Una mezcla cuanto menos chocante que, sin embargo, funciona a la perfección.

Entrar en Midsommar ignorando lo que nos espera, al igual que sus propios protagonistas, es esencial para vivirla al máximo. Uno no sabe qué se va a encontrar en la película, pero desde el primer minuto puede sentir que va a ser algo difícil de digerir. Ese miedo a lo que pueda venir es lo que hace que la experiencia sea tan intensa e inquietante, más que el terror tradicional, que no abunda en el metraje. Aster realiza un magistral trabajo creando la tensión y manteniéndola durante las más de dos horas que dura el film, solo cediendo el control en un tercer acto que se alarga excesivamente y se pierde por momentos en su mitología. El desasosiego es la tónica general de una película que va aumentando los nervios estallando en arrebatos lisérgicos y culminando exabruptos de violencia gráfica y gore que dejan en shock. Las escenas más explícitas, si bien no son muy abundantes, ponen a prueba los límites del espectador con truculentas imágenes que desafían a mantener la mirada en la pantalla.

En cuanto al reparto, unos excelentes Florence Pugh (Lady Macbeth) y Jack Reynor (Sing Street) encabezan un grupo de jóvenes talentos (Will Poulter, William Jackson Harper, Vilhelm Blomgren) que se entregan al cien por cien a la locura de la historia. Pugh nos regala una de las interpretaciones más fascinantes de la temporada y Reynor una de las más osadas. Mientras, Aster realiza un trabajo notable caracterizando a los personajes y desplegando sus conflictos de manera que la tensión que ya existe entre ellos sirve para magnificar el suspense que recorre todo el film. Midsommar ha sido nombrada por muchos “la mejor película de ruptura de la historia”, a lo que se podría añadir “la mejor película sobre hacer una tesis de la historia”. Ambos títulos llevan algo de guasa (no en vano, la película tiene abundantes toques de humor absurdo), pero también sirven para dar fe de las múltiples capas que componen una obra que es mucho más de lo que aparenta.

Midsommar es la constatación de que Aster no es flor de un día (nunca mejor dicho). Su dominio y seguridad siendo esta su segunda película es asombroso, y su talento para la atmósfera y la composición, unido a la impecable fotografía de Pawel Pogorzelski y la magnífica banda sonora de The Haxan Cloak, da lugar a una experiencia envolvente y visualmente exquisita. La película está repleta de planos para enmarcar, encuadres creativos e inteligentes, y una belleza que no hace sino acentuar la desazón y el delirio en el que nos acaba sumiendo. Extraña, macabra, visceral, traumática, está claro que Midsommar no es una película para todos los públicos, sino que está en su naturaleza dividir. Sus escenas pueden estomagar, su duración puede pasar factura y el excentricismo perverso de Aster puede atragantarse. Pero si uno entra en su cegadora y alucinógena propuesta, obtendrá en recompensa un viaje cinematográfico imposible de olvidar.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

El Rey León: Mismo animal, piel nueva

Hay pocas cosas seguras en esta vida y una de ellas es que El Rey León es una de las mejores películas de animación de la historia. Otra sería que, tarde o temprano, Disney le haría un remake. Justo cuando se cumplen 25 años del estreno del clásico original, el estudio presenta su nueva versión, un espectáculo enteramente digital dirigido por Jon Favreau, quien hace tres años ya se enfrentase al reto de dar vida a animales realistas parlantes con El Libro de la Selva

Sin embargo, en esta ocasión, Favreau y Disney no han llevado a cabo una relectura como sí hicieron con el clásico de los 60 (cuyo escuálido guion tuvieron que modificar y ampliar necesariamente), sino que han optado por mantenerse lo más fiel posible a la original. Y es que si algo no está roto, no lo arregles, debieron pensar. El Rey León es una de las películas de Disney más queridas y está grabada a fuego en la memoria colectiva, así que, teniendo en cuenta que el público por lo general prefiere las adaptaciones literales, estaba claro que esa era la senda a seguir con este remake. Pero, ¿tiene sentido hacer la misma película otra vez?

La nueva versión de El Rey León es prácticamente una reproducción plano a plano de la original, un ejercicio de duplicación similar al Psycho de Gus Van Sant, solo que en este caso, el público sí tiene interés en verlo. Desde el sol que amanece sobre la sabana al compás de los míticos cantos tribales africanos hasta la última escena en la Roca de la manada, Favreau ha calcado las icónicas imágenes del film de Roger Allers y Rob Minkoff, respetando además su estructura narrativa, su ritmo, sus diálogos, su score (que el propio Hans Zimmer revisiona) y sus canciones, con la principal diferencia de que está realizada en imagen digital fotorrealista, lo que le confiere un aspecto de documental de naturaleza de National Geographic.

Aunque no asume ningún riesgo, sí hay pequeños cambios y novedades que se añaden de forma orgánica y en ningún caso modifican la trama o la esencia de los personajes que conocemos desde los 90. Por ejemplo, algunos diálogos se amplían, sobre todo los de Timón y Pumba, que protagonizan los momentos más divertidos (y más meta) del film; y cómo no, hay una nueva canción cuyo único propósito es competir en los Oscar, ‘Spirit’, interpretada por Beyoncé durante una escena de transición que en el clásico original no contenía diálogo, por lo que en ese caso realmente tampoco cambia nada. Por lo demás, se apoya en todo momento en la original, hasta el punto de que uno puede recitarla.

Las diferencias más sustanciosas tienen lugar durante los números musicales, que, a excepción de ‘El ciclo de la vida’, que es exactamente igual, pierden ese toque mágico y simbólico de la animación tradicional para ajustarse al realismo que condiciona, y en gran medida, constriñe a la película. ‘Yo voy a ser el rey león’ funciona, porque encuentra la manera de respetar el número original sin cambiar la animación y ‘Hakuna Matata’ cumple su cometido gracias sobre todo al humor que brindan Timón y Pumba. Pero ‘Preparaos’ o ‘Es la noche del amor’ se quedan escasas, a pesar de contar con excelentes actualizaciones (producidas por Pharrell Williams) que insuflan nueva vida a los temazos inmortales de Tim Rice Elton John que nos sabemos de memoria.

En este sentido, uno de los mayores aciertos de la película es su impresionante reparto original, a cada cual más perfecto para su personaje. El cálido juego de voces de Donald Glover y Beyoncé como Simba y Nala es exquisito, Billy Eichner y Seth Rogen se mimetizan por completo con los tronchantes Timón y Pumba (risas garantizadas con ellos), el presentador John Oliver borda a Zazú, Chiwetel Ejiofor ofrece un auténtico recital dramático con Scar, haciendo más que justicia a uno de los mejores villanos del cine, y James Earl Jones repite como Mufasa, para gozo nostálgico de los que prefieran la versión original (los que la vean doblada no podrán evitar echar de menos a Constantino Romero).

No obstante, el buen hacer de su reparto no hace sino subrayar el principal problema de la película, que la riqueza en matices de sus interpretaciones se ve lastrada por la necesidad de mantener el realismo en la representación de los animales. Es decir, lo que transmiten las voces no se ve reflejado en los rostros inexpresivos de los leones, lo que hace que el remake caiga a menudo en el valle inquietante y, por tanto, pueda provocar desconexión emocional. Por muy mono que sea Simba (y lo es, mucho), si no vemos en su semblante el mismo dolor y miedo ante la muerte de su padre que vimos en su análogo 2D, es muy difícil emocionarse como lo hicimos entonces.

No cabe duda de que El Rey León es una gran proeza técnica y un espectáculo visual y sonoro increíble. El remake lleva la animación CGI a un nuevo nivel, con imágenes preciosas y un detallismo completamente apabullante. Pero a la vez que nos asombra con sus avances y la verosimilitud de sus personajes digitales, pone de manifiesto las limitaciones dramáticas de la técnica fotorrealista aplicada a los animales y, como consecuencia, acaba resultando más fría de lo que debería. Al final, es lo mismo, pero no es lo mismo. Está todo, pero falta algo. Parece real, pero cuesta encontrar el alma.

El Rey León halla su razón de ser en su naturaleza de experimento técnico y ejercicio nostálgico. Se trata de una historia que ya se ha contado más de una vez, que de hecho se cuenta una y otra vez en formato musical en varias ciudades del mundo con enorme éxito, y que ahora se vuelve a contar en el cine, tanto para las nuevas generaciones como para los que crecieron con el clásico de dibujos. Al margen de lo señalado, no se le puede reprochar mucho más al remake, porque es prácticamente la misma película. Es la misma obra maestra, con piel nueva, una que luce muy bien pero no arropa tanto. Por supuesto que podemos cuestionar la necesidad que había de hacerla, pero las cifras de taquilla nos darán la respuesta. Era inevitable, así es el ciclo de la vida.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Annabelle vuelve a casa: Niñeras contra las fuerzas del mal

El terror es uno de los géneros más lucrativos del cine, y Warner Bros. bien lo sabe. Con Expediente Warren (The Conjuring), el estudio vio un filón irresistible y empezó a desarrollar lo que a día de hoy ya es un universo cinematográfico propiamente dicho. La película de James Wan aportó el nexo de unión entre las próximas entregas: el matrimonio de investigadores de lo paranormal Ed y Lorraine Warren. A partir de ahí, la historia continuó en la secuela El caso Enfield y los spin-offs centrados en la muñeca Annabelle y el demonio Valak, más conocido como La Monja. El éxito de todas estas películas es incontestable y demuestra que el terror comercial vive una de sus mayores épocas de esplendor.

La nueva película del Warrenverso se centra por tercera vez en la muñeca diabólica, pero en esta ocasión no está sola. Annabelle vuelve a casa (Annabelle Comes Home) cuenta cómo los Warren, decididos a evitar que esta siga sembrando el terror, la llevan a la sala de objetos malditos que se encuentra en el sótano de su casa, donde la guardan en una vitrina sagrada que ha sido bendecida por un sacerdote. Los Warren deben pasar unos días fuera y dejan a su niñera de confianza, Mary Ellen (Madison Iseman), al cuidado de su hija de diez años, Judy (McKenna Grace). Todo transcurre con relativa normalidad hasta la llegada de Daniela (Katie Sarife), problemática amiga de Mary Ellen, cuya insana curiosidad por la misteriosa sala de los objetos de los Warren acaba liberando de nuevo a la muñeca poseída, despertando a su vez al resto de espíritus malignos de la habitación.

El listón de la saga Annabelle estaba más bien bajo, por lo que no era del todo difícil superar lo visto hasta ahora. Si Annabelle: Creation mejoraba ligeramente la terrible primera película, Annabelle vuelve a casa supone un salto de calidad considerable con respecto a sus dos antecesoras. Para empezar, la presencia de Vera Farmiga y Patrick Wilson, aunque breve, eleva la película y nos deja en su prólogo con una de las mejores escenas de toda la saga. Los Warren no tardan en ceder el protagonismo a la prometedora McKenna Grace, que encabeza un reparto adolescente con el que se rejuvenece la franquicia. Annabelle vuelve a casa transcurre en los 60, pero tiene ese inconfundible aroma a slasher de los 80 protagonizado por niñeras (Halloween); incluso puede recordar a las típicas aventuras juveniles de aquella década (Aventuras en la gran ciudad), resultando en una mezcla de lo más curiosa.

Gary Dauberman, guionista de It, La monja y las dos anteriores entregas de Annabelle, salta por primera vez a la dirección con Annabelle vuelve a casa (que también vuelve a escribir), y realiza un trabajo técnicamente notable tras las cámaras. Dauberman se aproxima al suspense con inteligencia y autoconsciencia, evitando la repetición con ingenio. No faltan los sustos traicioneros, los jumpscares de toda la vida, pero también se divierte jugando con los espacios y las expectativas del espectador, preparando sobresaltos que nunca llegan, con los que pone de manifiesto la importancia del preámbulo por encima incluso del susto en sí mismo. En este sentido, otro de los grandes aciertos de la película con respecto a las dos anteriores es su sentido del humorAnnabelle vuelve a casa tiene guiños cómplices a la audiencia y oportunos momentos de comedia que ayudan a aliviar la tensión y hacen a los personajes más humanos.

Esto ayuda a conectar más con ellos y que acompañarlos en la recta final sea aun más intenso. Dauberman se reserva lo mejor para un tercer acto de infarto en el que las emociones fuertes se suceden una detrás de otra. La muñeca es solo un pretexto para desplegar todo un ejército de criaturas y entes que hacen las veces de catálogo de futuros spin-offs del WarrenversoAnnabelle vuelve a casa es un festival de monstruos, cada uno con su propia leyenda a desarrollar, que nos dejan escalofriantes y creativas imágenes de terror y fantasía. Lejos de haberse agotado, la sala de los Warren nos demuestra que la saga está llena de posibilidades.

A Annabelle vuelve a casa, como a la mayoría de películas de terror de multicine, le falta riesgo y un poco de sangre  y al final no es nada que no hayamos visto ya muchas veces. Pero está por encima de la media gracias a un guion que es consciente de sus propios mecanismos y sabe cómo utilizarlos en su favor, un sentido del humor refrescante e incluso algunas dosis de ternura y romance que consiguen no desentonar. Terrorífica y divertida a partes igualesAnnabelle vuelve a casa es la prueba de que Warner ha conseguido dominar la fórmula del terror mainstream como Marvel ha hecho con la de los superhéroes.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Muñeco diabólico: Chucky 2.0

Un amigo fiel y tú lo sabes… El tiempo pasará, lo nuestro no morirá… lo vas a ver, es mejor saber… ¡que hay un a-mi-go en míiii! ¡hay un a-mi-gooo en míiii! (dum-dum) ¡Hay un amigo en mí… HASTA EL FINAL.

La vorágine de reboots, remakes y spin-offs en la que nos encontramos ha provocado que curiosamente nuestros juguetes favoritos se encuentren en la cartelera a varias décadas del estreno de sus películas originales. Puede que queramos mucho a Buzz, Woody y compañía, pero en una pelea por el amor nuestro Andy interior nos vamos con el más cabroncete de la panda… y es que Chucky es pa’ siempre. Quizá sea por acojone o no, porque no existe ser viviente nacido en las décadas de los ochenta y noventa que no haya crecido aterrorizado por ese muñecajo. Puede que no hayas visto ni la película de origen, ni mucho menos ninguna de sus seis secuelas, pero seguro que has tenido más de una pesadilla en la que el maldito pelirrojo te perseguía con un cuchillo. Treinta años después del estreno de la cinta original y sin el beneplácito de su creador, Don Mancini, llega a nuestras pantallas la nueva Muñeco diabólico (Child’s Play), remake dirigido por Lars Klevberg (cineasta noruego curtido en el mundo del cortometraje) bajo la enseña de los productores del remake de terror más exitoso de los últimos tiempos, It.

El mundo ha cambiado mucho desde finales de los ochenta, pero lo que no se ha modificado ni un ápice son los esperpénticos sueldos de los trabajadores del sector servicios. Una realidad que lleva a Karen (Aubrey Plaza, Ingrid Goes West) a gañanear una unidad defectuosa del antiguo modelo Buddi para así alegrar a su hijo Andy (Gabriel Bateman, Nunca apagues la luz). Ni que decir tiene que el juguete recién llegado no es otro que Chucky, un asesino en serie despiadado… pero esta realizad cuenta con un giro bastante diferente al original que no desvelaremos. Lo que podría haberse convertido en un remake al uso de la primera entrega de Tom Holland (Noche de miedo), se convierte en una sorprendente comedia perversa y negrísima sobre nuestra era hipertecnológica, repleta de guiños, pero con personalidad propia.

La química existente entre Bateman y la dupla formada por Beatrice Kitsos (proveniente de iZombie y la infravalorada El exorcista) y Ty Consiglio (El Pájaro Loco: La película), así como los gags más burros protagonizados por Marlon Kazadi (Supergirl), hacen que la película se eleve mucho más de lo esperado, recordando en muchos momentos al humor y al ritmo de la cinta de culto británica Attack the Block. El notable nivel de las escenas de los chavales (una divertida pandilla que deja patente que los productores de It están detrás del film), hace que la participación de Aubrey Plaza parezca un poco deslucida, quedando bastante relegada a un segundo plano y dedicándose únicamente a soltar de vez en cuando alguno de sus famosos weird-one-liners que nos llevan enamorando desde los tiempos de Parks and Recreation.

Pero este Muñeco diabólico no vive solo de las risas, sino que la atmósfera general de la película y especialmente las escenas de los crímenes son completamente aterradoras, sabiendo captar a la perfección la absurda casquería de la saga original… y todo gracias a nuestro viejo amigo Chucky. El pavor creado entre el respetable por las primeras imágenes promocionales del muñeco se disipa al instante gracias a la inteligencia de Klevberg y Tyler Burton Smith al saber aprovechar al máximo esa nueva cara extremadamente creepy y expresiva del nuevo muñeco. Todo un acierto esta diferenciación, que distancia a este Chucky 2019 de la copia y lo convierte en un pariente cercano más que digno.

Otro triunfo ha sido la elección de la nueva voz de Chucky. Si vas a cometer el sacrilegio de prescindir de Brad Dourif (la voz del muñeco diabólico en todas las entregas y actor que además hemos podido disfrutar en clásicos como Alguien voló sobre el nido del cuco, la saga de El Señor de los Anillos o Deadwood), hazlo con el mejor, y el mejor no es otro que Mark Hamill. ¿Quién nos iba a decir que el sosaina de Luke Skywalker se iba a convertir en uno de los mejores actores de doblaje de nuestros tiempos? Tras sus icónicos Joker en el universo animado de DC y Skips de ‘Historias corrientes’, Hamill realiza un verdadero recital como Chucky. La decisión de optar por un tono más atolondrado e inocente que el original es bastante arriesgada, pero gracias a la maestría del actor se convierte en una verdadera genialidad y en la mejor baza de la película.

‘Muñeco diabólico’ es una película muy gamberra que actualiza el mito de Chucky de forma ingeniosa y sin tomarse demasiado en serio, invitándonos continuamente a reírnos con ella de sí misma… aunque como siempre que Chucky anda por las proximidades, nos llevemos unos cuántos sustos por el camino.

David Lastra

Nota: ★★★½

Spider-Man – Lejos de casa: La gran aventura europea de Peter Parker

Los acontecimientos de Vengadores: Endgame restauraban el orden tras la devastación provocada por Thanos en Infinity War, pero el regreso a la normalidad conllevaba cambios importantes y varias pérdidas insondables en las filas de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Si Endgame fue el gran clímax de la Saga del Infinito, la Fase 3 de Marvel concluye oficialmente con Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far From Home), la segunda aventura en solitario del héroe arácnido interpretado por Tom Holland. Presentada como un epílogo a este ciclo de 10 años y 23 películas, la película lidia con esas consecuencias desde la perspectiva de nuestro héroe adolescente favorito.

Peter Parker necesita desesperadamente unas vacaciones. El joven héroe se enfrenta a la vida sin su mentor, Tony Stark (Robert Downey Jr.), figura esencial en el desarrollo de su identidad, y a las consecuencias del chasquido de Thanos en su vida diaria en el instituto: mientras unos compañeros desaparecieron y regresaron cinco años más tarde como el resto de desvanecidos, otros sobrevivieron y siguieron creciendo en este tiempo, provocando una importante brecha entre ellos. El mundo ha cambiado, y Peter siente la presión que esto conlleva en su rol como superhéroe, lo cual se suma a las preocupaciones que ya de por sí tiene cualquier chico de 16 años.

¿La mejor solución para desconectar? Un viaje de estudios. Peter, Ned (Jacob Batalon), MJ (Zendaya) y sus compañeros se embarcan en un tour de verano por Europa que los lleva a Venecia, Praga y Londres. Sin embargo, sus vacaciones serán interrumpidas por Nick Furia (Samuel L. Jackson), que le encomienda la misión de detener a los Elementales, monstruos formados por las principales fuerzas de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego) que están sembrando el caos en el viejo continente. Para ello contará con la ayuda de un extraño aliado, Mysterio (Jake Gyllenhaal), héroe proveniente de otra dimensión que lleva un tiempo siguiendo la pista a las misteriosas criaturas. Y al propio Peter Parker.

Lejos de casa continúa el tono más ligero y el enfoque juvenil de Spider-Man: Homecoming, pero se vuelve más ambiciosa y eleva considerablemente la escala de la franquicia con más acción, una gran amenaza global y un importante conflicto personal para Spider-Man que impulsa su maduración como superhéroe. Si en Homecoming, Peter era nuestro amigo y vecino Spider-Man, ocupándose de malhechores callejeros y villanos más humanos, en Lejos de casa se ve obligado a actuar como un Vengador para acabar con un peligro mayor. El reto que plantean los Elementales le llevará a salir de la sombra de Iron Man para tratar de averiguar quién es sin él (¿Es él el nuevo Iron Man que el mundo necesita desesperadamente?). Eso sí, a pesar de habernos dejado, la presencia de Tony se hará sentir a lo largo de toda la aventura europea de Peter, gracias a la tecnología que este le dejó en herencia, y a la huella que imprimió en el como figura paterna.

Jon Watts, director de Homecoming, repite en Lejos de casa, realizando un buen trabajo a la hora de hilar tramas nuevas y antiguas y disponer las capas de humor, acción, desarrollo de personajes, y también romance. Hay momentos en los que se le va un poco de las manos y puede provocar confusión (pasan tantas cosas que es inevitable), pero por lo general, supera el desafío con nota. Es difícil analizar lo que ocurre en la película sin desvelar datos importantes sobre el argumento, pero es mejor así. Lejos de casa es una de las películas con más giros y sorpresas de Marvel, y destapar los secretos antes de tiempo arruinaría la experiencia. Digamos simplemente que lo que ocurre en el film y en sus dos impactantes escenas post-créditos conlleva importantes implicaciones para el futuro de la franquicia del Trepamuros, y del UCM en general.

De lo que sí podemos hablar abiertamente es del reparto. Holland vuelve a bordar el personaje, confirmando una vez más que nació para interpretarlo. El actor británico ES Peter Parker. Su compromiso y entusiasmo saltan a la vista en cada uno de los planos en los que aparece, dotando a la película de sinceridad, encanto y humanidad. Por otro lado, Zendaya adquiere mayor protagonismo, dejándonos conocer mejor a su MJ (aunque todavía nos queda mucho por saber sobre ella) y desarrollando con Peter la relación más adorable de Marvel. Su indudable química es de lo mejor de un film que no tiene miedo a entregarse con los brazos abiertos al amor (en una saga que no suele hacerlo mucho), recordándonos que estamos viendo una película de Spider-Man, y también una de instituto.

También hay que mencionar al reparto secundario juvenil, “repetidores” (Jacob Batalon, Angourie Rice, Tony Revolori) y novatos (incluido el primer actor transgénero del Universo Marvel, Zach Barack), que forman un simpático plantel adolescente con el que se refleja la diversidad étnica y cultural de los institutos de hoy en día. En el frente adulto debemos destacar de nuevo a Marisa Tomei como Tía May, aunque su participación vuelve a saber a muy poco, y la aparición de Samuel L. Jackson y Cobie Smulders como Nick Furia y Maria Hill, ejerciendo como nexo entre Spidey y los Vengadores. Por último, Jake Gyllenhaal como Mysterio se convierte en la atracción principal de Lejos de casa, con permiso del Trepamuros. El actor, al que Marvel llevaba mucho tiempo rondando, ha encontrado el papel perfecto para él. Gyllenhaal está simplemente sensacional, construyendo en Mysterio uno de los personajes más sorprendentes y fascinantes del UCM.

Aunque a la película le cuesta un poco arrancar, cuando lo hace, llega a lo más alto y no baja. Lejos de casa es divertidísima, emocionante, inteligente, romántica, fresca y visualmente vibrante. Watts eleva considerablemente el listón de Homecoming con secuencias de acción espectaculares y de lo más imaginativo, que parecen salidas directamente de las páginas del cómic. Su detallismo a la hora de diseñar el aspecto del film y orquestar la acción se salda con set pieces muy vistosos (gracias en parte a haber rodado en localizaciones europeas reales) e imágenes llenas de información y guiños. Todo esto, sumado a los giros que cambian lo que creíamos saber (algunos arriesgados y potencialmente polémicos), hace que el valor de revisionado se dispare por encima de lo habitual. Es decir, para verla completa, hace falta verla dos veces. De hecho, es una de esas películas que te dejan con la necesidad de repetir, pero también de saber qué pasará a continuación. Aunque ya hemos visto a Holland encarnando al personaje en cinco ocasiones, el viaje de Peter no ha hecho más que empezar y Lejos de casa prueba que el futuro es suyo.

Pedro J. García

Nota: 🕷️🕷️🕷️🕷️

Crítica: Toy Story 4

Entonces, Andy regaló todos sus juguetes a Bonnie, marcando así el final de una era, tanto para él, que se marchaba a la universidad dispuesto a empezar su vida como adulto, como para los espectadores, que habíamos crecido con él. “Adiós, vaquero”. Así se despedía su muñeco favorito, Woody, con quien había compartido los recuerdos más dichosos de su infancia. Había llegado el momento de pasar página y hacer feliz a otro niño. Fin.

O no.

Para todo el mundo, Toy Story 3 era el final definitivo de la exitosa e influyente saga animada de Pixar. La tercera entrega cerraba la historia de manera tan emotiva y transcendental, que los espectadores nos quedamos satisfechos si, como Andy, esa era la última vez que veríamos a Woody, Buzz y compañía. Pero en Disney decidieron que quedaba (al menos) una historia que contar con estos personajes. Por eso, nueve años después de deshidratarnos con la escena del incinerador y el final de Toy Story 3, llega Toy Story 4. No la pedimos, pero está aquí, así que saquemos lo mejor de ella.

Tras el cierre de la trilogía original, quedaba una gran incógnita por resolver: ¿Qué fue de Bo Peep? La pastorcita no estuvo presente en la tercera película, y Woody nos dio a entender que se había extraviado. En Toy Story 4 descubrimos la verdad sobre su paradero. Pero la historia no comienza con ella, sino con Forky, el nuevo juguete de Bonnie, creado por ella misma con un tenedor-cuchara, un alambre, un poco de plastilina y unos ojos de pegatina. Cuando Forky cobra vida, este está convencido de ser basura, y corresponde a Woody y los demás enseñarle que en realidad es un juguete. Y no solo eso, sino que es el más importante para Bonnie en un difícil momento de cambio para ella: el inicio de la escuela. Un viaje en carretera los llevará a una nueva aventura en la que tanto Forky como Woody aprenderán cuál es su lugar en el mundo.

Era un reto muy complicado continuar la saga después de un broche de oro como Toy Story 3 y hacerle justicia, pero Pixar lo ha vuelto a hacer. No había motivos para dudar de ellos. Toy Story 4 es una secuela digna, si bien algo diferente a la trilogía original, incluso más extraña y atrevida. Josh Cooley (¿La primera cita de Riley?) dirige esta nueva odisea de acción en la que Woody cobra casi absoluto protagonismo, llevando las riendas (pun intended) de una historia que nos lleva hasta una feria y una tienda de antigüedades, dos nuevas localizaciones rebosantes de posibilidades para la franquicia. Allí es donde conocemos a los nuevos personajes de la saga, un variopinto plantel de juguetes que incluye a la villana Gabby Gabby (una muñeca antigua con defecto de fábrica a la que pone voz Christina Hendricks) y sus marionetas de ventrílocuo, los peluches de tómbola Bunny y Ducky (Jordan Peele y Keegan-Michael Key), y el desastroso motorista, y para muchos robaescenas, Duke Caboom (Keanu Reeves).

Estos fichajes insuflan nueva vida a la saga, eso sí, a costa de desplazar a un segundo plano a casi todos los juguetes de Bonnie, incluido Buzz Lightyear. Todos ellos desempeñan una función instrumental en la película, pero el guion se centra en Woody, Bo, Forky y los nuevos personajes. La sensación es rara, pero necesaria. Como adelantaba, Toy Story 4 es algo distinto, no es una continuación, sino un epílogo, una aventura en mundo abierto que, utilizando las mismas herramientas, explora nuevo terreno y pone a prueba hasta dónde puede llegar la saga y sus protagonistas. Como las anteriores películas, Toy Story 4 no tiene miedo de abrazar por completo las emociones, incluido el miedo (la película tiene un par de pasajes bastante siniestros), y tomar decisiones sorprendentes, y eso es lo que hace que merezca la pena.

La parte central de Toy Story 4, que se desarrolla como un tour de force de enredos y acción, recuerda demasiado a la tercera parte, y también al esquema del rescate disparatado de Buscando a Dory, con momentos muy divertidos y una Bo Peep modernizada que es de lo mejor de la película. Pero salvando eso, en general tiene un nudo poco memorable. Son el primer y el último acto los que hacen que la cinta se eleve hasta el infinito y más allá. El primero, contra todo pronóstico, por la trama de Forky, un personaje mucho más interesante de lo que anticipábamos, que enfatiza el corazón y el componente existencialista que siempre ha caracterizado a esta historia. El segundo porque nos deja otro clímax de desbordante emotividad y una resolución impactante y muy valiente que se asegura un lugar privilegiado en nuestra memoria.

Pixar se supera técnicamente con cada película, y Toy Story 4, no es excepción. Su factura visual y sonora es asombrosa (impresionantes las texturas y la iluminación, y magnífica una vez más la música de Randy Newman, con nuevas canciones y un uso excelente del score), pero lo mejor sigue siendo el dominio que tiene de la historia que está contando y la madurez que ha alcanzado con ella. Toy Story nos habla de la constante búsqueda de propósito, la lealtad y la necesidad de arriesgar para encontrar nuestro sitio en la vida. ¿Quién nos iba a decir que una saga sobre juguetes nos iba a enseñar tanto sobre nosotros mismos?

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Gozdilla – Rey de los monstruos

Con el Universo DC en pleno proceso de reestructuración, Expediente Warren generando spin-offs a cada cual más taquillero y Animales Fantásticos intentando replicar el éxito de Harry PotterWarner Bros. sigue apostando por los universos extendidos, como casi todos los grandes estudios de Hollywood. Hace cinco años, Godzilla puso los primeros cimientos de una saga que aunaría bajo el mismo cielo (encapotado y electrificado) a los grandes monstruos de la mitología audiovisual, como el famoso kaiju o el mítico King Kong. El rey de los monos protagonizó en 2017 la nada desdeñable Kong: La Isla Calavera, y ahora le vuelve a tocar el turno a Godzilla, que regresa en Godzilla: Rey de los monstruos (Godzilla: King of the Monsters), tercera entrega de este MonsterVerse.

Michael Dougherty (Krampus, maldita Navidad) dirige este gigantesco blockbuster que retoma la acción cinco años después de la destrucción ocasionada por Godzilla en la primera película, mostrándonos las consecuencias no solo en la Tierra, sino también en una familia que sufrió una trágica pérdida. La organización Monarch continúa estudiando a los monstruos que se encuentran ocultos hibernando en todo el mundo e intenta contenerlos para evitar una catástrofe mayor. Sin embargo, un grupo de ecoterroristas tratará de liberar a las bestias para restaurar el orden natural del planeta, para lo que secuestrarán a la doctora Emma Russell (Vera Farmiga), creadora de un sónar para comunicarse con ellas, y su hija Madison (Millie Bobby Brown). Godzilla regresa de su escondite bajo el mar para enfrentarse a criaturas que se creía que eran solo mitos, como Mothra, Rodan y el rey de tres cabezas Ghidorah, con los que luchará por la supremacía en una batalla que dejará a la humanidad al borde de la extinción.

Una de las quejas que suele lastrar al cine de monstruos es que estos tardan demasiado en aparecer, o que el drama de los personajes humanos los eclipsa hasta el aburrimiento. En este caso, Warner se ha asegurado de que esto no ocurra. En Godzilla: Rey de los monstruos, los titanes aparecen muy pronto y aparecen mucho. La historia de la familia fragmentada que forman Kyle Chandler, Vera Farmiga y Millie Bobby Brown aporta el hilo conductor y el conflicto central de la película (los monstruos como depredadores o como defensores de la humanidad), pero son las superespecies las que se llevan todo el protagonismo en un sinfín de escenas de acción y devastación. De esta manera, el film ofrece lo que se debería esperar de un espectáculo cinematográfico estival como este, lo que los fans del cine de monstruos suelen pedir (y absurdamente no siempre se les da).

Claro que, precisamente por esto, la película puede resultar excesiva y agotadora para los menos predispuestos. Las secuencias de destrucción y las peleas entre los titanes ocupan gran parte del metraje, y sobre todo en la recta final se vuelven completamente desbordantes y abrumadoras. A pesar de que hay momentos en los que es imposible distinguir qué está ocurriendo en la pantalla y las criaturas digitales no son siempre convincentes (Ghidorah es impresionante, pero Mothra de cerca parece hecha a finales de los 90), la película sobresale en el aspecto técnico y visual, con un acabado general muy sólido. Las batallas entre monstruos son de una épica incontestable y los titanes protagonizan planos de auténtica belleza, destellos de ambición creativa y artística que elevan la película por encima de la típica superproducción de usar y tirar.

La trama, que fusiona los mitos con un mensaje ecológico, es todo lo absurda, confusa y llena de clichés que cabe esperar de una película sobre monstruos míticos del tamaño de rascacielos (no hay que buscarles demasiada lógica, porque no se va a encontrar), pero al menos consigue divertir y mantener el interés, cosa que no se puede decir de la primera entrega, dirigida por Gareth Edwards. El humor no siempre se utiliza con acierto, pero sirve su propósito como alivio de la acción, y los actores hacen el mejor trabajo que se puede pedir de una producción de estas características (Chandler, Farmiga y Brown demuestran que su talento no se enciende o apaga según el proyecto en el que estén). En definitiva, Godzilla: Rey de los monstruos es un espectáculo digno, una película grande y complaciente, que da a su público objetivo todo lo que desea, y más.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Men In Black: International – Reinicio para las nuevas generaciones

La obsesión de los 90 por los extraterrestres culminó en el éxito de Men in Black en cines. La película protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones recaudó casi 600 millones de dólares en taquilla en 1997, impresionante cifra que dio a Sony una de sus franquicias más rentables y reafirmó el status de Smith como una de las mayores estrellas de Hollywood. La película generó dos secuelas, una en 2002 y otra una década más tarde, en 2012, siendo MIB3 la más taquillera a nivel mundial de la saga (624 millones).

En la era de la nostalgia, era cuestión de tiempo que los Hombres de Negro hicieran un comeback, como tantos otros iconos de los 80 y los 90. Pero en lugar de realizar una secuela directa con sus protagonistas originales (que seguramente no recibieron la oferta suficiente), Sony ha decidido pulsar el botón de reset y darle a la saga un lavado de cara con Men in Black: International, continuación/spin-off con nuevos personajes. Barry Sonnenfeld, que dirigió la trilogía original, cede la batuta a F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), quien dirige un renovado reparto encabezado por Chris HemsworthTessa Thompson y el omnipresente Liam Neeson.

Men in Black se convierte en Men and Women in Black (no oficialmente, aunque sí a través de chistes y diálogos con voluntad modernizadora) con la incorporación de Thompson, cuyo personaje proporciona el hilo conductor de la historia. La Agente M ha conseguido fichar por MIB después de muchos años intentando confirmar su existencia. Su obsesión por la organización secreta viene desde la infancia, cuando experimentó un contacto alienígena que los Hombres de Negro no borraron de su memoria con el neuralizador. Ahora, la novata debe demostrar que tiene lo que hace falta para formar parte de MIB, para lo que se embarcará en una peligrosa misión alrededor del mundo junto al arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

En lugar de caer en la reproducción nostálgica, la nueva Men in Black opta por renovarse casi por completo, presentándose como un nuevo comienzo que transcurre en el mismo universo y lo expande. Esta película no es un regalo a los fans de la trilogía original, sino una actualización dirigida a las nuevas generaciones. De ahí que no haya mucha continuidad con las anteriores entregas, que no hace falta haber visto para ver esta. Hay guiños que la conectan con las películas de Smith y Jones, y la (breve, pero como siempre fabulosa) presencia de Emma Thompson, que regresa como la Agente O, también sirve como enlace, pero por lo general, MIB: International es un reinicio, también en tono y espíritu. Algo que, sin duda, no casará bien con los más puristas, que echarán de menos a sus protagonistas originales.

MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que, idealmente, no se le debería exigir demasiado. Es cierto que la historia es muy predecible y formulaica, pero funciona, sobre todo gracias a sus dos protagonistas, y en especial a una fantástica Thompson, que es con diferencia lo mejor de la película. Su química con Hemsworth (con quien repite después de Thor: Ragnarok) es evidente, y juntos forman un dúo muy divertido y compenetrado (y bueno, qué bien les queda el traje). Lo único que falla en esta pareja es cierta tendencia al humor rancio a la hora de manejar su tensión sexual no resuelta. El flirteo no hace daño, pero los chistes sobre lo buena que está una o lo mujeriego que es el otro anulan momentáneamente el progreso que supone tener a una mujer como protagonista en una saga eminentemente masculina. Si hay algo propio de los 90 que no hacía falta recuperar era eso.

Por lo demás, MIB: International es mejor de lo que parece. Como cabe esperar de la saga, la acción es explosiva y los aliens muy imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín, extraterrestre de bolsillo que corría el riesgo de convertirse en la típica mascota irritante y sobreexplotada, pero acaba haciéndose querer y dejándonos algunas de las mejores frases del film, gracias al excelente trabajo de voz de Kumail Nanjiani. En general, estamos ante una MIB nueva, orientada sobre todo al público más joven (insisto, no es un producto diseñado para treintañeros nostálgicos), una aventura convencional pero eficaz, con dos protagonistas que claramente se lo están pasando en grande, y nos piden que nos soltemos para divertirnos con ellos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

X-Men – Fénix Oscura: Mutantes y sin ganas

El cine de superhéroes actual le debe mucho a la Patrulla-X. Se puede decir que junto al Spider-Man de Sam Raimi, X-Men (2000) inauguró la época moderna del género, llevando a los personajes del cómic a la cultura mainstream con blockbusters cada vez más grandes y de mayor éxito. Con el auge del Universo Cinematográfico Marvel a partir de 2008, los mutantes quedaron desplazados a un segundo plano, y aunque lucharon por mantenerse vigentes con propuestas renovadoras e incluso rompedoras (X-Men: Días del futuro pasadoDeadpoolLogan), acabaron desvaneciéndose poco a poco.

La compra de Fox por parte de Disney clavaba el último clavo en el ataúd de los X-Men actuales. Si el pobre recibimiento de X-Men: Apocalipsis ya había hecho mella en la Patrulla-X, saber que los mutantes “volverían a casa” y tendrían un reinicio dentro del MCU (similar a lo que ocurrió con Spider-Man), hacía que la actual iteración de los X-Men perdiera interés para la audiencia. La nueva (y con toda seguridad última) entrega de la franquicia, X-Men: Fénix Oscura (Dark Phoenix), en la que el productor Simon Kinberg salta a la dirección sustituyendo al denostado Bryan Singer, llega precedida de los ya clásicos problemas tras las cámaras: rumores de dificultades creativas, reshoots, retrasos en el estreno…

Y teniendo esto en cuenta, Fénix Oscura no es un desastre (no estamos hablando de la vapuleada X-Men orígenes: Lobezno o la debacle de Cuatro Fantásticos). De hecho, es una película aceptable. Sin embargo, cuesta involucrarse con ella, y no nos da muchos motivos para hacerlo. Para empezar, porque nos cuenta una historia que la misma saga ya nos había contado en X-Men: La decisión final con Famke Janssen: la de Jean Grey yéndose al lado oscuro al ser incapaz de controlar sus enormes poderes. En esta ocasión, es Sophie Turner (nuestra reina del Norte Sansa Stark en Juego de Tronos) la que se vuelve a poner en la piel de Fénix después de debutar en Apocalipsis. Y bueno, a estas alturas, lo de cuestionar la línea temporal de la saga que comenzó hace 19 años ya no tiene sentido.

La película gira en torno a su transformación en Fénix Oscura, pero también lidia con el estado de la Patrulla-X en los 90, durante una época de tregua con los humanos en la que Magneto (Michael Fassbender) se encuentra exiliado y los mutantes de Charles Xavier (James McAvoy) trabajan codo con codo con el gobierno. Pero como suele ocurrir en X-Men, la línea entre héroe y villano es muy delgada, y Xavier debe esforzarse por que sus pupilos controlen sus “dones” y sigan las normas, aunque provoque más de un cisma en sus filas. La llegada de una villana alienígena llamada Vuk (Jessica Chastain), interesada en los poderes de Jean Grey, provocará una guerra entre especies y pondrá a prueba los vínculos entre los mutantes de Xavier.

Fénix Oscura es una película de superhéroes correcta, pero su principal problema es que no aporta nada. Después de casi dos décadas, Kinberg no tiene nada nuevo que decir sobre los mutantes, así que se limita a repetir las mismas reflexiones sobre el miedo a la diferencia, la naturaleza del héroe y el villano o la idea de la Patrulla-X como una familia creada. Los diálogos son más bien genéricos, los efectos y el maquillaje bajan el listón y la trama tarda bastante en arrancar, desperdiciando el potencial de muchos mutantes mientras se centra en los mismos de siempre. Turner, por su parte, es una actriz competente, pero llevar casi todo el peso de la película le viene muy grande y no logra transmitir la gravedad y profundidad de la icónica saga de Marvel.

En cuanto a los demás, James McAvoy y Michael Fassbender siguen empleándose a fondo como intérpretes (más de lo que la franquicia les exige en este punto), mientras que Jennifer Lawrence continúa poniéndose a sí misma por encima de la película, haciendo que el devenir de su personaje quede supeditado a sus deseos como actriz (el arco de Raven/Mística indignará a los fans, y con razón). Por otro lado, Jessica Chastain hace todo lo que puede con su personaje, pero se convierte en otro talentazo de Hollywood malgastado en una villana poco desarrollada.

Finalmente, personajes como Cíclope (Ty Sheridan), Tormenta (Alexandra Shipp), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) o Quicksilver (Evan Peters) quedan muy en segundo plano y aportan más bien poco a la historia, desaprovechando el potencial cómico de la generación mutante más joven. Por lo general, Fénix Oscura es una película casi totalmente desprovista de humor (de hecho, no parece que ningún actor se lo pasara bien haciéndola). No es que le pidamos que sea una comedia como la mayoría de Marvel Studios, pero le habría venido bien para respirar un poco.

En su tercer acto la película mejora considerablemente (y paradójicamente, porque en teoría es el que dio más quebraderos de cabeza). La trama, llena de momentos sobreexplicativos y conflictos que provocan déjà vu, da paso a una impresionante secuencia en tren que nada tiene que ver con los combates pobremente ejecutados que hemos visto hasta ese momento (Kinberg falla como director de acción, y siendo los X-Men, tiene delito). El intenso clímax unifica una película de ritmo irregular, pero narrativamente más coherente y centrada de lo que se esperaba, haciendo que esta termine en lo alto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la saga, que merecía mayor reconocimiento del que le dejan sus dos últimas entregas. Fénix Oscura no fue concebida como un final, sino como un nuevo comienzo, por lo que este desenlace a 19 años de X-Men resulta inevitablemente anticlimático para una franquicia que quería seguir a pesar de no tener nada más que decir.

Pedro J. García

Nota: ★★★